Las redes sociales, su impacto en la salud mental de los adolescentes y la serie “Adolescencia”
La serie “Adolescencia” ha abierto un intenso debate acerca de los nuevos códigos que usan los adolescentes varones para comunicarse en el entorno virtual. En la serie británica, un chico de 13 años asesina a su compañera de clase por no acceder a tener relaciones sexuales. Lo más triste de esta historia es que recrea hechos reales en el Reino Unido. Se ha puesto al descubierto un mundo oculto de las redes sociales donde la misoginia y la violencia se enmascara con un glosario oscuro y extremista que incluye términos como: “incel”(célibes involuntarios que odian las mujeres), “hipergamia”(la supuesta preferencia femenina por parejas con mayor estatus socioeconómico), la llamada regla del 80:20 (una teoría sin base lógica que afirma que el 80% de las mujeres solo se sienten atraídas por el 20% de los hombres más deseables) enmarcados en la “manoesfera”(comunidad de hombres misóginos y antifeministas). Todo este ecosistema ajeno en muchas ocasiones al control parental, genera un clima de violencia e incertidumbre que envuelve la falta de responsabilidad de unos padres ajenos a este fenómeno que alimenta un horizonte donde nuestros adolecentes, ansiosos del sentido de pertenencia y validación, se ven envueltos en una vorágine absurda de autodestrucción y de violencia extrema hacia sus propios semejantes, en un proceso potenciado por la falta de regulación eficiente de su acceso a las redes sociales. En la última década, la tecnología ha transformado de forma radical la manera en que los adolescentes interactúan, se informan y construyen su identidad sin darles tiempo a procesar los riesgos y las consecuencias de entrar en un entorno virtual con insuficiente madurez y capacidad de discernimiento. Este fenómeno global ha generado una alarma justificada acerca de su impacto en el desarrollo sano de los jóvenes. En España, como en muchos otros países, la integración de estas plataformas en la vida diaria plantea tanto oportunidades como desafíos, lo que exige una reflexión profunda sobre sus beneficios, riesgos y el camino hacia una regulación que proteja a la población adolescente sin obstaculizar el potencial de la innovación.



