El precio de la lealtad (o la traición como moneda de cambio)
Rocío Dúrcal cantaba aquello de que el amor estaba en el aire. Era una época optimista, casi analógica, donde las distancias se medían en kilómetros y los compromisos se sellaban con la mirada. Ahora uno sale a la calle en la gran ciudad, respira hondo y lo que nota en el ambiente es una sustancia completamente distinta: una ligera humedad de traición. Una sensación extraña, similar a ese olor a tierra mojada que precede a la tormenta, pero a nivel emocional. Flota en los portales, en las terrazas de moda y en las salas de espera. Sabes que va a llover, sabes que te vas a mojar, pero caminas desprotegido porque la intemperie es la única opción disponible.
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