Gabriel Matías desvela en Urban Beat las claves de su nuevo espectáculo ‘Quitar lo superfluo’: cante, baile y toque

Hay artistas que avanzan acumulando capas y otros que necesitan retirarlas. Gabriel Matías pertenece a los segundos. En ‘Quitar lo superfluo’, el espectáculo con el que llega a los Teatros del Canal en el marco de la XXI edición de Suma Flamenca, el próximo 24 de octubre, el bailaor parte de una frase de Antonio Gades: «Al baile, como a todo, hay que quitarle lo superfluo». En su propuesta, esa idea trasciende la consigna estética y se convierte en método: reducir, escuchar, apartar lo accesorio y confiar en que el cante, el baile y el toque puedan sostener por sí mismos una verdad escénica. Nacido en Porto Alegre, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, Matías ha construido en Madrid una trayectoria marcada por el aprendizaje del flamenco y por una memoria cultural que nunca ha dejado atrás. En su manera de bailar conviven la formación adquirida en España y el eco de un sur brasileño atravesado por la tradición gaucha, el zapateado, la milonga y el fandango. Ese cruce no aparece en su discurso como una fórmula de laboratorio, sino como una experiencia incorporada al cuerpo. Ha aprendido de figuras como Antonio Canales, Javier Latorre, Rafael Carrasco, Paco Peña o Shoji Kojima, pero insiste en una idea sencilla y exigente: nada puede llegar al escenario si antes no ha pasado por él, si no lo reconoce como propio, si no lo siente verdadero.
La distancia respecto de ‘Bailar’ , su trabajo anterior, ayuda a entender el nuevo punto de partida. Allí había una dramaturgia más explícita, atravesada por la inmigración, el desplazamiento y los sacrificios asociados a una vida dedicada a la danza. En ‘Quitar lo superfluo’ , en cambio, Matías retira buena parte de ese andamiaje y deja que el propio flamenco ocupe el centro. «Quiero bailar, quieren cantar, quieren tocar». La frase resume una decisión artística: no imponer un relato previo, no cerrar el sentido antes de que empiece la función, permitir que la escena produzca sus propias asociaciones y que el público encuentre las suyas.
En conversación con Urban Beat, el bailaor habla de la tradición sin nostalgia, del duende como una aparición que no se puede fabricar pero sí propiciar, del trabajo como disciplina y de los premios como estímulos que nunca deberían confundirse con una medida definitiva del valor. Pero la noción de lo superfluo termina saliendo del escenario y entrando en la vida. Matías la relaciona con las inseguridades, con el ruido exterior, con aquello a lo que concedemos una importancia desproporcionada mientras olvidamos que el tiempo se agota. Ahí, la idea que da título al espectáculo adquiere su sentido más amplio: quitar lo que distrae para volver a mirar lo esencial.

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