¿Quién es Nito Serrano y en qué momento de su trayectoria se encuentra actualmente?
Bueno, a ver, ¿cómo te explico? Yo llevo toda la vida dedicándome a la música. Ha sido mi vida, mi lenguaje y mi forma de ganarme el pan. Después de haber hecho muchas cosas dentro de este ámbito, volví a lo que hacía al principio, cuando aprendí a tocar el piano y empecé a componer mi propia música.
Ahora hago mis canciones con Lapurasangre. Me gusta mezclar sonidos de aquí con influencias del folk de otros lugares, especialmente de América. Llevo varios años con este proyecto, desde 2021, tocando por muchos sitios y grabando canciones.
Si tuvieras que definir Lapurasangre en pocas palabras, ¿cómo describirías su identidad musical y artística?
Bueno, yo creo que hacemos folk y raíz, si tuviera que sintetizarlo. Además, el proyecto tiene una parte literaria importante. Aparte de las canciones, he escrito un libro por cada una de las colecciones que he ido sacando. La poesía y las historias también tienen cabida dentro de Lapurasangre.
¿Recuerdas cuál fue la primera canción que sentiste que expresaba algo que tú todavía no sabías cómo decir?
Bueno, recuerdo sobre todo esa sensación. No sabría decirte cuál fue la primera canción porque, cuando empecé a estudiar, ya tenía esa inquietud por componer. Pero sí recuerdo esa búsqueda, tanto por parte de la propia canción como de quien la compone. No sabría explicarte cuál es la fórmula, aunque creo que existe una mezcla entre la inspiración y el trabajo de buscarla. No sé hasta qué punto las canciones también te buscan, si están ahí y tú simplemente las agarras.
Tus creaciones convocan paisajes atravesados por la tierra, los viajes, las despedidas, el deseo y la memoria. En ellas aparece también cierta necesidad de volver a las raíces. ¿Qué lugar sientes que permanece contigo, aunque estés a miles de kilómetros de él?
Bueno, casi siempre tengo la sensación de que es el mismo lugar cuando salgo de mi entorno, de mi casa, de mi gente, de mi familia. Más que alejarme de Madrid o de España, siento que me alejo de ese círculo cercano. Viajar, al final, es un ritual en el que te encuentras muchas cosas. Algunas son más agradables, otras más sencillas, pero, en realidad, te diría que la sensación es bastante parecida en todos los sitios. Creo que tiene que ver con la curiosidad, con lo exótico, con lo diferente y, muchas veces, con la luz. Hay países que tienen otros colores, otras costumbres, otras culturas y, de verdad, encuentras una luz distinta. No sabría decirte qué sitio llevo dentro. Creo que todos comparten esa esencia de llegar a un lugar en el que no estás acostumbrado a estar.
¿Cómo encuentras el equilibrio entre preservar las raíces y dejarte transformar por otras influencias?
Yo creo que, con el tiempo, uno aprende sobre todo a quitarse ciertos complejos de encima. No creo en la pureza cultural ni tampoco en que toda la riqueza tenga que encontrarse necesariamente en un mestizaje extremo. De hecho, el lenguaje que hablamos desciende, a su vez, de otros lenguajes. No le veo mucho sentido a eso. Somos producto de la mezcla, de los pueblos que se desplazaron, de la gente que emigró y de cómo incluso el lenguaje fue cambiando.
Por eso tampoco termino de entender la idea de la apropiación cultural. Si piensas, por ejemplo, en Argentina, existe una cultura del rock enorme que difícilmente podría explicarse si esa música no hubiera viajado. Los países y las comunidades abrazan la música y el arte a su manera y terminan haciéndolos propios. Haciéndolos suyos, claro.
¿Qué herida, recuerdo o persona ha terminado convirtiéndose en una canción sin que tú lo decidieras conscientemente?
No sé si llamarlo herida, en un sentido negativo o positivo, pero, lógicamente, están la familia, mis padres, mis abuelos y, después, mi hijo. Eso es algo que está ahí, no tanto por la influencia concreta de cada uno, sino porque el paso por la vida te cambia. Es algo de lo que no puedes desprenderte. Hay algo muy humano en contar aquello que nos duele y, al mismo tiempo, conseguir que otras personas bailen con ello.
¿Cómo valoras esa contradicción entre la tristeza que puede esconder una canción y la alegría que despierta cuando llega al público? Pienso, por ejemplo, en el bolero o la bossa nova.
Hay canciones en el repertorio de Lapurasangre que plantean esa contradicción de manera premeditada antes de publicarse. Una de ellas es ‘En uno u otro lugar’, un tema folclórico medio mexicano, medio venezolano, con guitarras abiertas, trompetas y percusión. Habla de personas que tuvieron que dejar su tierra para marcharse a otro lugar y de todo ese tránsito hasta encontrarse con una nueva realidad.
Estás cantando algo triste de una forma alegre. ‘Bruja’, por ejemplo, es una de las canciones mejor recibidas por el público y cuenta la historia de una persona a la que quieren quemar. Es un carnaval, una canción para bailar. Esa contradicción está ahí: bailar la muerte, bailar la tristeza. Creo que, dentro de nuestra cultura hispanoamericana, existe también esa manera de reírse del dolor y de convivir con el sufrimiento. Forma parte de nuestra idiosincrasia.
Antes hablabas de la importancia de los viajes y de todo lo que uno va acumulando en ellos como parte del proceso de inspiración. ¿Qué has descubierto de ti mismo, ya no solo como artista, sino como ser humano, al conocer otras personas, lugares y formas de vida?
Lo más importante, quizá, es adquirir la perspectiva suficiente para no creernos tan importantes. El mundo es enorme y está lleno de realidades e historias distintas. Ya de por sí, cuando uno sale de casa a las nueve de la mañana y se encuentra con un atasco lleno de coches, dentro de cada uno hay una persona con su propia vida. Imagínate entonces al otro lado del mundo, con todos los condicionantes de cada sociedad y cada cultura.
Supongo que será algo parecido a lo que puede sentir un astronauta cuando contempla la Tierra desde fuera y descubre lo pequeño que es todo. Al final, salvo que haya un giro de guion científico, nos vamos a morir y, en realidad, pocas cosas son tan importantes como creemos.
Vivimos en una época en la que todo parece suceder demasiado deprisa, con una ansiedad colectiva cada vez más normalizada y un estrés casi permanente. ¿Qué opinas sobre este tema?
Creo que la clave está en hacer las cosas despacio, a su tiempo. Es verdad que vivimos bajo el signo de la urgencia, de la ansiedad y del consumo de lo inmediato y lo vacío. El tiempo se ha convertido en una riqueza incluso más importante que el dinero en este Occidente en el que todos acumulamos muchas horas de trabajo, tenemos el dinero justo y apenas disponemos de espacio para estar con la familia o con nosotros mismos.
Quizás volver a la simplicidad sea también una forma de recuperar perspectiva y de encontrar una manera más limpia de comunicar a través del arte, desde la inquietud y la belleza. Creo que la pausa, incluso el aburrimiento, pueden ser necesarios para tener la cabeza limpia a la hora de empezar a escribir.
¿Qué podremos ver próximamente de Nito Serrano? ¿En qué proyectos estás trabajando y cuál será tu próxima cita con el público?
Ahora estamos en una gira con la que llevamos varios años recorriendo todos los rincones de España. Los conciertos han ido evolucionando, hemos experimentado con diferentes formaciones y también hemos publicado canciones de la segunda colección de Lapurasangre, ‘Historias de la Dulce Revolución’.
Cuando termine esta gira y estén publicados todos los temas, tomaré algo de perspectiva para pensar cómo enfoco la siguiente etapa, que ni yo mismo sé todavía por dónde irá. Supongo que eso lo dirá el momento de parar, mirar lo que queda atrás y decidir qué tenemos por delante.
¿Qué te sigue emocionando, Nito, hasta el punto de hacerte coger una guitarra y empezar de nuevo?
Lo mismo que cuando tenía ocho años. Una buena canción, una buena película, un buen libro, un buen momento con un amigo. Cualquier cosa que me haga sentir presente y que me remueva por dentro. Creo que algo que te había comentado antes, que me parece que está muy relacionado con el arte, es la belleza.
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