La exposición traza un recorrido internacional por un movimiento que nació al margen de los circuitos culturales tradicionales y que, con el paso del tiempo, ha redefinido las relaciones entre creación artística, espacio público y ciudadanía. A través de un relato estructurado, se analizan los hitos fundamentales de su evolución, atendiendo tanto a sus orígenes clandestinos como a su progresiva entrada en museos, galerías y colecciones, sin eludir las tensiones que aún hoy atraviesan su definición.
Comisariada por Patrizia Cattaneo Moresi, la muestra reúne más de 60 obras de algunos de los artistas más influyentes del arte urbano a nivel internacional. El conjunto incluye piezas de Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Crash, SEEN, Blek le Rat, Miss.Tic, Invader, RAVO, OBEY, JR, Os Gêmeos, Vhils, así como de los españoles SUSO33, El Xupet Negre y PichiAvo, entre otros. Un repertorio diverso que abarca distintas épocas, técnicas, soportes y lenguajes.
El itinerario expositivo se articula en cinco grandes etapas cronológicas que permiten comprender la transformación progresiva del arte urbano. A este recorrido se suma un apartado monográfico dedicado a Banksy, figura clave para entender la dimensión mediática, simbólica y política del arte urbano en el siglo XXI. Como cierre, la exposición plantea un espacio de reflexión en torno a qué puede considerarse hoy arte urbano, invitando a debatir sobre sus límites, su dependencia del contexto y su relación con la legalidad.
El recorrido se inicia en los orígenes del movimiento, situados a finales de los años sesenta en la periferia de Nueva York. En ese momento, el grafiti surge sin pretensiones artísticas, como una práctica ligada a la visibilidad y la afirmación identitaria. La firma —el tag— evoluciona rápidamente hacia un sistema complejo de códigos visuales, estilos y estrategias de ocupación del espacio público, convirtiendo la ciudad y sus infraestructuras en un territorio simbólico en disputa. Esta apropiación del entorno urbano responde a realidades sociales marcadas por la marginalidad, la desigualdad y la exclusión.
Durante la década de 1980, el arte urbano comienza a establecer un diálogo con el sistema del arte contemporáneo. Museos, galerías y coleccionistas empiezan a interesarse por unas prácticas que, sin renunciar a su carga crítica y subversiva, revelan una notable fuerza estética y conceptual. Este proceso, atravesado por fricciones y debates, amplía los lenguajes, técnicas y soportes del movimiento y sienta las bases para su reconocimiento institucional.
Con su llegada a Europa, en ciudades de fuerte peso histórico y cultural, el arte urbano incorpora nuevas herramientas expresivas: el esténcil, la intervención monumental, la poesía visual o la cita artística. El muro deja de ser únicamente un espacio de confrontación para convertirse también en un lugar de diálogo con la arquitectura, la memoria colectiva y la identidad urbana.
Desde el año 2000, la disciplina experimenta una expansión global sin precedentes. La diversidad de enfoques y lenguajes configura un panorama extraordinariamente plural, potenciado por la irrupción de internet y las redes sociales, que transforman radicalmente los modos de difusión y recepción. Las obras ya no existen solo en el espacio físico donde se producen: se reproducen, circulan y se reinterpretan, alcanzando una visibilidad internacional inmediata y siendo percibidas por un público cada vez más amplio como arte.
En este sentido, Arte urbano. De los orígenes a Banksy propone más que un relato lineal. Construye un mapa de conexiones, influencias y desplazamientos que da cuenta de la riqueza formal, la calidad plástica y la diversidad de un fenómeno en constante mutación. La exposición pone también sobre la mesa una cuestión central y aún abierta: la frontera difusa entre creatividad e ilegalidad, una tensión constitutiva del arte urbano que sigue planteando interrogantes sobre su naturaleza y su lugar en la cultura contemporánea.









