Las actuaciones elegidas se distribuyen entre 14 países y alcanzan capitales como París, Copenhague, Barcelona, Lisboa, Bruselas, Viena y Varsovia. La selección configura un mapa heterogéneo de arquitecturas, paisajes e intervenciones urbanas que comparten una misma orientación: recuperar antes que demoler, adaptar antes que expandir y devolver a la ciudadanía superficies ocupadas durante décadas por automóviles, instalaciones industriales, recintos ferroviarios o infraestructuras sin utilidad colectiva.
Impulsado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), el Premio Europeo del Espacio Público Urbano reconoce aquellas prácticas capaces de ensanchar el carácter democrático de la ciudad. Su campo de observación rebasa la belleza arquitectónica. Examina cómo una plaza, un jardín, una ribera o un antiguo aeropuerto pueden restablecer vínculos sociales, reparar ecosistemas degradados y garantizar que el espacio compartido sea verdaderamente accesible.
El jurado internacional se reunió los días 2 y 3 de julio bajo la presidencia de la arquitecta Eva Prats, codirectora del estudio Flores & Prats y profesora titular de la Accademia di Architettura di Mendrisio. Participaron como vocales Angelika Fitz, Monika Konrad, Inês Lobo, Bas Smets y Philip Ursprung, mientras que el arquitecto y filósofo Lluís Ortega ejerció como secretario.
La evaluación atendió al alcance social de las propuestas, pero también a su precisión formal, sensibilidad material y calidad espacial. Los 25 trabajos seleccionados se incorporarán al catálogo de 2026 y al Archivo del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, una plataforma digital que reúne las obras más relevantes presentadas desde la fundación del certamen.
Recuperar la ciudad existente
La edición plantea una ruptura evidente con la idea de que la renovación urbana exige construir permanentemente desde cero. Varias propuestas parten de estructuras preexistentes y les conceden una función pública distinta. Un antiguo almacén militar de Mannheim, en Alemania, y el mercado histórico de Oporto, en Portugal, han sido rehabilitados como equipamientos capaces de reactivar sus respectivos centros urbanos.
La ciudad aparece aquí como una materia acumulativa, hecha de épocas que pueden dialogar sin que una deba borrar a las anteriores. El patrimonio deja de ser una pieza detenida para asumir una responsabilidad contemporánea: alojar usos públicos, restituir actividad y evitar que la memoria arquitectónica termine reducida a una escenografía sin ciudadanos.
La recuperación de territorios abandonados ocupa otra zona esencial de la selección. Las intervenciones realizadas en Copenhague, Split y Berga favorecen la biodiversidad mediante operaciones de diferente escala. En Kiev, un jardín terapéutico utiliza el paisaje como instrumento de bienestar, reinserción y atención a la salud mental en un territorio golpeado por la guerra. En este caso, el espacio público adquiere una dimensión particularmente delicada: acompañar la reparación humana allí donde el conflicto ha fracturado cuerpos, vínculos y estabilidad emocional.
Las grandes infraestructuras de transporte constituyen otro de los escenarios examinados. Un antiguo recinto ferroviario de Viena, una actuación en París, el nudo viario de las Glòries en Barcelona, la explanada de automóviles de los antiguos muelles de Amberes y el puerto fluvial de Varsovia evidencian el propósito de recuperar para la vida común superficies gobernadas históricamente por la circulación, la logística o la producción.
La misma voluntad se reconoce en el antiguo enclave industrial de Køge, en Dinamarca, y en el aeropuerto de Vicenza, en Italia, rehabilitado como parque ecológico. En Bremen, unas defensas frente a las inundaciones han sido integradas en una extensa playa urbana. La infraestructura mantiene su cometido protector, aunque incorpora una utilidad recreativa y social que modifica su relación con la población.
La escala, sin embargo, no determina la relevancia de una intervención. En Piódão, Portugal, la eliminación de un estacionamiento ha permitido recuperar la plaza principal. Methana, en Grecia, y Logroño aportan acciones efímeras mediante la adaptación de una fuente y una rotonda como baños públicos. Son operaciones modestas frente a la magnitud de un aeropuerto o un recinto ferroviario, pero introducen una pregunta decisiva: cuánto espacio urbano permanece sometido a usos asumidos como inevitables hasta que una actuación temporal demuestra que podrían ser otros.
Naturaleza, patrimonio y accesibilidad
El bosque urbano dispuesto frente al Ayuntamiento de París y las intervenciones ejecutadas en dos plazas de Bruselas articulan una relación respetuosa con el patrimonio de ambas ciudades. Esa atención también aparece en proyectos más específicos, como Patio Interior, en Inca, y la actuación destinada a mejorar la accesibilidad del Bosque del Castillo de Lisboa.
La accesibilidad universal atraviesa el conjunto de la convocatoria como una condición política. Una ciudad puede exhibir parques, plazas y paseos de indudable calidad estética y continuar excluyendo a parte de sus habitantes. El espacio público empieza a cumplir su función democrática cuando puede ser utilizado por cuerpos, edades y capacidades diferentes sin transformar el acceso en una carrera de obstáculos.
La selección amplía además la noción de patrimonio hasta incluir los sistemas naturales. Un proyecto protege el principal espacio público verde de Basilea; otro recupera los torrentes efímeros de la isla griega de Íos. La restauración del río Mark en Breda y el corredor verde del río Leça en Matosinhos devuelven protagonismo urbano a cursos fluviales tratados durante demasiado tiempo como márgenes, barreras o canales subordinados al crecimiento de la ciudad.
Estas intervenciones permiten advertir un desplazamiento intelectual. La naturaleza ya no comparece como adorno colocado al final de la planificación, sino como una infraestructura capaz de regular temperaturas, amortiguar inundaciones, favorecer la biodiversidad y sostener formas más saludables de convivencia. La ciudad contemporánea comienza a comprender que su supervivencia depende de aquello que durante décadas relegó o domesticó.
Veinticinco años observando Europa
El Premio Europeo del Espacio Público Urbano cumple 25 años después de doce ediciones, cerca de 2.800 proyectos recibidos y la participación de 43 países pertenecientes al Consejo de Europa. Esa trayectoria constituye un archivo privilegiado para analizar cómo han cambiado las prioridades urbanas del continente.
La ciudad europea conserva, pese a su diversidad, algunos rasgos compartidos: escala humana, estructura compacta y coexistencia de usos. Dentro de ese modelo, el espacio público funciona como lugar de encuentro y como escenario donde se hacen visibles las relaciones políticas, económicas y sociales. Su diseño nunca es neutral. Establece quién puede permanecer, circular, encontrarse o reconocerse dentro de la ciudad.
El premio cuenta con una red institucional integrada por Arc en Rêve de Burdeos, el Architekturzentrum Wien de Viena, ArkDes de Estocolmo, la Cité de l’Architecture et du Patrimoine de París, KANAL Architecture de Bruselas, el Deutsches Architekturmuseum de Fráncfort, el Eesti Arhitektuurimuuseum de Tallin, el Kortárs Építészeti Központ de Budapest, el Muzej za Arhitekturo in Oblikovanje de Liubliana y The Architecture Foundation de Londres. Este consejo asesor refuerza la dimensión europea de una convocatoria concebida para identificar intervenciones dispersas y ponerlas en conversación.
El 9 de septiembre se anunciarán los cinco proyectos finalistas. Sus equipos defenderán públicamente las propuestas el 14 de octubre en el CCCB ante el jurado internacional. El ganador se conocerá el día 15 durante la ceremonia de entrega prevista en la misma institución barcelonesa.
Los 25 proyectos seleccionados en 2026 no ofrecen una fórmula única para resolver las contradicciones de la ciudad europea. Presentan respuestas ajustadas a geografías, memorias y conflictos diferentes. Su punto de encuentro reside en una convicción: el espacio público no es la superficie residual que queda entre los edificios, sino el territorio donde una sociedad materializa su idea de ciudadanía. Abandonarlo a la especulación, al automóvil o a la inercia equivale a renunciar a una parte de la democracia. Recuperarlo significa decidir, desde la arquitectura y el paisaje, qué vidas merecen ocupar la ciudad.
Los 25 proyectos seleccionados
De las 381 propuestas recibidas, el jurado internacional ha escogido estas 25 intervenciones, entre las que se decidirán los cinco proyectos finalistas de la edición de 2026:
- Zuidpark — Amberes, Bélgica, 2024.
- Catalan Glories Square — Barcelona, España, 2025.
- Winkelried Square — Basilea, Suiza, 2023.
- The Nieuwe Mark — Breda, Países Bajos, 2025.
- Waller Sand Bremen — Bremen, Alemania, 2023.
- Greening of Flagey and Sainte-Croix Squares — Bruselas, Bélgica, 2025.
- Microdams — Chora, Íos, Grecia, 2025.
- Grønningen-Bispeparken (Bishop’s Park) — Copenhague, Dinamarca, 2024.
- Public Courtyard — Inca, España, 2024.
- Therapeutic Garden at the Expocenter — Kiev, Ucrania, 2025.
- South Harbor in Køge Kyst — Køge, Dinamarca, 2022.
- Graça Funicular — Lisboa, Portugal, 2024.
- Round About Baths — Logroño, España, 2025.
- U-Hall — Mannheim, Alemania, 2023.
- Leça Green Corridor — Matosinhos, Portugal, 2024.
- Public Thermal Bath — Methana, Grecia, 2025.
- El Pla de l’Italià — Olvan, España, 2025.
- Wild Square – Petite Ceinture — París, Francia, 2021.
- Urban Forest of the City Hall Esplanade — París, Francia, 2025.
- Square and Tourism Office — Piódão, Portugal, 2022.
- Bolhão Market Rehabilitation — Oporto, Portugal, 2022.
- Žnjan 3.0 — Split, Croacia, 2025.
- Peace Park — Vicenza, Italia, 2025.
- Free Center: Versatile Edge, Vienna North Station — Viena, Austria, 2025.
- Żerański Park — Varsovia, Polonia, 2025.








