Aquí, el modernismo deja de ser una fórmula importada para convertirse en un campo de disputa. Las nuevas naciones surgidas tras el fin del dominio colonial necesitaban instituciones, universidades, recintos feriales, viviendas, estaciones, infraestructuras y símbolos. Pero necesitaban también algo más difícil de construir: una imagen de sí mismas. En ese territorio intermedio, entre la urgencia administrativa y la imaginación política, la arquitectura se convirtió en herramienta de autodeterminación.
‘Architects of Liberation’ abarca siete países —Benín, Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria, Senegal y Togo— y articula su recorrido a partir de proyectos clave que funcionan como puertas de entrada a grandes categorías: el paisaje urbano, la educación, la vivienda, la representación nacional y la construcción institucional. La exposición propone leer esos edificios como documentos materiales de un momento excepcional: el periodo en que los nuevos Estados africanos intentaron redefinirse frente a la herencia colonial y dialogar, al mismo tiempo, con ideas como el panafricanismo y la africanización.
El punto de partida histórico es decisivo. Tras los procesos de independencia que culminaron en 1960, el llamado ‘Año de África’, cuando 17 países del continente alcanzaron la independencia política, se abrió una etapa de intensa reinvención cultural. La arquitectura formó parte de ese despertar junto a la literatura, la música, la danza y las artes visuales. Cada edificio respondía a una necesidad práctica, pero también a una pregunta mayor: cómo podía verse una nación recién nacida, cómo debía habitarse una libertad todavía en construcción, qué forma espacial podía adoptar la promesa de un futuro propio.
La exposición evita reducir África occidental a una etiqueta rígida. El término se emplea de manera flexible para designar una amplia región costera que se extiende desde Senegal hasta el golfo de Guinea. Ese enfoque permite observar diferencias locales, pero también problemas compartidos: el clima, la formación de élites técnicas, la tensión entre tradición y modernidad, la influencia de arquitectos extranjeros, la voluntad de crear instituciones nacionales y la necesidad de adaptar los lenguajes internacionales a realidades políticas, económicas y ambientales concretas.
Uno de los grandes valores de la muestra está en su atención a la primera generación de arquitectos africanos formados profesionalmente. Frente a una historia que ha tendido a privilegiar nombres europeos o intervenciones externas, el MoMA subraya la aportación de figuras como Jean Léon, Cheikh Ngom, Demas Nwoko, John Owusu Addo o Vic Adegbite. Su trabajo permite comprender que la modernidad africana no fue una simple recepción periférica de modelos ajenos, sino una operación activa de traducción, apropiación y reinvención.
Entre las obras destacadas figura el Pabellón de África de la Feria Comercial de Acra, en Ghana, un edificio circular concebido como símbolo de unidad nacional. Diseñado por Victor —Vic— Adegbite, Jacek Chyrosz y Stanisław Rymaszewski, y desarrollado bajo la dirección de la Ghana National Construction Corporation entre 1962 y 1967, el proyecto condensa la ambición de una arquitectura capaz de representar un país y, al mismo tiempo, proyectarlo hacia el exterior.
También ocupa un lugar central ‘The Pyramide’ cuya fotografía encabeza este artículo, en Costa de Marfil, el edificio en altura diseñado por Rinaldo Olivieri y terminado en 1973. Su presencia modificó el perfil urbano de Abiyán y se convirtió en uno de los emblemas más reconocibles de una modernidad africana monumental, ambiciosa y contradictoria. En él se cruzan la potencia formal, el impulso desarrollista y las preguntas sobre quién produce, quién financia y quién habita los grandes símbolos de la ciudad poscolonial.
El CICES de Senegal, diseñado por los arquitectos franceses Jean-François Lamoureux y Jean Louis Marin, aparece vinculado al pensamiento estético y político de Léopold Senghor. Su noción de “paralelismo asimétrico” introducía elementos diversos, no repetitivos, capaces de generar armonías dinámicas. La arquitectura se entendía aquí como una gramática cultural: una forma de componer diferencias sin obligarlas a desaparecer bajo una simetría cerrada.
La Gare de Bessengue, en Camerún, diseñada por Jacques Nsangue Akwa y Emilien Douala Bell, y la Universidad de Ife, en Nigeria, con plan maestro de Arieh Sharon, amplían el mapa de la exposición hacia la movilidad, la educación y la planificación territorial. No se trata solo de edificios singulares, sino de infraestructuras de futuro. Estaciones y universidades funcionan como escenarios donde la independencia deja de ser una fecha histórica para convertirse en experiencia cotidiana: desplazarse, aprender, reunirse, producir conocimiento, ocupar el espacio público.
La escala de la investigación refuerza la relevancia del proyecto. La muestra reúne aproximadamente 450 objetos, entre dibujos arquitectónicos, maquetas y fotografías de archivo, procedentes de más de 50 prestadores de 17 países. Buena parte de esos materiales nunca se había mostrado públicamente, y muchos de los arquitectos incluidos no habían sido incorporados antes a exposiciones o publicaciones académicas. El gesto, por tanto, no es únicamente expositivo: es historiográfico. El MoMA no solo enseña una serie de obras; propone reordenar el archivo de la arquitectura moderna.
Comisariada por Martino Stierli, comisario jefe Philip Johnson de Arquitectura y Diseño del MoMA, e Ikem Stanley Okoye, comisario invitado y profesor asociado en la Universidad de Delaware, junto a Mallory Cohen, asociada curatorial del Departamento de Arquitectura y Diseño, ‘Architects of Liberation’ surge de cuatro años de investigación en la región. Ese trabajo se completa con maquetas originales y encargadas para la ocasión, nuevas películas, fotografías comisionadas y un catálogo ilustrado editado por Stierli y Okoye, con Cohen.
El catálogo incorpora un portafolio fotográfico de François-Xavier Gbré y textos de investigadores como Adekunle Adeyemo, Guillermo S. Arsuaga, Sabrine Bako, Antawan I. Byrd, Brunno Douat, Johan Lagae, Sonia Lawson, Ayala Levin, Prita Meier, Monika Motylińska, Marcos García Mouronte, Studio NEiDA, Łukasz Stanek y Y. L. Lucy Wang. Con 224 páginas y 175 ilustraciones en color, la publicación prolonga el alcance de una exposición que aspira a intervenir en el modo en que se estudia, se enseña y se recuerda la arquitectura moderna.
La belleza política de ‘Architects of Liberation’ reside en mostrar que la independencia no fue únicamente una cuestión de banderas, constituciones o discursos presidenciales. También se jugó en la planta de una universidad, en la curva de un pabellón, en la sombra proyectada por una fachada, en la estación que conectaba territorios y en el recinto ferial que imaginaba una economía abierta al mundo. Cada proyecto habla de un continente que no quería limitarse a abandonar el colonialismo, sino inventar otra imagen de sí mismo.
Frente a la idea de una modernidad única, lineal y exportada desde los antiguos centros de poder, la exposición propone una modernidad plural, situada, climática, política y profundamente experimental. África occidental aparece aquí como laboratorio de formas y de futuros: un territorio donde la arquitectura ensayó respuestas concretas a preguntas inmensas.
En última instancia, ‘Architects of Liberation’ no mira esos edificios como reliquias de un optimismo perdido. Los presenta como pruebas materiales de una energía histórica todavía incómoda para el relato dominante. Porque allí donde durante años se quiso ver periferia, dependencia o nota al pie, la exposición encuentra proyecto, agencia y visión. Y quizá esa sea su afirmación más poderosa: hubo un momento en que la arquitectura africana no solo construyó edificios, sino horizontes de liberación.
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