“Pródigo” entra en Matadero Madrid en busca de la parábola de una familia narcisista y desmembrada
En la penumbra de la Nave 10 del Matadero madrileño, resucita un eco antiguo: la voz del hijo pródigo se levanta entre luces de neón y carne empaquetada. Ya no hay desierto ni higuera, ni túnica desgarrada, sino un escaparate frigorífico, un matadero simbólico donde la sangre huele a detergente y las culpas se lavan con la publicidad de las noches festivas. Eva Mir ha invocado la vieja parábola y la ha fundido con el ruido eléctrico del presente: su “Pródigo” es un espejo barroco y pop, donde el hijo que se va no busca perdón, sino una grieta en la realidad por donde escapar del amor que mata en el espacio de una familia desmembrada.. La obra podrá apreciarse hasta el 19 de octubre.



