Emprender desde la desigualdad: los obstáculos estructurales que enfrentan las mujeres emprendedoras en un mundo globalizado
La palabra emprendimiento se pronuncia hoy con la facilidad de un eslogan, pero su realidad material sigue siendo áspera, desigual y profundamente política. Cuando el sujeto que emprende es una mujer, esa aspereza no se explica solo por las curvas del mercado o la incertidumbre inherente a toda innovación: se explica por una arquitectura social que distribuye el riesgo, el tiempo y la legitimidad de forma asimétrica. Emprender, para muchas mujeres, no es únicamente fundar una empresa: es negociar con una estructura que exige audacia en un cuerpo social al que, todavía, se le educa para pedir permiso.



