Su liderazgo transformador cuenta con muchos hitos, como ser el primero en ofrecer asesoramiento preventivo en la feria 1001 Bodas o regalar la versión digital de su libro Juntos o separados, pero felices. ¿Cuál fue el primer momento de su carrera en el que sintió que debía dar un paso más allá para cambiar la manera de entender la abogacía?
Fue al darme cuenta de que el asesoramiento jurídico siempre llegaba tarde. Las parejas acudían al despacho cuando la relación ya estaba rota y el daño, en muchos casos, era irreversible. Sentí que no podíamos limitarnos a apagar incendios; debíamos enseñar a prevenirlos. Por eso decidí salir del despacho tradicional para concienciar desde la base sobre la necesidad de construir familias de manera consciente y contribuir a reducir el gran peaje de acabar teniendo dependencia de un asesoramiento que llega tarde.
Usted equipara el asesoramiento preventivo familiar con la medicina: es mejor actuar a tiempo para evitar conflictos. Tras escuchar tantas historias, ¿qué gran lección ha aprendido sobre la capacidad de evitar divorcios contenciosos actuando antes de que estallen?
He aprendido que el conflicto no nace de un día para otro, sino de una acumulación de tensiones y malentendidos no resueltos. La gran lección es que una intervención a tiempo, ya sea jurídica o psicológica, puede ahorrar malas decisiones, conflictos y sufrimiento. Al igual que en la medicina curar es más costoso y doloroso que prevenir, en el derecho de familia evitar un juicio contencioso protege el patrimonio, la salud mental y, sobre todo, la infancia de los hijos.
Apuesta firmemente por el asesoramiento integrativo, defendiendo que en una separación la familia se transforma, pero no debe destruirse. ¿Cómo logra que sus clientes entiendan que el éxito no es “ganar” al cónyuge, sino adaptar la regulación a las necesidades de todos, especialmente de los hijos?
El primer paso es desterrar la terminología bélica del divorcio. Les hago ver que pretender ‘ganar’ implica que alguien debe perder, y si en una familia alguien pierde, al final pierden todos. Les ayudo a cambiar el foco: el objetivo no es derrotar al otro, sino reorganizar la estructura familiar para que sea viable, justa y saludable, garantizando que los hijos mantengan su derecho a una infancia segura y feliz sin injerencias de una mala gestión familiar de sus progenitores.
Ha impulsado un vídeo pionero de sensibilización contra el daño familiar para visibilizar el sufrimiento que padecen los menores en las rupturas contenciosas. ¿Qué caso o momento de su carrera le demostró que esta labor de protección infantil era absolutamente vital?
No fue un caso aislado, sino la repetición constante de situaciones dantescas. Ver a padres utilizando a sus hijos como moneda de cambio o como armas arrojadizas en los juzgados me impactó profundamente. Me di cuenta de que muchos no eran conscientes del daño irreparable que causaban. El vídeo nació de la necesidad urgente de mostrar ese dolor y advertir que la prioridad absoluta debe ser siempre blindar a los niños frente al conflicto de los adultos. Incluso, en ocasiones, el entorno es el que potencia la tensión y anima a la confrontación, y se acaba normalizando que las familias, cuando se separan, se traten mal. Es muy importante concienciar para reducir la tensión.
Su método de trabajo exige reducir la tensión antes de tomar decisiones relevantes, sosteniendo que la mediación no es efectiva con alta conflictividad. ¿Cuál ha sido el gran punto de inflexión en su carrera para afianzar este modelo de pacificación?
El punto de inflexión fue observar cómo mediaciones teóricamente bien planteadas fracasaban porque las partes, en la práctica de su día a día, seguían ancladas en el rencor y la hostilidad. Comprendí que no se puede negociar desde la ira o el miedo. Tuve que ‘desaprender’ la inmediatez del trámite legal para incorporar herramientas de gestión emocional. Primero hay que rebajar la tensión y crear una mediación en un contexto respetuoso; solo cuando se reduce la tensión aflora la capacidad real de entendimiento. La mediación con niveles elevados de tensión, pues, no es efectiva: o no se consigue un acuerdo o el acuerdo está muy condicionado.
Sus objetivos profesionales están muy bien definidos en tres fases: a corto plazo busca reducir la tensión y desjudicializar las relaciones; a medio plazo, prevenir controversias con asesoramiento; y a largo plazo, fomentar la educación y la concienciación familiar. ¿Podría desarrollarnos un poco más cómo se estructuran y qué impacto espera lograr con cada uno de estos proyectos?
A corto plazo, nuestra prioridad es resolver las controversias actuales reduciendo la tensión y fomentando el mutuo acuerdo para desjudicializar las relaciones familiares. A medio plazo, buscamos ir un paso por delante: instaurar un asesoramiento preventivo y constructivo que refuerce a las familias antes de que surjan los problemas, minimizando el daño y la dependencia de acudir a los tribunales al límite. Finalmente, a largo plazo, el gran objetivo es educacional: concienciar desde el origen para normalizar la creación de relaciones familiares saludables que sepan gestionarse siempre desde la consciencia, la libertad y el respeto mutuo.
En un país donde más del 60 % de los matrimonios acaban en divorcio, ¿cómo ha cambiado su propia manera de entender el amor, el compromiso y el propio concepto de familia tras años de ejercicio?
Me ha enseñado que el amor verdadero no es posesión ni resignación. El matrimonio no es un contrato indisoluble que deba mantenerse a cualquier precio, sino una elección diaria y libre. El divorcio no es un fracaso; el verdadero fracaso puede ser mantener un matrimonio infeliz por miedo o conveniencia. El concepto de familia hoy es diverso y dinámico, y el compromiso real es tratarnos con respeto, estemos juntos o separados.
Su iniciativa propone democratizar y humanizar el derecho de familia, basándose en una máxima muy clara: “Un matrimonio no es libre si el divorcio no es accesible”. Este enfoque ha logrado una difusión mediática sin precedentes en el sector a nivel nacional e internacional. ¿Qué refleja de nuestra sociedad el hecho de que este mensaje haya despertado tantísimo interés?
Refleja que existía una necesidad social no cubierta. La gente estaba harta de ver el divorcio como un lujo o un tabú estigmatizante. El interés mediático demuestra que la sociedad demandaba un mensaje claro y desdramatizado: el divorcio no es un capricho, es una necesidad. Hacerlo accesible económicamente y cercano humanamente tocó una fibra sensible porque liberó a muchas personas del miedo a no poder cambiar sus vidas. De ahí una de las frases que mejor define mi trabajo: ‘un matrimonio no es libre si el divorcio no es accesible’.
¿Qué herramientas aplica cuando gestiona una crisis de pareja o cuando lidera su propio equipo?
Principalmente, la escucha activa y la empatía. En el despacho, no nos limitamos a escuchar demandas jurídicas; escucho miedos, frustraciones y necesidades no expresadas. En mi equipo, aplico la misma filosofía: fomento la comunicación, el respeto y la búsqueda de soluciones constructivas frente a los bloqueos. A veces se trata de entender qué necesita realmente la persona que tienes enfrente, más allá de lo que dice con palabras, para que, si decide separarse o divorciarse, se pueda gestionar de la manera más saludable e integrativa posible. No hay que adaptar la vida familiar a estrictos conceptos legales, sino todo lo contrario: adaptar la regulación legal a las necesidades familiares concretas, muy especialmente a las de los menores.
Acaba de sumar el premio de innovación jurídica del ICAM 2026 a otros galardones previos que, con este, suman ocho en su carrera profesional. Más allá de estos grandes reconocimientos, ¿qué logro cotidiano de su trayectoria atesora con mayor orgullo?
Los premios son un gran honor y validan este proyecto, pero mi mayor orgullo cotidiano es cuando una pareja que llegó al despacho llena de tensión y reproches logra firmar su convenio de mutuo acuerdo y se despide de forma cordial. Saber que esa familia ha evitado un juicio traumático y que esos niños tendrán unos padres que se respetan es el mayor logro que puedo alcanzar. Un acuerdo siempre se aplica mejor en la práctica que una sentencia después del peaje de un juicio contencioso. Cada caso no es un caso más: es la vida de una familia y con esa importancia se valora. Conseguir un acuerdo para una familia que lo necesita, contribuir a prevenir conflictos, situaciones límite o violencias es el mayor logro.
Mirando al colegiado 85.585 del ICAM que empezaba su carrera y al referente en derecho de familia que es hoy, ¿qué consejo cree que se daría a sí mismo aquel joven abogado?
Le diría: ‘No tengas miedo a ser diferente’. Al principio, la inercia del sistema te empuja a actuar como los demás y seguir el modelo tradicional. Le aconsejaría que confiara plenamente en su intuición de que hay otra forma de hacer las cosas y que nunca pierda el lado humano de la profesión, por mucha resistencia que encuentre en el camino. Todos los abogados son valiosos, necesarios y compatibles. Mi forma de enfocar el derecho de familia y ciertas iniciativas han contribuido a mejorar y hacer evolucionar el sector y los derechos de los consumidores y usuarios y, lo más importante en derecho de familia, los de las propias familias.
Su labor en la construcción consciente de familias saludables le ha situado en la Lista de los 15 mejores proyectos de liderazgo transformador Urban Beat 2026. En una sola idea, ¿qué significa para usted liderar la transformación de la sociedad desde su ámbito profesional y humano?
Significa empoderar a las personas y los proyectos innovadores. Todos somos agentes de cambio con nuestras pequeñas y grandes decisiones, actitudes e iniciativas. Se trata de darles a las personas las herramientas, la información y la accesibilidad para que sean dueñas de su propia vida afectiva y familiar, ayudándolas a construir relaciones basadas en la consciencia y la libertad, y garantizando que, si deciden separarse, puedan hacerlo con dignidad y respeto.









