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“Con Filo” es el cuchillo mediático del oficialismo dictatorial cubano: el filo se vuelve contra el mango, en tiempos de hiperconectividad digital

En el panorama mediático cubano, dominado y subyugado por el aparato estatal desde hace más de seis décadas, pocos programas han levantado tanto polvo insulso —y tantas cejas— como “Con Filo”. Emitido por la Televisión Cubana desde el año 2021, este espacio televisivo se ha convertido en uno de los instrumentos más visibles del discurso oficialista para deslegitimar a opositores, activistas, periodistas independientes y, en general, cualquier crítica al régimen imperante. Es una versión muy cateta de lo que se hace en la Europa democrática. Sin acritud.
Con Filo

Ese programa mediocre es conducido por Michel Torres Corona y demás lacayos de poca monta (que tienen de periodistas lo que tengo yo de astronauta). Michel es  un joven comunicador con retórica amellada, según su propia convicción de ególatra revolucionario que ostenta el estandarte de las nuevas generaciones de cubanos  instagramers pagados por el régimen de Canel. Dicho régimen autoritario y ridículo  ha visto un filón en las redes sociales para engrasar aún mejor si cabe, su maquinaria propagandística que, ahora, no contenta con estar obsoleta, recluta a jóvenes afines a su submundo dictatorial comunicativo para minar cual ensañados, con sus doctrinas de odio,  las redes sociales de manera burda, insolente y descarada . La televisión en manos del sistema; los medios escritos, en manos del sistema; la represión pululando, y ahora tocaba enturbiar y corromper las redes sociales de una manera surrealista, por cierto. Este programa tipo píldora cianúrica comunista  embutida por el PARTIDO a sus pobres ciudadanos, es emitido justo antes de la telenovela en la televisión cubana y  se presenta como un “espacio de combate ideológico”, que corta, según sus propias palabras, “con la verdad como filo” sí , ¡Claro! cortan con el mismo filo que han cortado la libertad de expresión; cortan con el mismo filo que han cortado la esperanza de miles de cubanos que se lanzan al Estrecho de la Florida por estar hartos de ser cortados y prefieren ser cortados por tiburones ajenos a doctrinas, cortan con filo los pensamientos disidentes, por cortar, cortan hasta luz, no solo en la pobre Isla secuestrada, sino también su propia luz dado que honestamente corroboran un panfleto elocuente y descarado que ni siquiera, los pseudo-presentadores que lo ostentan , se creen su papel de hijastros revolucionarios de no se sabe que doctrina revolucionaria que asumen porque están comprados por dos duros.  Solo les resta, en su decadencia comunicativa  ir  vestidos con pulóveres tatuados con los cansinos slogans de “Patria o Muerte”,  no hablemos de “Patria o Vida”. Son capaces de acusarnos de  apropiación indebida contrarrevolucionaria de la propiedad intelectual de supuestos gusanos,  verdaderos patriotas como Yotuel Omar Romero Manzanares que les han desmembrado de un plumazo sus slogans de bazofia, a golpe de arte, valor y verdad. Me encantan los gusanos superdotados como Yotuel , me dan arcadas las mariposas afeminadas y sin vuelo próspero como las que siguen la estela de Michel Torres Corona.  A estos supuestos comunicadores se les nota que no les pagan lo suficiente en especie,  dado que parecen fantoches con un acérrimo acento insular en el marco de una producción audiovisual digna de países en guerra,  totalitarios y vencidos, por traicionar a sus propios congéneres. Pero más que cuchillo quirúrgico de la verdad, lo que muchos críticos con sentido común ven en el programa y en este lavado sórdido in extremis de una revolución fallida ,  es un arma carnicera de propaganda baldía, una herramienta  hiriente  de linchamiento mediático cuyo objetivo es deshumanizar al disenso y reafirmar el control ideológico sobre la opinión pública. Sin vuelta de hoja. Vayamos al grano.

El estreno de Con Filo coincidió con un momento álgido en la historia reciente de Cuba: las protestas populares del 11 de julio de 2021. En medio del colapso económico, el desabastecimiento de medicamentos y alimentos, y la represión digital y física contra la ciudadanía, el programa surgió como una respuesta del régimen al creciente cuestionamiento social. Su nacimiento no fue casual, sino estratégico: se trataba de imponer un relato, de retomar el control narrativo en un contexto donde las redes sociales ya no podían ser completamente acalladas.

El formato de Con Filo es sobrio y directo. Su conductor habla a cámara, sin invitados, con el apoyo de imágenes, videos sacados de contexto o intervenidos, y una narrativa que mezcla sarcasmo, lenguaje beligerante y alusiones a una supuesta guerra cultural y política librada desde Miami y Washington contra el “proceso revolucionario cubano” ¡Qué novedad! Tanta originalidad en el discurso, quitaría el aliento a cualquier erudito de la RAE. 

El guion está cuidadosamente diseñado para polarizar: divide el mundo entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, patriotas y traidores, soberanía y sumisión. En ese esquema maniqueo, no hay espacio para la duda o la crítica razonada. Todo cuestionamiento es parte de un plan imperialista. Todo opositor es un mercenario. La originalidad en el discurso, brilla por su ausencia,  y se oscurece al mismo tiempo por ser una falacia del tamaño de una catedral bombardeada durante la segunda guerra mundial, nos quedan, en este punto, pocas metáforas para suavizar todo este Holocausto Cubano.

Uno de los aspectos más polémicos de Con Filo es su uso sistemático del escarnio personal como recurso comunicativo porque estos señores son tan pobres de coherencia, libres en su voluntad coaccionada y pesados en sus palabras altisonantes  recurrentes, que solo les resta un uso sistemático del escarnio personal como recurso comunicativo de última hora. Por romper de alguna manera, una cuchillo afilado a su favor. Nombres como los de la periodista Yoani Sánchez, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, o el dramaturgo Yunior García Aguilera han sido recurrentes blancos del programa. Lejos de limitarse a criticar ideas, Con Filo desciende a la descalificación personal, exhibiendo imágenes privadas, tergiversando declaraciones o asociando sin pruebas a sus enemigos con entidades extranjeras. Se sacan de la chistera si se ven en apuros a supuestos psicólogos, politólogos, y demás fauna intelectual para sustentar sus incongruentes razones. Ellos no se andan con chiquitas porque son los grandes difamadores  de la banalidad intelectual que es servil al régimen, son inconmensurables a la hora de retratar su propia insignificancia de insectos  dictadores de una ISLA SECUESTRADA.    

Este tipo de prácticas, que algunos académicos comparan con campañas de difamación propias de regímenes autoritarios, no busca informar, sino intimidar. El mensaje no es sólo para los señalados, sino también para quienes contemplan el activismo o la disidencia como opción: “Esto es lo que te espera si rechistas”.

Las organizaciones internacionales han tomado nota. En 2022, la Relatoría para la Libertad de Expresión de la CIDH mencionó Con Filo como un ejemplo de campaña mediática estatal que fomenta la estigmatización de actores sociales independientes. Asimismo, Human Rights Watch y Amnistía Internacional han advertido que este tipo de discursos generan un clima de hostilidad incompatible con la libertad de expresión.

Entre el panfleto y el insulto

 

Una de las características más criticadas del programa es su estilo comunicacional: en lugar de construir argumentos sólidos o invitar al análisis, Con Filo recurre al sarcasmo burdo, a la descalificación sin matices y a una estética combativa que raya en lo caricaturesco.

El lenguaje del programa oscila entre la consigna ideológica y la burla pueril. Se habla de “gusanos”, “anexionistas”, “lacayos del imperio” y otros epítetos sacados del glosario de la Guerra Fría. Pero este lenguaje, lejos de reforzar la legitimidad del discurso oficial, parece más bien una admisión del desgaste de la narrativa revolucionaria. La agresividad retórica se convierte en sustituto de la argumentación.

En un contexto donde el acceso a la información alternativa es cada vez mayor gracias a VPN, redes sociales y medios independientes, este tipo de abordaje suena cada vez más desconectado de la realidad de la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes, muchos de los cuales abandonan el país o renuncian al discurso político por completo.

Un síntoma, no una causa                                                        

 

En última instancia, Con Filo no es la causa del autoritarismo cubano, sino uno de sus síntomas. Es el reflejo mediático de un sistema que no tolera la pluralidad y que, ante la imposibilidad de convencer, opta por aplastar. Su existencia confirma el miedo del régimen a perder el control de la narrativa, su necesidad de fabricar enemigos internos y externos para justificar su perpetuación en el poder.

Sin embargo, el efecto real del programa parece limitado fuera de los círculos de poder. En redes sociales, las críticas y burlas hacia Con Filo son frecuentes. Muchos internautas comparan su tono con el de los noticieros norcoreanos o los panfletos soviéticos, y su impacto fuera del aparato ideológico oficial es mínimo. En una época marcada por la hiperconectividad, los intentos de manipulación burda tienen cada vez menos eficacia.

Epílogo: el filo se vuelve contra el mango

 

Tal vez el mayor problema de Con Filo no es su agresividad, sino su ineficacia. En lugar de fortalecer el consenso en torno al régimen, exhibe su necesidad de recurrir al insulto como único argumento. En vez de presentar una defensa robusta del modelo socialista cubano, revela su incapacidad para dialogar con una sociedad que ya no cree en verdades absolutas.

El periodista independiente Abraham Jiménez Enoa lo resumió con acierto: “Con Filo no informa, amenaza. No analiza, sentencia. No comunica, vocifera”. En ese sentido, el programa no es una herramienta para el debate, sino un testimonio del agotamiento ideológico del castrismo.

Mientras la realidad golpea con fuerza las puertas de la isla —migración masiva, crisis económica crónica, apagones, inflación y desesperanza—, Con Filo continúa su cruzada contra molinos de viento. Quizás lo más irónico es que, en su afán por censurar, termina dejando al descubierto la fragilidad de un régimen que, cada vez más, se sostiene sobre el miedo, no sobre la convicción. El régimen se autolesiona con su propio filo en su patológico entendimiento de la realidad.

 

 

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