La película se aproxima a esos años desde la propia voz de Lindgren y desde la memoria de tres generaciones de su familia: su hija Karin Nyman, su nieta Annika Lindgren y su bisnieto Johan Palmberg. Sus testimonios se entrelazan con reconstrucciones interpretadas por Sofia Pekkari. En ellas, las palabras atribuidas a la escritora proceden exclusivamente de declaraciones o textos reales, una decisión que evita fabricar una intimidad ficticia y convierte el archivo personal en el principal soporte narrativo del documental.
Aunque Suecia permaneció oficialmente al margen de la contienda, Lindgren estuvo lejos de vivirla como una realidad remota. Durante aquellos años trabajó en el servicio de control postal, donde tuvo acceso a correspondencia privada y militar. A través de esas cartas pudo conocer de manera temprana testimonios sobre persecuciones, deportaciones y el destino de la población judía europea.
Sus diarios registran esa toma de conciencia con una crudeza creciente. “Al parecer, la intención de Hitler es convertir Polonia en un gran gueto donde los pobres judíos tendrán que perecer de hambre y suciedad”, escribió. La frase pertenece a una mujer que todavía no había construido su lugar en la literatura, pero que empezaba a comprender que la violencia política no era una abstracción ideológica, sino una estructura capaz de organizar la vida cotidiana, deformar la educación y destruir cualquier noción de libertad individual.
Hauke encuentra precisamente ahí una de las claves de su obra posterior. Para el director, Pippi no puede desligarse de ese aprendizaje moral: “Pippi es hija de la guerra. Nunca habría existido si no hubieran existido esos tiempos terribles”.
La afirmación ilumina al personaje desde otro ángulo. La niña pelirroja, autónoma, irreverente y difícil de disciplinar deja de ser únicamente una invención excéntrica de la literatura infantil para adquirir una dimensión política más profunda. Lindgren había escrito sobre su preocupación por educar a los niños de manera que no llegaran a convertirse en “psicópatas como Hitler” ni en figuras autoritarias o dictatoriales. Frente a esa cultura de la obediencia, Pippi encarna una infancia que piensa por sí misma, cuestiona las jerarquías y se resiste a aceptar la autoridad por el mero hecho de que exista.
Los diarios permiten seguir también una transformación más íntima. Lindgren no se limita a consignar fechas, ofensivas militares o noticias internacionales. A medida que pasan los años, la escritura adquiere otra densidad. Se convierte en un territorio de reflexión desde el que examinar simultáneamente el mundo exterior y sus propios conflictos personales.
Ese proceso coincide con una etapa especialmente compleja de su vida. En 1944 atraviesa una crisis matrimonial. Durante ese mismo periodo comienza a escribir para su hija Karin, enferma entonces, las historias de una niña llamada Pippi Calzaslargas. La literatura nace así en un punto de fricción: entre el miedo colectivo y la fragilidad doméstica, entre la necesidad de comprender una época devastada y la de ofrecer a una niña un relato capaz de imaginar otras reglas.
La conexión entre ambas escrituras resulta central en el documental. Por un lado están los diarios, atravesados por la guerra, las noticias, los desplazados y la experiencia del autoritarismo. Por otro, empieza a aparecer un personaje que se rebela contra la rigidez, subvierte la lógica adulta y convierte la independencia en una forma de estar en el mundo. Entre una cosa y otra no existe una relación mecánica, pero sí una continuidad moral.
Los cuadernos terminan en 1945. Ese mismo año se publica ‘Pippi Calzaslargas’. El final de la guerra y el nacimiento literario de Lindgren quedan así unidos por una coincidencia que el documental convierte en bisagra biográfica. Después de seis años escribiendo para comprender un mundo en demolición, comenzaba la trayectoria de una autora destinada a ocupar un lugar central en la literatura infantil internacional.
‘Astrid Lindgren, diarios de guerra’ sitúa ese origen lejos de cualquier imagen edulcorada de la creación. Pippi no surge de una infancia idealizada, sino de una época marcada por el miedo, la vigilancia y la destrucción. En ese contexto, imaginar a una niña libre podía ser también una manera de discutir el mundo que los adultos habían construido.
Filmin estrena el documental en exclusiva el próximo 25 de septiembre.









