La pintura exige a Juana González una negociación prolongada. Las sesiones se extienden mientras trabaja la materia y busca un equilibrio entre las figuras que construyen el relato y la autonomía del color y de la pincelada. ‘Indómita pintura’ toma su nombre de esa dificultad para gobernar el proceso: la imagen se desarrolla mediante un pulso cuya resolución requiere tiempo e intuición. Las piezas concebidas específicamente para sus salas permiten examinar una nueva dimensión espacial de su producción. Por primera vez, el recorrido incorpora construcciones complejas de carácter escultórico e instalativo que establecen relaciones con la arquitectura del edificio, junto a sus pinturas de gran formato.
En ese repertorio confluyen la composición barroca, la intensidad neoexpresionista y las asociaciones del postsurrealismo. La figura humana, con especial protagonismo de las mujeres, organiza escenas en las que lo familiar admite presencias y situaciones extrañas. La narración conserva importancia, aunque su sentido permanece abierto a la imaginación de quien observa.
Las referencias de González enlazan épocas y disciplinas. Velázquez, Goya y El Greco forman parte de un horizonte que incluye el cine de Luis Buñuel y David Lynch y la pintura de Neo Rauch. Su gestualidad libre y su figuración ajena a las convenciones académicas permiten reconsiderar ese legado desde un lenguaje propio, donde la fuerza formal participa en la construcción de las historias.
Fernando Castro Flórez sitúa en la serie ‘Constructoras’, realizada entre 2012 y 2013, un antecedente significativo de esta práctica. Su lectura destaca la teatralidad de los cuadros y la presencia de la magia y la rebeldía femenina en los dibujos. Para el comisario, esas imágenes interpelan la capacidad de concebir un mundo diferente y dan expresión a deseos que conservan su incertidumbre. La referencia goyesca a los sueños de la razón introduce, además, la relación entre imaginación y experiencia traumática que reconoce en su trabajo.
La artista rechaza que una explicación exclusivamente racional agote el significado de sus composiciones. Considera ese enfoque restrictivo y defiende la intuición como una forma de conocimiento. Su posición concede al espectador un margen de interpretación emocional y subconsciente, sin imponer una lectura única de cada pieza. La resistencia a las categorías cerradas afecta así tanto al proceso de creación como a la manera de aproximarse a sus resultados.
Ese método tendrá una vertiente compartida los días 13 y 14 de noviembre. González impartirá ‘Herramientas para potenciar tu imaginación y creatividad’, dentro del ciclo Talleres de artista de CentroCentro. La actividad propone explorar recursos de su práctica para estimular la invención, desprenderse del apego a la realidad y elaborar universos personales. La información y las inscripciones estarán disponibles en la web del centro.
Nacida en Puertollano, Ciudad Real, en 1972, González ha expuesto en la Sala Robayera, el Centro de Arte Alcobendas, el Instituto Cervantes de Múnich y el Musée des Beaux-Arts de La Chaux-de-Fonds. Su producción está presente en la Colección Solo, la Colección Oliva Arauna, la del Gobierno de Cantabria y la del Museo de Arte Contemporáneo del Ayuntamiento de Madrid, entre otras. En 2025 recibió el reconocimiento al mejor artista español presente en ARCOmadrid concedido por Artepuntoes, revista del Instituto de Arte Contemporáneo.
El comisariado aporta la perspectiva de Fernando Castro Flórez, nacido en Plasencia en 1964, profesor titular de Estética de la Universidad Autónoma de Madrid y crítico de ‘ABC Cultural’. Autor de ensayos y monografías sobre arte contemporáneo, ha pertenecido al comité asesor del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y ha comisariado exposiciones dedicadas a Miró, Picasso, Dalí, Warhol, Francis Bacon y Anselm Kiefer.
‘Indómita pintura’ plantea una cuestión que excede la clasificación de sus recursos expresivos: qué lugar queda para la intuición cuando se exige a las imágenes una explicación concluyente. González concede valor a ese espacio de incertidumbre. El recorrido permite acercarse a una práctica que sostiene su capacidad narrativa sin clausurar lo que cada espectador puede imaginar.









