La muestra, instalada en seis salas de la planta 0 del Edificio Nouvel, en la sala 0 del Museo Reina Sofía, podrá visitarse en Madrid entre el 29 de abril y el 7 de septiembre de 2026. Posteriormente viajará al MACBA, en Barcelona, donde se exhibirá a partir del 5 de noviembre. El proyecto reúne más de 150 obras, muchas de ellas inéditas o nunca mostradas hasta ahora en museos, y permite acceder a un universo creativo donde el bordado, el macramé, la fibra vegetal, el papel, el dibujo, el archivo y la escultura dialogan sin jerarquías rígidas.
«Entes» recupera la amplitud de una artista que trabajó desde una libertad técnica poco común. Aurèlia Muñoz exploró materiales como el yute, el sisal, el algodón, el lino o la pasta de papel con una precisión que nunca redujo la obra a mera destreza manual. Su producción desbordó la frontera entre artesanía y escultura, entre objeto y arquitectura, entre superficie y volumen. En ese territorio híbrido, sus piezas adquirieron cuerpo propio: dejaron de funcionar como elementos decorativos para convertirse en presencias, organismos, entidades suspendidas en un espacio donde la materia parecía respirar.
La presentación de la exposición ha contado con la intervención de Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía; Elvira Dyangani, exdirectora del MACBA entre 2021 y 2026; y el equipo curatorial de la Fundació EINA, integrado por Manuel Cirauqui, Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, responsable del Archivo Aurèlia Muñoz e hija de la artista. Segade ha situado la muestra dentro de la política de la institución orientada a rescatar y reconsiderar la aportación de artistas mujeres, subrayando la fuerza de una obra capaz de transformar, desde una posición aparentemente lateral, la lectura de la historia reciente del arte.
Ese gesto de restitución resulta central en el sentido de la retrospectiva. La obra de Aurèlia Muñoz exige una mirada que supere los encasillamientos tradicionales con los que durante décadas se leyó la creación textil. Manuel Cirauqui ha señalado precisamente la importancia del proyecto para avanzar en el “desencasillamiento” de la artista, mediante un comité científico capaz de incorporar perspectivas ajenas a las lecturas habituales de su trabajo. La exposición propone así una interpretación más compleja, donde el tejido aparece como estructura, pensamiento, cuerpo, técnica, memoria y lenguaje escultórico.
Elvira Dyangani ha destacado la dimensión intelectual de una obra que convierte el acto artístico en una forma de conocimiento. En Muñoz, el hacer manual contiene lógica, composición, reflexión filosófica y una relación rigurosa con los materiales. Sílvia Ventosa ha insistido, por su parte, en la recuperación de una artista total, una creadora global que no trazaba fronteras demasiado estrictas entre técnicas y soportes, aunque se aproximaba a cada uno de ellos con respeto, estudio y conciencia formal. Rosa Lleó ha remarcado el carácter inédito de una retrospectiva que dedica una sala completa al archivo personal de la artista, con el propósito de mostrar cómo se articulaba su proceso creativo.
Ese archivo constituye uno de los núcleos reveladores del recorrido. Cartas, maquetas, cuadernos de proyectos, fotografías y objetos personales permiten reconstruir una manera de trabajar sistemática y organizada. Los dibujos, muchos de ellos inéditos, ocupan también un lugar esencial: en algunos casos revelan la génesis de las obras; en otros, se presentan como piezas autónomas, capaces de mostrar la intensidad conceptual que precedía o acompañaba cada desarrollo material.
La exposición incluye más de 60 esculturas y piezas cosidas, anudadas o tejidas, muchas de gran formato. El itinerario permite observar la evolución de Muñoz desde sus bordados de los años sesenta, donde reinventa la pintura a través del hilo, hasta sus grandes esculturas anudadas de macramé de los setenta, obras que abandonan la pared y adquieren una presencia tridimensional. En ese momento, el tejido deja de ser plano para ocupar el aire; la trama se convierte en volumen; el nudo se transforma en arquitectura orgánica.
En los años ochenta aparecen sus célebres «Pájaros-cometa» o «Aerostatos», estructuras móviles y aerodinámicas inspiradas por su interés en la papiroflexia, la navegación a vela y las máquinas de Leonardo da Vinci. Estas piezas nacen de una búsqueda de ligereza y de pensamiento espacial que acompañará a la artista durante el resto de su trayectoria. En ellas, la escultura parece liberarse de la gravedad: la materia se vuelve vuelo, suspensión, desplazamiento, posibilidad.
Esa misma investigación conduce, a partir de los años ochenta, a sus trabajos con pasta de papel, elaborada por la propia artista a partir de fibras de lino y algodón. Con ese material crea esculturas que adoptan formas de libros aéreos, móviles y organismos marinos: anémonas, algas o medusas dispuestas en urnas transparentes de metacrilato. La obra se aproxima entonces a un imaginario biológico, vegetal y acuático, donde la frontera entre naturaleza, cuerpo y construcción artística queda deliberadamente abierta.
El título de la exposición, «Entes», condensa una de las claves más poderosas del proyecto. La muestra busca abrir nuevas perspectivas sobre la llamada «cosmología aurèliana», un universo poblado por figuras plurales, sin género definido, que desafían el binarismo y se sitúan a medio camino entre lo humano y lo animal. Estas presencias habitan un espacio interespecie, un territorio de formas ambiguas donde la identidad se desplaza, se mezcla y se expande. Desde esa dimensión, la obra de Muñoz anticipa preocupaciones que hoy atraviesan con fuerza el pensamiento contemporáneo: la relación con el medioambiente, la coexistencia entre seres humanos y no humanos, y el diálogo entre lo ancestral y lo actual.
Entre las obras reunidas figuran piezas monumentales procedentes de colecciones particulares de España y otros países que hasta ahora no habían formado parte de exposiciones ni habían podido verse en museos. Es el caso de «Palmera» (1974) o «Homenaje a Jerónimo Bosco» (1971), cuya presencia convierte la retrospectiva en una oportunidad singular para el público. La mayor parte de las obras procede del Archivo Aurèlia Muñoz, de la colección del Ayuntamiento de Sant Cugat y del Museu Nacional d’Art de Catalunya. También se incorporan piezas de las colecciones del Museo Reina Sofía, del MACBA, del MoMA y de prestadores particulares.
La colaboración del Museu Nacional d’Art de Catalunya resulta especialmente relevante por el préstamo de obras procedentes de su colección, vinculadas a la donación del Archivo Aurèlia Muñoz. La exposición se completa, además, con un catálogo coeditado por el Museo Reina Sofía y el MACBA, así como con un programa público que incluye la charla inaugural del 28 de abril, a las 19:00 horas, en la sala del Cine, con Manuel Cirauqui, Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, y una jornada de estudios sobre la obra de la artista, prevista para el 10 de junio en el Auditorio 200 del museo.
«Aurèlia Muñoz. Entes» funciona como una operación de memoria, pero también como una lectura crítica del presente. La exposición devuelve a la artista catalana a una posición de centralidad dentro de la historia del arte reciente y evidencia hasta qué punto su trabajo abrió caminos que hoy resultan extraordinariamente vigentes. Muñoz entendió la fibra como cuerpo, el nudo como pensamiento, el tejido como arquitectura y la materia como aparición. Sus obras, suspendidas entre lo humano, lo animal, lo vegetal y lo cósmico, vuelven ahora al espacio museístico con una fuerza silenciosa: la de aquello que, durante demasiado tiempo, permaneció en los márgenes y regresa para modificar la forma misma de mirar.









