Cuando inició su carrera profesional, ¿se imaginaba liderando un proyecto empresarial propio o la vocación emprendedora fue emergiendo a medida que la práctica médica y jurídica le revelaba sus carencias estructurales?
En mis inicios no existía una vocación empresarial en el sentido clásico. Mi formación y mis primeros años de ejercicio estuvieron guiados por una vocación profundamente asistencial y de servicio. Sin embargo, la práctica cotidiana tanto en el ámbito médico como en el jurídico me fue mostrando carencias estructurales muy claras: falta de rigor pericial, ausencia de metodologías homogéneas y una desconexión preocupante entre el lenguaje médico y el jurídico. Fue precisamente esa constatación la que hizo emerger, de forma casi natural, la necesidad de construir un proyecto propio que diera respuesta a esas lagunas.
Fundar en 1987 un grupo dedicado a la pericia médica y al asesoramiento legal no parecía un camino evidente. ¿Cuál fue el punto de inflexión que la condujo a dar el salto y crear Grupo Médico Jurídico Durango?
El punto de inflexión fue comprender que la pericia médica no podía seguir siendo un ejercicio accesorio o improvisado. Observé cómo informes técnicamente válidos perdían fuerza en sede judicial por falta de estructura, y cómo decisiones judiciales se veían condicionadas por peritajes insuficientemente fundamentados. En 1987 decidí dar el salto con la convicción de que era posible profesionalizar la pericia médica desde una perspectiva integral, rigurosa e independiente. Así nació Grupo Médico Jurídico Durango, como respuesta a una necesidad real del sistema.
Usted ejerce simultáneamente como directora, perito médico y abogada. ¿Qué arquitectura personal y metodológica ha construido para sostener esa triple identidad profesional sin diluir la exigencia de ninguna de ellas?
La clave ha sido siempre la metodología y el respeto absoluto por cada rol. He construido una arquitectura basada en la especialización, el trabajo en equipo y la disciplina profesional. Cada función tiene sus tiempos, sus responsabilidades y sus límites, y todas se apoyan en protocolos claros y en una formación continua. Además, he aprendido a rodearme de profesionales altamente cualificados, lo que permite que la exigencia no dependa de una sola persona, sino de una estructura sólida.
Mirando hacia atrás, desde la posición de una mujer que dirige una empresa con más de tres décadas de trayectoria, ¿qué obstáculos estructurales —visibles e invisibles— ha debido sortear en un entorno históricamente masculinizado como el jurídico-médico?
He tenido que enfrentar tanto obstáculos visibles, como la falta de referentes femeninos en posiciones de liderazgo, como otros más sutiles: la necesidad constante de demostrar solvencia, autoridad y rigor en entornos donde estos atributos se presuponen con mayor facilidad en los hombres. Sin embargo, también creo que la constancia, la coherencia profesional y la excelencia técnica terminan abriendo camino. Con el tiempo, los resultados y la credibilidad construida han hablado por sí mismos.
A lo largo de estos 30 años, la pericia médica ha experimentado transformaciones metodológicas, tecnológicas y éticas. ¿Cuál de esos cambios considera que ha redefinido de manera más profunda la práctica pericial?
Sin duda, la estandarización metodológica y la exigencia de trazabilidad han supuesto un cambio radical. Hoy no basta con la opinión experta: es imprescindible justificar cada conclusión con evidencia científica, criterios homogéneos y procesos verificables. Esto ha elevado el nivel de la pericia y ha reforzado su valor probatorio, pero también ha incrementado la responsabilidad del perito.
En su opinión, ¿ cómo ha evolucionado la relación entre el perito y los tribunales, y qué nuevas exigencias han emergido en esta interacción?
La relación se ha vuelto más técnica y más exigente. Los tribunales demandan hoy informes claros, comprensibles, bien estructurados y absolutamente transparentes. Se valora especialmente la independencia del perito, la coherencia interna del informe y la capacidad de defenderlo con solvencia en sala. La pericia ya no es un mero apoyo, sino una pieza clave en la toma de decisiones judiciales.
El Grupo Médico Jurídico Durango opera en todo el territorio nacional. ¿Qué desafío implica armonizar criterios, estándares y metodologías en una red tan amplia?
El principal desafío es garantizar la homogeneidad sin perder la sensibilidad hacia las particularidades de cada jurisdicción. Para ello hemos desarrollado protocolos internos muy estrictos, formación continua y sistemas de revisión y control de calidad. Nuestro objetivo es que cualquier informe del grupo mantenga el mismo nivel de rigor, independientemente del lugar donde se emita.
Desde la fundación del grupo hasta hoy, ¿cómo ha variado el perfil de los casos que atienden?
Hemos observado un claro incremento de la complejidad de los casos y una mayor conciencia social sobre la responsabilidad sanitaria. Existe una cultura de reclamación más informada y una mayor sensibilidad hacia los derechos del paciente, pero también una mayor preocupación por proteger el ejercicio médico responsable. Esto exige peritajes cada vez más precisos, equilibrados y técnicamente sólidos.
El ejercicio de la medicina y del derecho puede implicar una alta carga emocional y ética. ¿Qué principios han guiado la toma de decisiones en los momentos más complejos de su carrera?
La independencia, la honestidad intelectual y el respeto por la verdad científica han sido siempre mis pilares. Incluso cuando las conclusiones no son cómodas, el compromiso debe ser con la objetividad y con el impacto que una pericia rigurosa tiene en la vida de las personas y en la credibilidad del sistema judicial.
Por último, ¿qué futuro imagina para la pericia médica en España y qué retos considera ineludibles para garantizar su calidad y credibilidad?
Imagino una pericia médica cada vez más profesionalizada, regulada y apoyada en la evidencia científica. Los retos son claros: formación especializada, acreditación, control de calidad y adaptación a los avances tecnológicos. Solo así se podrá garantizar que la pericia médica siga siendo una herramienta fiable, ética y esencial para la justicia en los próximos años.









