La presentación reunió a Muñoz Machado, director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), a Paz Battaner, directora de esta edición, y a los directores y presidentes de las otras academias de la ASALE, junto con su secretario general. El encuentro comenzó con un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido el 28 de octubre en Toledo. En su recorrido por la historia lexicográfica académica, el director de la RAE vinculó la publicación con los trescientos años del primer volumen del ‘Diccionario de autoridades’, aparecido en 1726; la edición anterior, de 2014, había acompañado la conmemoración del tricentenario de la institución.
Battaner situó el límite del trabajo en una distinción necesaria: quienes elaboran un diccionario pueden explicar el significado y el empleo de las palabras hasta un momento determinado, pero carecen de la facultad de anticipar su futuro. De ahí la necesidad de revisar la obra para que siga siendo útil. Esa cautela ofrece una medida exigente para leer esta edición. La autoridad del diccionario se juega en la precisión con que describe una lengua que continúa cambiando mientras se la estudia. Cada acepción ordenada, cada uso localizado y cada ejemplo elegido debe ayudar al lector a comprender lo que otros dicen; el porvenir de esas palabras seguirá en manos de quienes las hablan.
El cambio afecta a una experiencia cotidiana: buscar una palabra y decidir qué sentido corresponde a lo que acabamos de leer o escuchar. Hasta ahora, la disposición de las acepciones respondía a criterios como la categoría gramatical o las marcas geográficas y técnicas. La nueva organización las agrupa y jerarquiza según su uso y sus relaciones semánticas. El lector encontrará otra secuencia dentro del artículo, una forma distinta de recorrer los significados que conviven bajo una misma voz.
También cambia la presentación de las entradas que reúnen formas masculinas y femeninas: ‘técnico, técnica’ sustituye a ‘técnico, ca’. La escritura completa de la forma femenina evita que el lector tenga que reconstruirla a partir de su terminación. Esa voluntad de hacer más explícita la consulta alcanza a la localización del vocabulario: las marcas generales ‘América’, ‘América Meridional’, ‘América Central’ y ‘Antillas’ dan paso a indicaciones de los países correspondientes.
Precisar dónde se emplea una voz permite leer con mayor detalle una lengua compartida. La edición reúne 20 672 acepciones con marcas de países americanos. Entre las incorporaciones figuran ‘cocotaxi’, en Cuba; ‘corillo’, en Puerto Rico; ‘motoconcho’, en República Dominicana, y ‘puntabola’, en Bolivia. ‘Bicisenda’ se registra para Argentina, Paraguay y Uruguay, mientras ‘acitronar’ aparece vinculado a México. La geografía del español se reconoce aquí en los desplazamientos cotidianos, la conversación y la cocina, mediante palabras cuyo ámbito de uso queda identificado con mayor precisión.
Las intervenciones de los responsables de las academias durante la presentación trasladaron esa diversidad al acto. Cada uno leyó una voz escogida entre las incorporaciones y considerada representativa de su país. Sonaron, entre otras, ‘asere’, ‘merkén’, ‘chepibe’, ‘chivito’, ‘nenequear’ e ‘hispanounidense’.
El vocabulario añadido ofrece, además, un registro de las preocupaciones y prácticas que buscan nombre en el presente. ‘Basuraleza’, ‘ecoansiedad’ y ‘turistificación’ remiten a asuntos ambientales y urbanos; ‘ciberamenaza’ y ‘ciberseguridad’ describen riesgos y respuestas del entorno tecnológico. Se incorporan ‘app’, ‘post’, ‘pódcast’, ‘previsualizar’ y ‘resetear’, junto con expresiones como ‘código QR’, ‘inteligencia artificial generativa’ y ‘nativo digital, nativa digital’. El diccionario reúne así palabras con las que se trabaja y se participa en la vida pública, incluidas aquellas que permiten discutir los efectos de la tecnología.
Esa actualidad tiene otras escalas. ‘Bipedismo’, ‘bioindicador, bioindicadora’, ‘cardiosaludable’ y ‘superbacteria’ amplían la representación de la ciencia y la salud. ‘Burrata’, ‘miso’, ‘poke’ o ‘poké’, ‘ramen’ y ‘tosta’ entran desde la gastronomía, junto con ‘AOVE’. El repertorio incorpora asimismo ‘influencer’, ‘performativo, performativa’, ‘atrezar’, ‘cámper’, ‘ceramida’ y ‘ortorexia’. Entre las expresiones de varias palabras se añaden ‘bucle magnético’, ‘economía circular’ y ‘fondo de armario’. La convivencia de estos registros evita reducir la renovación del español al lenguaje de las pantallas.
La revisión comprende también nuevas acepciones y modificaciones de artículos e información etimológica. El conjunto de la obra reúne 99 990 artículos y cerca de 209 000 acepciones, con léxico general, usos particulares de los países hispanohablantes y voces de las ciencias, las artes y otras actividades. Conserva vocabulario fundamental documentado desde el siglo XVI, distingue registros comunicativos e incluye extranjerismos, locuciones latinas y elementos para la formación de palabras. A ese conjunto pertenecen 54 829 etimologías, 23 255 acepciones marcadas por especialidad, 24 708 formas complejas o pluriverbales y 85 201 ejemplos. Las cifras describen tareas diferentes: explicar de dónde procede una palabra, delimitar su sentido y ofrecer una situación en la que pueda comprenderse.
La edición digital pasa también a determinar el proceso de elaboración del diccionario impreso. El papel deja de ser el punto de partida del que deriva la consulta en línea: la edición digital proporciona la base de los dos volúmenes publicados por Espasa, que suman 3606 páginas y están disponibles en librerías desde el 21 de octubre. Las novedades en la web, apoyada por la Fundación ”la Caixa”, quedaron accesibles el día de la presentación.
La RAE y las academias de la ASALE trabajan sobre un terreno que se mueve bajo sus pies. Cada transformación de la vida deja una huella verbal: la inquietud por el planeta, las ciudades sometidas al turismo, las tecnologías que modifican nuestras relaciones. Atender a esas corrientes exige una disposición intelectual que también puede entenderse como vanguardia: revisar las herramientas con las que una institución centenaria interpreta su tiempo.
Esta edición ofrece signos concretos de esa voluntad. La base digital, la reorganización de las acepciones y la identificación más precisa de los usos nacionales afectan a la manera de acercarse al español. La tradición conserva su utilidad cuando permite reconocer lo que antes quedaba fuera de foco. Entre ‘asere’ y ‘gordofobia’ cabe una distancia que el diccionario debe aprender a recorrer con atención y rigor.
La Academia ocupa así un observatorio cuya altura depende de mantener abiertas las ventanas. Desde allí escucha palabras que llegan con acentos, conflictos y experiencias diferentes. Su responsabilidad consiste en distinguir qué permanece entre tanto movimiento y describirlo sin borrar sus matices. El diccionario seguirá siendo contemporáneo mientras sus páginas permitan reconocer el mundo que habla al otro lado de sus muros.









