En 2026 se cumple un siglo de la muerte de Antoni Gaudí i Cornet, y el calendario parece un pretexto insuficiente para medir la magnitud de su ausencia. Gaudí no murió del todo el 10 de junio de 1926, atropellado por un tranvía en una Barcelona que ya empezaba a parecerse a la ciudad moderna; lo que ocurrió fue algo más inquietante: la arquitectura dejó de ser solamente técnica para convertirse, desde entonces, en un campo de batalla simbólico.
En este contexto, el centenario no se plantea como una simple efeméride conmemorativa, sino como un acontecimiento internacional de largo aliento, articulado a través de exposiciones, programas de investigación, actividades públicas y procesos de restauración que vuelven a situar la obra de Gaudí en el centro del debate contemporáneo. Bajo el impulso de la Cátedra Gaudí, y reconocido oficialmente en España como Acontecimiento de Excepcional Interés Público, el año conmemorativo despliega una mirada transversal sobre su legado artístico, científico y técnico. La Sagrada Familia —núcleo simbólico y material de su pensamiento— ocupa un lugar central, junto a espacios como el Park Güell, donde la arquitectura se revela no como objeto aislado, sino como experiencia urbana, memoria compartida y laboratorio de formas aún activas.