Urban Beat Contenidos

‘El trago amargo’: la coctelería del caos y la deriva beatnik en Puerto Vallarta

‘El trago amargo’, de F. G. Haghenbeck, no entra en el rodaje de ‘La noche de la iguana’ como quien abre una puerta, sino como quien empuja una cortina húmeda en un lugar donde el aire ya está mezclado con alcohol, sal y tiempo derritiéndose. No es una novela sobre el cine: es una novela sobre la temperatura que deja el cine cuando se vuelve demasiado grande para caber en sí mismo.

En el centro, Sunny Pascal —detective beatnik, figura de contorno borroso, testigo profesional de lo inestable— se mueve como si la realidad fuera una barra interminable donde nadie termina su copa. No investiga el mundo: lo escucha. Lo deja hablar a través de vasos empañados, de conversaciones que empiezan como confidencias y terminan como humo. Su oficio no es resolver, sino permanecer un poco más de lo recomendable.

Puerto Vallarta aparece entonces como una coctelería abierta al mar. Un lugar donde la luz del Pacífico cae dentro de los vasos y se mezcla con el hielo. El calor no es solo clima: es una forma de insistencia. Todo transpira. Todo brilla un segundo de más. Todo parece a punto de deshacerse sin llegar a hacerlo del todo.

Los cócteles atraviesan la novela como una segunda escritura invisible. No son atrezo tropical ni postal exótica: son lenguaje líquido. Ron oscuro que arrastra secretos, tequila que borra frases enteras, mezclas improvisadas que cambian el curso de una conversación sin que nadie lo anuncie. Cada bebida parece contener una versión alternativa de la historia, una toma distinta de la misma escena.

En ese entorno, el espíritu beatnik no aparece como una cita cultural, sino como una forma de respiración. Sunny Pascal no pertenece a ningún sitio porque ha aprendido a moverse entre los márgenes como si fueran su única geografía posible. Hay en él algo de carretera nocturna, de motel sin memoria, de cuaderno escrito a medias en la resaca de otra vida. Su lucidez es irregular, intermitente, como una luz de neón que parpadea sin decidirse a apagarse.

El mundo que lo rodea —el rodaje de Huston, las estrellas desbordadas, la maquinaria del cine clásico aún funcionando pero ya ligeramente torcida— no se presenta como espectáculo, sino como derrame. Richard Burton y Elizabeth Taylor parecen existir dentro de una burbuja de luz demasiado intensa para ser estable. Ava Gardner atraviesa las escenas como si llevara consigo una experiencia previa del desencanto. Y Deborah Kerr sostiene una especie de orden íntimo que se resquebraja sin ruido.

Pero todo eso, en la mirada de Haghenbeck, no es centro, sino corriente. El verdadero movimiento está en otra parte: en los espacios entre rodaje y rodaje, en las noches que se alargan como si el tiempo hubiera olvidado su función. Allí, el alcohol no embellece nada: simplemente hace que todo siga ocurriendo un poco más de lo debido.

Puerto Vallarta a principios de los años 60

La novela sugiere que el beatnik no es una estética, sino una consecuencia. Una forma de habitar lo que no se deja fijar. De aceptar que la identidad es una mezcla en constante agitación, como un cóctel que nadie termina de agitar del todo. Sunny Pascal no es un héroe de acción ni un detective clásico: es alguien que aprende a leer el mundo en sus restos, en sus bordes espumosos, en lo que queda pegado al vaso cuando ya se ha bebido todo lo demás.

En ese sentido, El trago amargo convierte el rodaje en una especie de ritual líquido. Todo se mezcla: la fama y el cansancio, el deseo y la estrategia, la ficción y la vida que insiste en filtrarse por los bordes. No hay pureza posible, solo grados de disolución.

Y quizá ahí esté su belleza más persistente: en esa sensación de estar siempre dentro de algo que se está acabando sin terminar de acabarse nunca. Como un cóctel al que le queda un último hielo que se resiste a desaparecer. Como una conversación que no quiere irse de la noche. Como un rodaje que sigue rodándose incluso después del “corten”.

Sunny Pascal lo sabe. No lo explica. Solo lo sostiene un poco más, entre la ironía y la fatiga, mientras la coctelería del mundo sigue sirviendo su siguiente mezcla.

Elizabeth Taylor y Richard Burton

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!
cartelería ilustrada

CARTELERIA ILUSTRADA. COMO EL ARTE TRANSFORMA LA COMUNICACION VISUAL

La cartelería ilustrada es un medio de comunicación visual que combina la creatividad artística con el propósito de transmitir mensajes impactantes. A lo largo de la historia, este arte ha dejado una huella indeleble en la sociedad, capturando la atención de las personas y convirtiéndose en un medio de expresión artística único.

juan carlos trinchet brasilia

Juan Carlos Trinchet presenta Brasilia; el relato de la migración, la disidencia y la huida.

Aunque todavía no ha elegido un nombre para lo que seguro será una novela, Juan Carlos Trinchet entrega la tercera parte, en forma de relato, de un historia que arrancaba en Holguín y continuaba en Miami. Brasilia, la ciudad planificada, paradigma del diseño, la distancia y el urbanismo impersonal se convierte en el escenario de un relato trepidante, mundano, extravagante, provocador, infame y sensual.

VERDE SCHEELE

VERDE SCHEELE: TENDENCIAS MUY PELIGROSAS

Pocos elementos químicos imponen tanto respeto como el arsénico. Lo usaban los Borgia para hacer desaparecer a sus enemigos políticos y más de un noble para acceder a su herencia antes de tiempo. También le sirvió para enviudar pronto a alguna joven dama o para dar de baja a todo tipo de personajes de novela negra. Pero si miramos más allá de su toxicidad, veremos que el arsénico es un elemento que ofrece un arcoíris de colores en forma de pigmentos.

Juan Carlos Trinchet

Miami y el sexo

Una trilogía de viajes que arrancaba en Holguín, marcan el tono de este nuevo relato de ficción firmado por Juan Carlos Trinchet. De su mano nos entregamos a las bajas pasiones de una de las ciudades más absurdas e imprescindibles descritas jamás. Hoy Miami cobra nuevos sentidos y sus adyectos significados se nos antojan inaplazables como el tiempo, la calma y la urgencia.

También te puede interesar

Brassaï descifra los signos secretos de París en el Moderna Museet

El Moderna Museet de Estocolmo reconstruye la geografía nocturna y secreta de París a través de la mirada de Brassaï, uno de los grandes renovadores de la fotografía europea del siglo XX. Abierta hasta al 4 de octubre de 2026, ‘Brassaï. Los signos secretos de París’ reúne más de 160 fotografías en blanco y negro y constituye la primera gran presentación dedicada al artista en Suecia. La selección está formada por copias antiguas en gelatina de plata realizadas por el propio fotógrafo, circunstancia que permite contemplar las imágenes con las gradaciones, texturas y matices tonales concebidos originalmente por su autor.
La exposición se adentra en el periodo más fértil de su trayectoria, situado fundamentalmente en la década de 1930, cuando Brassaï convirtió sus recorridos nocturnos por la capital francesa en una investigación visual sobre la ciudad, sus habitantes y las huellas anónimas depositadas en sus muros. París deja de ser en estas imágenes una sucesión de monumentos reconocibles para transformarse en una materia viva, compuesta por niebla, adoquines húmedos, luces de gas, habitaciones clandestinas y figuras que parecen surgir de la oscuridad.

Dolce&Gabbana construye con ‘ArteModa’ la genealogía artística de su universo creativo

La historia del arte también puede leerse sobre un cuerpo. Puede adquirir la forma de una capa, plegarse en la arquitectura de un vestido o reaparecer, varios siglos después, en la superficie minuciosa de un bordado. ‘Dolce&Gabbana ArteModa’, el volumen realizado por la firma italiana en colaboración con Rizzoli, parte de esa posibilidad: comprender la moda como un lenguaje capaz de traducir la pintura, la escultura, el mosaico y la ornamentación histórica a una materia viva, móvil y destinada a relacionarse con la anatomía.
El libro, publicado el pasado mayo, no se limita a recopilar las referencias artísticas que han acompañado la trayectoria de Domenico Dolce y Stefano Gabbana. Su propósito consiste en construir una genealogía visual de la casa, explicar de qué manera determinadas obras maestras, periodos históricos y movimientos creativos han alimentado su imaginario y revelar el procedimiento mediante el cual una imagen deja de pertenecer exclusivamente al museo para convertirse en tejido, volumen, color y gesto.

¿Qué sabemos realmente de Jiddu Krishnamurti?

En 2026 se cumplen cuarenta años de la muerte de Jiddu Krishnamurti, ocurrida el 17 de febrero de 1986 en Ojai, California. El aniversario devuelve al primer plano a una figura cuya obra conserva una vigencia difícil de acomodar en los estantes habituales. Fue presentado durante su adolescencia como futuro guía espiritual de la humanidad y terminó impugnando la autoridad del maestro. Habló ante auditorios multitudinarios, pero pidió a quienes lo escuchaban que no lo convirtieran en referente. Promovió escuelas y aceptó la creación de fundaciones destinadas a preservar sus enseñanzas, aunque sostuvo que la verdad no podía quedar encerrada en una institución, una religión o un procedimiento. El aniversario de su muerte permite revisar la obra de un pensador que combatió la autoridad espiritual, investigó los mecanismos del miedo y convirtió la observación de la conciencia en una forma radical de responsabilidad. Su legado conserva una extraña actualidad, aunque también exige separar la intuición filosófica de la evidencia científica y la libertad interior de sus posibles simplificaciones.

La exposición ‘Silver Egg’ devuelve el deseo, los sentidos y la incertidumbre al arte mediático

Del 4 de julio de 2026 al 21 de febrero de 2027, el ZKM | Centro de Arte y Medios de Karlsruhe en Alemania presenta ‘Silver Egg. The Eros of Media Art’, una exposición de gran escala que reúne cerca de cincuenta propuestas artísticas internacionales para examinar la relación entre deseo, percepción, tecnología, ecología y creación. Comisariada por Anett Holzheid, la muestra ocupa los atrios 8 y 9 de la planta baja del centro alemán y parte de una pregunta tan elemental como difícil de responder: qué impulsa todavía al ser humano a vincularse sensorialmente con el mundo y a intervenir creativamente en él.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias