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El Festival de Otoño arranca con Una casa en la montaña de Albert Boronat en el Círculo de Bellas Artes

El Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid reunirá en su 41ª edición a grandes nombres de la escena nacional e internacional. Esta nueva edición se desarrollará entre los días 9 y 26 de noviembre, recibiendo a un total de 38 compañías y artistas. La programación del festival se desarrollará en 13 espacios de Madrid capital y en otros 15 del resto de la región, con la colaboración de la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid.
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El Festival de Otoño apuesta por la creación híbrida vuelve a ser rasgo distintivo de la gran cita anual con las artes escénicas, que dirige Alberto Conejero por cuarto año consecutivo y que cuenta con un cartel de cuya imagen es autor el fotógrafo Chema Madoz. Superada la frontera psicológica de las 40 ediciones, el Festival de Otoño mira al futuro en una cuadragésimo primera edición que aglutina lo mejor de su tradición con la escucha atenta del presente escénico, asumiendo que su identidad pasa por respetar su propia historia sin dejar de ambicionar ser reflejo de una actualidad artística donde lo híbrido es cada vez más la norma, donde generaciones y estilos distintos conviven y se enriquecen mutuamente. Este gran acontecimiento escénico no esconde su compromiso con el cuidado de esos nuevos caminos de la creación que rompen con las taxonomías de toda la vida y no le teme a la relación horizontal y la retroalimentación entre los consagrados y los emergentes. “Un Festival de Otoño con un enorme anhelo de emoción y reflexión y con una programación heterogénea, como los poemas que configuran un poemario o las teselas de un mosaico, todas distintas para formar una gran experiencia”, en palabras del propio Conejero.

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En definitiva, esta 41ª edición del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid tiene la vocación de dialogar con el mundo de hoy, con las grandes historias del presente, con todas sus contradicciones y con todas sus virtudes, con sus declinaciones políticas, éticas y estéticas, pero también lúdicas y emotivas. Ahí están las relaciones entre creador y poder, allí las amenazas climáticas, más allá la insubordinación de los lenguajes, la convivencia sin jerarquías entre cuerpo, palabra y audiovisual, en una suerte de feliz indisciplina, que es lo mínimo que podemos exigirle a unas artes escénicas que se reinventan sin parar. “Porque el Festival de Otoño -ha asegurado Alberto Conejero -acoge la diferencia, la celebra y la hace propia. Somos lo que nos sorprende. Somos también aquello que aún no entendemos, pero sentimos como propio”.

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El Círculo de Bellas Artes acogerá la singular propuesta escrita y dirigida por Albert Boronat, Una casa en la montaña. Se trata de la reunión de 20 espectadores y dos actores (más el propio Boronat) en torno a una mesa para comer, beber y disfrutar juntos de la esencia del arte teatral: el relato de historias.

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Una casa en la montaña, Albert Boronat, Cataluña, 2023, 1h 15 min ⁅castellano

La afición teatrera madrileña recordará un montaje que dio que hablar en su momento, a pequeña escala, hace 12 años. Su título era Vamos a por Guti y estuvo en la carabanchelera sala Tarambana. Era la presentación en Madrid de Projecte NISU, colectivo catalán donde Albert Boronat ejercía de autor. Uno de los actores de aquella obra, Sergi Torrecilla, vuelve junto a Boronat en esta otra perla que nos trae ahora al Festival de Otoño. Boronat lleva unos años en entente cordial y creativa con Andrés Lima, facturando tremendos éxitos como las dos partes de Shock o Prostitución. Esto que presenta aquí, sin embargo, no tiene esa factura tan espectacular, va más allá de lo que llamamos pequeño formato. Es un formato íntimo más bien. Si al leer los nombres de Boronat y Torrecilla juntos nos acordábamos de Vamos a por Guti, al ver la propuesta que hay detrás de Una casa en la montaña volvemos un par de lustros atrás para revivir aquella explosión de teatro íntimo que tuvo lugar en Madrid con lo que aportaron espacios como La casa de la portera o La trastienda.

Pero hablemos del presente y demos sentido a todo este ejercicio nostálgico. Una casa en la montaña es, básicamente, un encuentro. Un encuentro entre un dramaturgo-director (Boronat), dos actores (Torrecilla y Javier Beltrán) y 20 personas que conforman un público, aunque más bien podría considerarse un grupo de invitados que se reúnen en una mesa para compartir comida, bebida y compañía y para convocar el gesto más esencial y ancestral del teatro: contar historias. Desde que la humanidad es llamada como tal, contar una historia en torno a una hoguera o alrededor de una mesa es un acto mágico que constituye el “nosotros”. Los asistentes se reconocen como iguales en el aquí y el ahora, en la confortabilidad de imaginar juntos, actividad individual y comunitaria a la vez. Y Una casa en la montaña no es más que eso, compartir comida, bebida y tiempo.

¿Y cuál es la historia que se cuenta? Pues es la historia de dos hombres reunidos en una solitaria casa en medio de la montaña. No sabemos nada de ellos, pero hay algo crucial entre ambos que se ha de resolver. Dependerá de sus decisiones. “Una casa en la montaña -explica Boronat- hace explotar el universo de la expectativa convirtiéndose en una máquina en la que cualquier evento es posible. Cada decisión abre una puerta de entrada a la visibilización de distintos mundos posibles que resuenan entre sí. Esta casa alberga drama, poesía, ciencia-ficción, filosofía, crimen… y también a Wittgenstein”.

Hablar de Wittgenstein es hablar del lenguaje, porque en esta obra, más allá de utilizar únicamente el lenguaje como herramienta central de la propuesta, el lenguaje es propiamente un tema. ¿Qué posibilidades abren las palabras? ¿Qué sentido tienen en su relación con la realidad? Y si el lenguaje es tema, el silencio es contratema, porque el silencio es “ese espacio de excepción en el que el Ser se puede hacer presente poniendo de manifiesto la posibilidad de nuestras voluntades”, dice Boronat, dejando ver su amor por la filosofía del lenguaje. No nos espantemos, la obra es más un juego que un galimatías filosófico, es una propuesta lúdica que convoca risas y suspense. Poética a la vez que irreverente, confía sobre todo en la inteligencia de ese pequeño núcleo de espectadores dispuesto en torno a la mesa, abrazado cálidamente en un refugio compartido. La casa, en este caso, se hará posible en una atalaya del saber madrileño, el Círculo de Bellas Artes, que después de varios años ausente, vuelve a ser, felizmente, un espacio de acogida para el Festival de Otoño. Concretamente, la obra tendrá lugar no en un espacio teatral al uso, sino en un extremo del extraordinario Salón de Baile del Círculo, en un lugar acotado que tendrá como telón de fondo el amplio ventanal que da a la calle Alcalá.

FICHA ARTÍSTICA

Autor y director: Albert Boronat

Intérpretes: Javier Beltrán, Sergi Torrecilla y Albert Boronat

Fotografía: Cristina Tomás

Contratación y distribución: Marlia S.L.

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