Nito Serrano ha construido buena parte de su oficio lejos del centro del escenario, en ese territorio menos visible donde una trayectoria emergente termina sedimentando una voz propia. De esa convivencia entre oficio, viaje y escritura se empieza a perfilar una propuesta artística de creciente proyección dentro del panorama musical español.
Durante más de dos décadas Nito Serrano ha ido forjando su trabajo artesano como músico de sesión y de gira, productor y arreglista junto a artistas nacionales e internacionales, además de recorrer escenarios de distintos países. Después de desarrollar esas facetas, decidió regresar a una inquietud presente desde sus comienzos: componer su propia música. De ahí nació Lapurasangre, un proyecto que empezó a tomar forma en México durante una gira de 2019 en la que Serrano abrió los conciertos de Marwán.
Su primera materialización fue ‘Salvaje’, publicada en 2021, una propuesta musical y literaria que encontró en el folclore americano un territorio fértil. Sus canciones recorren una geografía sonora que se extiende desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina, con ecos de México, los Andes y el Caribe. Ese desplazamiento no funciona como catálogo de estilos, sino como una manera de entender la raíz desde el intercambio y la transformación.
Ese viaje continúa ahora con ‘Historias de la Dulce Revolución’, segunda colección de Lapurasangre, mientras Serrano mantiene una gira por España y sigue publicando nuevas canciones. En ese repertorio, ‘Bruja’ concentra buena parte del poder metafórico de su escritura: una historia atravesada por la amenaza y la violencia que adopta, sin embargo, la forma de un carnaval concebido para bailar entre los aullidos de su propio éxtasis . Esa deliciosa contradicción resume una manera de entender la canción como espacio donde el dolor puede convertirse en imagen, ritmo y celebración.
En conversación con Urban Beat, Serrano habla del origen de sus canciones, de los viajes y de la familia como sedimentos inevitables de la creación. También reflexiona sobre la identidad cultural y sobre una urgencia menos visible: recuperar tiempo en una época que parece empeñada en consumirlo. Detrás de todo permanece una pregunta íntima y persistente: qué merece todavía convertirse en música en este mundo convulso que nos ha tocado vivir.