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Juan Carlos Trinchet presenta Brasilia; el relato de la migración, la disidencia y la huida.

juan carlos trinchet brasilia
Aunque todavía no ha elegido un nombre para lo que seguro será una novela, Juan Carlos Trinchet entrega la tercera parte, en forma de relato, de un historia que arranacaba en Holgúin y continuaba en Miami. Brasilia, la ciudad planificada, paradigma del diseño, la distancia y el urbanismo impersonal se convierte en el escenario de un relato trepidante, mundano, extravagante, provocador, infame y sensual.
juan carlos trinchet

Brasilia

Por Juan Carlos Trinchet

 

         Vivir una turbulencia para un suicida es una oportunidad de oro. Todo queda justificado y mientras cae el avión, te da tiempo a poner las cosas en limpio. Esos pocos segundos, sirven a un suicida para reconciliarse consigo mismo mientras se cumple su razón de ser. Un arquitecto suicida de vocación como yo, que se aprecie por su talento jamás abrocha su cinturón de seguridad, obvia las mascarillas de oxígeno y cuando el avión entra en zarandeo esquizofrénico deja de respirar por voluntad propia. La apnea autosugestionada en plena turbulencia es un remanso de encuentro con Dios para un suicida.

       Un suicida de vocación como yo, obvia a su familia, incluso cuando su familia cambia al estado de fusión nuclear. La fusión nuclear se produce cuando dos núcleos poco densos sometidos a elevadas temperaturas se fusionan y forman un núcleo más pesado; esta reacción libera gran cantidad energía nuclear. Nunca he podido calibrar la envergadura de este proceso. La limonada está caliente. La señora pelirroja de tez morena es mi compañera de viaje. Llevo 8 cafés en el cuerpo. Las condiciones están dadas, el pánico es una adrenalina suave, la turbulencia es máxima. El pájaro de metal se hace de papel y me deleito con la idea de colisionar abruptamente contra el techo para romper de un tajo mi espina dorsal y en ese vaivén violento mis sienes podrían incluso colapsar contra el monedero Versace de la mujer pelirroja de tez morena. Y es ahí cuando la muerte quedaría justificada. En semejante escenario, nadie te achacaría el más mínimo instinto suicida. Airoso y muerto. Dos pájaros caídos de un solo disparo. Sin culpas. Caso cerrado por la naturaleza convulsa de las circunstancias.

       La señora pelirroja de tez morena comenzó a hablar descontroladamente y y no paró ni una milésima de segundo durante las 8 horas del vuelo. Se le veía tristona, cansada, sin esperanza … el tema central de su plática eran sus tres hijos y la manera injusta por la cual su primogénito estaba en paradero desconocido desde hacía 15 años. Un drama en toda regla, clásico, conmovedor y lleno de altibajos. Su verborrea se tornó patológica, inevitable y yo ya había escuchado bastante. Gestioné in extremis un cambio de asiento y me fui a la cola del avión al lado de un nigeriano de supuesta ascendencia judía que tampoco paraba de hablar . Yaakov me lee un rollo de la Torá en pleno vuelo y el frenesí y la blancura de sus ojos me encandila. Israel nunca ha reconocido ni a él , ni a su comunidad. Es un apátrida sefardí de metro noventa y tez negrísima, amplios pectorales y brazos fibrados. Su atractivo mestizo era innegable y su carisma abrumador me cautivó sin fisuras. Él es igbo, uno de los tres grupos étnicos dominantes de Nigeria cuyo origen está en el sureste del país. Su nombre igbo es Nnaemezuo Maduako.

Muchos igbos creen que tienen herencia judía y que son una de las llamadas 10 tribus perdidas de Israel, aunque la mayoría no son judíos practicantes como Yaakov. Ellos constituyen menos del 0,1% de los 35 millones de igbos que se estima hay. Shlomo Ben Yaakov se quiere convertir en el primer rabino nigeriano.

Las costumbres igbo como la circuncisión masculina, el duelo por los muertos durante siete días, la celebración de la luna nueva y la realización de ceremonias de boda bajo un dosel han reforzado esta creencia sobre su herencia judía. Me canso de la retórica y me vuelvo a cambiar de asiento, uno de los tantos vacíos junto los lavabos , una zona muy fría , con olor a esencia de eucalipto y apocada con una luz roja de casa de putas . Espero con ansia mi turbulencia prometida y entro en trance deleitoso cuando el comandante en precario inglés, la anticipa con un disimulada parsimonia de hombre curtido en mil vorágines apocalípticas e irrefrenables. Desabrocho mis cinturones de seguridad, arranco de cuajo las mascarillas de oxígeno que dejan tras sí un pitido extraño y dejo entreabierta la puerta del baño. Es un cálculo preciso que propicia una colisión directa con cualesquiera de sus bordes. Rompo un vaso de plástico, y coloco suavemente dos astillas muy afiladas en mi entrepierna muy cerca de la vena femoral y una tercera, que me queda disponible, la aprieto con vehemencia cerca de las venas de las muñecas, dejando escapar un hilo de sangre espesa. Esparzo toda una suerte de pequeños objetos que se me antojan punzantes justo encima de mi asiento, en un minúsculo compartimento que una vez forzado, es ideal como receptáculo de objetos de muerte . Alguien cercano deja escapar de soslayo una melodía propicia, una especie de aliciente suicida, que me recordó al Ocaso de los Dioses de Wagner. Detengo mi respiración por voluntad propia y entro en el éxtasis de un suicida consumado. Misión cumplida. El avión entra en convulsión convectiva y yo ya voy convulsionando por mi cuenta, con mis propias elucubraciones de suicida sin redención. Soy feliz, muy feliz de estar en el marco idóneo, cerca de mi madre, la señora pelirroja de tez morena y demás testigos acordes. En plena travesía desde mi Habana hacia Brasilia, ciudad que como hábil arquitecto apasionado, debía explorar con ilusión para mi máster de arquitectura. Lástima que todo quedara tronchado con mis boberías de cobarde de vida , cobarde de amor , cobarde de todas las cosas importantes … boberías en definitiva … un bobo cobarde que decide ir a Brasilia a terminar su postgrado en Arquitectura junto a su madre y de paso matarse. Mi única misión era morir , por encima de la fusión nuclear de mi familia , por encima de mi brillante carrera de Arquitecto, incluso por encima del esbelto nigeriano de gran paquete. Ese nigeriano merecía una felación. Al menos una felación de la mías. Engullir su fluido de golpe y dejar el miembro limpio. Luego relamer sus testículos con la leche sobrante. Tentador, pero no idóneo para el día de mi muerte, más que nada, por falta de tiempo y de coherencia. Un suicida que se preste, no debería tener deseos libidinosos en la víspera de los ansiados catalizadores del siniestro evento. La ley del deseo no iba a suponer bajo ninguna circunstancia un escape o un amor repentino a la vida; in extremis. Mi muerte era un hecho irrevocable. Estamos en Brasilia.

Brasilia es una ciudad planificada de igual manera que mi muerte ha sido planificada. Como mismo diseñé mi caída desde el aire de igual manera Lucio Costa pudo ver a Brasilia, como un pájaro, desde el aire. Mi suicidio en avión, Brasilia nacida con forma de avión. Hecha de hormigón y cemento, igual que un hombre se hace hormigón y cemento cuando solidifican sus emociones. Muerte y nacimiento. El ciclo vital visto desde el aire.

juan carlos trinchet

La arquitectura vital de un hombre comienza con su propia ciudad. Un hombre es a su ciudad como un molusco a su concha, no se quiebra esta unión sin que algo muera en la ciudad, o en el hombre … o en los dos y razón tenía Dulce María Loynas del Castillo muerta en su concha, en su viejo caserón de La Habana, sola, con su brillantez hecha molusco y rodeada por las turbulencias de una revolución absurda que devoró a sus propios hijos o los condenó al ostracismo… los últimos días de La Habana, los primeros días de Brasília .

             Los primeros días de Brasilia fueron fulgurantes. Lucio Costa partió de la forma del signo de la cruz para organizar el Plano Piloto, haciendo referencia a aquel gesto primario de marcar el terreno para tomar posesión de un lugar. La planificación del Plano Piloto incorporó las ideas racionalistas y funcionalistas de la arquitectura moderna, muchas inspiradas en Le Corbusier, sobre cómo debía ser una urbe. Desde arriba, la cruz arqueada parecía un avión, lo que fortaleció la idea del presidente de turno de mostrar Brasil como un país moderno y triunfante, listo para alzar el vuelo. Había tal fijación por controlar el tamaño de la urbe, que no se tuvo en cuenta que los trabajadores que la estaban construyendo serían sus primeros residentes … “en cierto modo estábamos equivocados, imaginamos que la renovación arquitectónica y la renovación social serían lo mismo, pero la realidad ha demostrado que las cosas no son tan simples” admitió Lucio Costa, en una entrevista para el documental Itinerario de Niemeyer, en 1973.

         ¿Y los pobres?. Están en todas las ciudades satélite, aunque cada día son empujados hacia los extremos más periféricos y alejados de la capital federal. Es el precio del crecimiento desordenado. Los pobres siempre están al margen de la ciudad, no importa dónde esté el margen. La inseguridad y los índices de violencia son elevados en algunas zonas, pero no se puede comparar el crimen desorganizado en Brasilia con la estructura del crimen organizado en Río de Janeiro o Sao Paulo. La construcción de la capital trajo consigo una gran explosión demográfica que llevó a personas como los obreros y sus familias, a asentarse entorno de la gran ciudad y con ello dieron origen a la consolidación de ciudades satélites.

         Ciudad satélite es una ciudad cuyo rango inferior dentro de una aglomeración urbana la hace depender de una ciudad principal, a cuya área de influencia pertenece. Sus habitantes satisfacen en ellas sus necesidades primarias, mientras que las de un determinado nivel han de satisfacerlas en la ciudad central.

           La etimiología del término Taguatinga encierra el sufijo “-tinga” significa “blanco” en lengua tupi. Acerca del prefijo “ta’wa” hay bastante controversia. En un primer momento “ta’wa” fue traducido como “pájaro”, y “ta’wa’tinga” iba a significar “pájaro blanco”. El Centro Educativo Ave Branca (CEAB) tiene este nombre por esta razón, y también por este motivo un pájaro forma parte de la Bandera de Taguatinga, que se inspiró en el poema Ta’Wa’Tiga de Antonio García Muralha. Por casualidad, el gavión-tijera – predominantemente blanco – es muy común en la región, aunque no se tiene registro de que el animal sea conocido por “Taguatinga”.

     Taguatinga se ha desarrollado especialmente en función del comercio y los empleos que obtenía su población. Se convirtió en un importante centro comercial del Distrito Federal y polo de atracción para la población de las ciudades cercanas, albergando grandes centros comerciales. Taguatinga hoy, es una de las regiones más ricas del Distrito Federal, siendo hoy considerada su capital económica.

     Desperté en la habitación de Alfonso, un médico cubano con obesidad mórbida que llevaba 10 años viviendo en Taguatinga y era amigo íntimo de la señora pelirroja y a su vez marido formal del nigeriano Yaakov . Apenas abrí los ojos pude ver a los tres idóneamente colocados en forma de cruz alrededor de mi cama. Hacia los pies Alfonso, a mi izquierda Yaakov y a mi diestra la señora pelirroja de tez morena. Un dolor que se torna intolerable, un sufrimiento que se vivencia como lo absoluto, no puede dejar de generar una necesidad imperiosa de descanso o alivio. Pero ahí los tenía a los tres mirándome fijamente cada uno según su naturaleza y ávidos de explicaciones. Me levanté de la cama y con dignidad me acerqué ante el espejo del baño. Mi cara no existía , había un moratón en su lugar y apenas podía reconocerme. Tenía una contusión tremenda cerca de la sien, y mis tronco y extremidades parecían correctos.

   Alfonso adoraba levantarse muy temprano para irse a trabajar como médico. Ejercía la medicina con brillantez .No era nada fácil soñar con llegar a ser el director del Hospital Universitario de Brasilia sin embargo era el único sueño que le quedaba y era el mejor de todos. Estaba muy cerca de conseguirlo. Ganaba cerca de noventa mil reales reales al año limpios y se había hipotecado con un apartamento diseñado a medida con mármol de carrara en los baños y figuras de tótems nigerianos traídos directamente, sin intermediarios…desde zonas en conflicto del norte de África. Sólo la figura X de arte africano que decoraba la entrada costaba más que su apartamento y su red de tarjetas de crédito iba enrollándose más y más en un cordel interminable de deudas y de acreedores sedientos . Lo importante era, en definitiva, que podía permitirse el lujo de mantener a Yaakov y a sus ínfulas de rabino étnico. Sin embargo todo lo que relucía no era oro. Alfonso, no era más que un obrero oprimido del sector sanitario. Para llevar su tren de vida se levantaba temprano, desconectaba su aparato de respiración de oxígeno concentrado, se ponía los zapatos sin calcetines porque dormía vestido y tan sólo al salir se echaba la bata blanca por encima… justo encima de la figura X africana había un perchero con 7 batas impolutas , una nueva para cada día de la semana. Cada día que se colocaba una nueva bata sabía que iba a ser un día más de opresión para él, sin embargo, canturreaba Money, de Pink Floyd, mientras su coche se dirigía al Hospital Universitario de Brasilia donde permanecía durante 12 horas. Su recorrido era simple , ir de una ciudad satélite a la madre nodriza, el plano piloto. Muchas veces lo hacía medio dormido y casi se mata dos veces. Padecía uno de los trastornos que produce la obesidad, la apnea del sueño. Este fenómeno, sucede, al existir un exceso de grasa que impide que la musculatura que mantiene la vía superior abierta haga su función y produzca como resultado varias paradas respiratorias. Los estudios obtenidos indican que la obesidad produce apnea del sueño pero también indican que la apnea complica la obesidad. La falta de oxígeno que padece la presencia de apnea produce trastornos metábolicos como la alteración de hormonas como la leptina y la grelina que regulan el apetito. La apnea del sueño produce la conocida somnolencia diurna. Alfonso se había quedado dormido al volante, en plena autopista, dos veces. Estaba vivo de milagro y eso le incentivaba a seguir comiendo. Tenía una colección de botes de queso crema vacíos de 500ml que oscilaba a lo 370 ejemplares, sólo en el último año. Y todos sus amigos tenían por tradición ir colocándolos muy despacio sobre una enorme pirámide arquitectónica que yo había diseñado, se caían muchas veces y se rompían, poco importaba, eran constantemente remplazados gracias a la gula incontrolada de Alfonso. Pesaba 150 kilos y trabajaba 12 horas diarias de lunes a sábado. Los domingos día del señor montaba orgías interminables con incontables negros chaperos  y bien dotados, mientras su novio nigeriano iba a una congregación de fieles judíos. Esa era su vida. Se crió de pequeño junto a mi madre y eran como hermanos, por eso, después de mi desvarío, fue la mejor opción para restablecerme y entender que había pasado.

       Al mes, mi cara ya no era un monigote azul y sólo alrededor de los ojos quedaban moratones, así que me enganché unas gafas Versace que Alfonso casi no usaba y acepté su invitación de un viaje gastronómico inusual. El viaje de los animales muertos le llamé yo, con gracia, y entonces, después de devorarlo todo en Mangai, un restaurante carnívoro con una variedad inmensa de platos brasileños (más de 200 recetas), servidos en estilo buffet y pagados al kilo; nos dirigimos a la casa del padre Yaakow. Tenía clavadas en la pared de su salón 150 astamentas de disímiles animales autóctonos de la pradera africana. Todos muertos por y para contrabando. Obviamente este salón-sótano de los cuernos sólo era frecuentado por amigos muy íntimos del padre del Yaakow, como podría ser por ejemplo; su suegro y a quien, por cierto, aceptaba de buena gana a pesar de su gordura, a pesar de su homosexualidad y a pesar, de parecerle comunista por ser cubano. Estaba harto de mantener a su hijo , así que Alfonso no le podía caer mejor, escapaba de la majaderías sefardíes de su primogénito y a su vez aliviaba su bolsillo cediendo el bulto a otro que por otro lado era médico, inteligente , con un corazón amplio y dilatado… Dos pájaros caídos de un solo disparo. Sin culpas. Caso cerrado por la naturaleza convulsa de las circunstancias.

         Nos despedimos del padre y acto seguido le recomendé a Alfonso acercarnos a un bar gayfriedly. Yo estaba ansioso por darle a la historia un aire burlesco y canalla. Alfonso se negó y enloqueció delante de una tienda de brigadeiros que por cierto, es uno de los postres más característicos de Brasil. Se preparan con leche condensada enrollada en chispas de chocolate. Los más tradicionales llevan cacao en polvo, pero puedes comprarlos de muchos sabores, desde coco hasta maracuyá y limón siciliano. La gente suele comprar enormes bandejas de brigadeiros para fiestas de cumpleaños o eventos festivos. Mi amigo médico siempre compraba 5 bandejas , tres para él y dos para los amigos.

         Entre la señora pelirroja de tez morena y yo, existía una relación difícil , llena de altibajos. Mi familia estaba en estado de fusión nuclear, contaminándolo todo con restos emocionales radioactivos. Cada miembro de mi familia se consideraba a sí mismo un ser lleno de verdad. El desarraigo es una cualidad intrínseca del exiliado y mi familia se había convertido en una familia exiliada, portadora de un desarraigo cancerígeno. Cada miembro, tirado con desdén, en la cuneta del destino. La carga radioactiva de un dolor insoportable deja secuelas irreversibles en el alma de todos los implicados. Efectos secundarios de un drama familiar no resuelto. Enquistado y supurante. Muchas veces tapado con vendas estériles pero cuyo hedor era incontestable.

              Por eso resolví que mi viaje había culminado. Tenía doscientas fotos de la ciudad, 18 videos en 4k y tres entrevistas a gente autóctona y pobre de tres ciudades satélites. Suficiente. Mi madre se quedó en casa de Alfonso. Entré en el aparato con alas de una compañía que no recuerdo el nombre, me senté lejos del baño, me abroché los cinturones de seguridad, comprobé las mascarillas de oxígeno y despejé todo de objetos de muerte. Ascendí, por primera vez, profundamente dormido.

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