La contradicción resulta brutal: después de haberle negado cuidados adecuados, las autoridades autorizaron su excarcelación temporal en mayo de 2026 para tratar una salud gravemente deteriorada. La Nobel de la Paz de 2023 seguía fuera de prisión a comienzos de octubre, bajo el riesgo de ser encarcelada de nuevo.
Escrita durante su reclusión, la autobiografía salió de prisión en fragmentos, con ayuda de compañeras de cautiverio y personas de confianza que hicieron posible su publicación. Su marido, el periodista y activista Taghi Rahmani, presentará el libro, publicado en castellano por Finestres Ensayos, junto a Fariba Ehsan el 3 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Noruega fue el destino del manuscrito. Su llegada prolongó fuera de los muros una tarea iniciada en prisión: conservar la experiencia de Mohammadi y hacerla accesible a otros. La colaboración de personas próximas permitió contrarrestar el aislamiento y sostener una denuncia que las restricciones carcelarias dificultaban.
El subtítulo, ‘Mi lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en Irán’, vincula la memoria personal con una cuestión pública: cómo la represión modifica la vida de quienes se oponen a ella. Desde esa perspectiva, el relato permite examinar el alcance cotidiano del castigo, más allá del lenguaje judicial con el que se pretende legitimarlo.
Las memorias adoptan una estructura próxima al diario carcelario, interrumpida por periodos de libertad. Los recuerdos acompañan las reflexiones sobre el compromiso y los episodios de reclusión. La discontinuidad importa. Una vida sometida a detenciones sucesivas pierde la facultad de organizar su propio tiempo; proyectos y relaciones quedan pendientes de decisiones tomadas por otros. La escritura vuelve sobre esas fracturas para darles un lugar en la memoria. El relato se enfrenta así a otra consecuencia del encierro: la dificultad de sostener una continuidad personal.
La dureza de las condiciones de escritura exige diferenciar el testimonio de la violencia y su valoración literaria. Embellecer el sufrimiento entraña un riesgo: desplazar la atención desde los responsables del castigo hacia la fortaleza de quien lo soporta.
Mohammadi nació el 21 de abril de 1972 en Zanján. Estudió Física, trabajó como ingeniera y ejerció el periodismo; su biografía incluye también el alpinismo. Son dimensiones que interrumpen la imagen inmóvil de la heroína y restituyen una formación, unos intereses y una vida que la persecución alteró.
Su labor en el Centro de Defensores de los Derechos Humanos, cofundado por Shirin Ebadi, relaciona su trayectoria con la protección de los presos políticos. La oposición a la pena de muerte, la libertad de expresión y los derechos de las mujeres constituyen compromisos sostenidos. Desde ellos se cuestiona la potestad de un Estado para disponer del cuerpo y la palabra de sus ciudadanos. La exigencia democrática comienza precisamente donde una autoridad pretende decidir qué vidas pueden disentir sin sufrir represalias.
Su vinculación con ‘Mujer, Vida, Libertad’ debe entenderse dentro de una movilización colectiva. La muerte de Jina Mahsa Amini en 2022 dio una proyección internacional decisiva a las protestas, de las que Mohammadi es una figura destacada. Su protagonismo adquiere sentido junto a quienes han reclamado derechos sin disponer de una atención internacional comparable. La autobiografía ofrece una perspectiva sobre esa experiencia compartida sin agotar la historia de las mujeres que participan en ella.
‘Tortura blanca’, publicado en castellano por Alianza Editorial en 2023, ofrece un antecedente necesario. Mohammadi recogió allí testimonios de mujeres sobre la violencia penitenciaria. Las nuevas memorias sitúan en primer término su propia experiencia. Entre escuchar y narrarse existe una continuidad política: impedir que el encierro prive a las víctimas de interlocutores, conservando las circunstancias particulares de cada testimonio.
La maternidad y la separación de sus hijos sitúan el conflicto en una intimidad que los reconocimientos públicos apenas pueden rozar. La persecución modifica la posibilidad de convivir, de mantener una relación familiar y de compartir el tiempo. Ali y Kiana Rahmani representaron a su madre en la ceremonia del Nobel en Oslo y leyeron su discurso. La escena reunió el prestigio de una institución y la ausencia de la homenajeada. Sus palabras llegaron donde ella no pudo estar.
En 2023 recibió también el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano, compartido con Niloofar Hamedi y Elaheh Mohammadi. Antes habían llegado el Alexander Langer en 2009, el Per Anger en 2011 y el de Derechos Humanos de Weimar en 2016. Estos reconocimientos documentan una atención internacional prolongada, anterior al Nobel. La detención de diciembre de 2025 vuelve especialmente incómoda la distancia entre el reconocimiento acumulado y la persistencia de la persecución.
Examinar esa distancia exige preguntarse qué lugar ocupan los derechos humanos en las relaciones con Irán. La solidaridad pierde consistencia cuando la denuncia de la represión se activa o se atenúa según las alianzas diplomáticas. También cuando se invoca el sufrimiento de la población para justificar intervenciones militares que ponen en peligro sus vidas. Defender a las mujeres iraníes compromete un criterio que debe sostenerse frente a las autoridades que las persiguen y ante quienes pretenden decidir su futuro desde fuera.
El encuentro de Rahmani y Ehsan en Madrid comenzará a las 19:00 horas del martes 3 de noviembre de 2026. El periodista estará disponible para entrevistas ese día. La presentación permitirá abordar las circunstancias de escritura del libro y la dimensión familiar de una persecución que sus allegados también han vivido.
El título del libro formula una persistencia, pero también debería incomodar a quienes lo reciben desde una libertad asegurada. Que una mujer nunca deje de luchar no puede ser la solución que el resto del mundo encuentre para su abandono. La admiración resulta insuficiente cuando descarga sobre la perseguida toda la obligación de resistir. Una lectura atenta comienza por reconocer su voluntad y continúa al preguntar qué hacemos con aquello que ya sabemos.









