Si le quitamos por un momento la bata, el quirófano y el título de doctor, ¿quién es José Nieto? ¿Qué parte de su personalidad cree que ha sido determinante para llegar hasta aquí?
Soy una persona sencilla, honesta, empática, disciplinada y muy implicada con mi profesión. Médico cirujano de trasplante capilar con amplia experiencia. Por ejemplo, el año pasado operé a 302 personas, y así durante muchos años. Esto representa una garantía de resultados, tanto en el plano científico-técnico como en el trato personal y los cuidados del paciente.
Hay personas que llegan a una consulta buscando pelo, pero en realidad están buscando recuperar una parte de sí mismas. ¿En qué momento de su carrera descubrió que detrás de cada folículo había también una historia emocional?
Efectivamente, el tratamiento de las alteraciones capilares, incluso el injerto, ocasiona un profundo impacto emocional, y esta situación se adivina desde muy temprano. En la práctica, desde las primeras consultas.
Como es natural, cuando estás formándote te interesan las técnicas, las habilidades quirúrgicas, pero cuando observas al paciente en consulta te percatas de que, en el fondo, la persona te cuenta una historia de vulnerabilidad, de inseguridad, de disconformidad con su aspecto físico que afecta a las relaciones personales, provocando limitaciones en su vida social y laboral. Entonces entiendes que no solo injertas pelo, sino que restauras la confianza y la autoestima de los pacientes.
La cirugía capilar no es solo un acto médico, es un proceso de acompañamiento emocional muy satisfactorio para ambas partes.
Un cirujano trabaja con milímetros, pero también con expectativas. ¿Qué ha aprendido sobre la línea que separa lo que un paciente desea de lo que realmente necesita?
En este trabajo, el éxito resulta de integrar muchas variables. No solo se trata de milímetros, sino de gestionar las expectativas del paciente, sobrevaloradas en muchos casos. En este sentido, hay que explicar, informar…, porque hay que lograr un equilibrio entre la fantasía irracional y la realidad anatómica y evolutiva del propio cabello.
Por tanto, el diseño debe ser planificado con cuidado porque el paciente, con frecuencia, desea la primera línea frontal que tenía a los 15 años; sin embargo, lo que necesita es una línea adaptada a su estructura facial y a su edad, atendiendo en todo momento a la naturalidad.
Por otro lado, existe la creencia falsa de que el pelo es infinito y que, aunque lo extraigas, vuelve a nacer. Y te piden una densidad absoluta. Nada más lejos de la realidad. La zona donante es limitada, hay que administrarla correctamente y no podemos hacer una sobreextracción inestética para los restos. Por ello, es básico saber decir no con honestidad cuando el deseo es inviable o estéticamente contraproducente y ofrecer otras alternativas complementarias, como el tratamiento oral o mesoterápico.
¿Recuerda a algún paciente que le haya cambiado a usted más de lo que usted le cambió a él? ¿Qué ocurrió y qué se llevó de aquella experiencia?
Cuando recibes muchos pacientes con problemas de autoestima, con inseguridad por su aspecto o que simplemente desean mejorar su estética, la reacción que te producen es de empatía, de comprensión hacia su estado psicológico y de deseo de ayudar. Y este proceso es compartido con el paciente. Hay que tener en cuenta que el alta de una cirugía capilar ocurre al año o al año y medio; por tanto, es un periodo prolongado que se vive de cerca. Esta vivencia es transformadora para ambas partes porque todos nos vemos reflejados en ese deseo de mejorar, de lograr nuevos retos, de ilusionarnos con un futuro mejor. Y claro está que se busca la estética, pero también se busca conseguir logros sociales y laborales.
Luego, el primer pensamiento que nos viene a la mente a los médicos es mejorar nuestra capacidad de ayuda, de cuidados y de empatía, y esto nos afecta en nuestro carácter y en nuestra proyección futura. En resumen, se trata de comprender que podemos aportar nuestro granito de arena para conseguir una mayor satisfacción en la sociedad, transformar nuestro mundo y hacerlo más humano.
La cirugía capilar vive una auténtica revolución tecnológica. Si pudiera traer hoy al quirófano una herramienta que todavía no existe, ¿qué le pediría a esa tecnología que hiciera por sus pacientes?
Se pueden mejorar muchas cosas, naturalmente. Todas las técnicas que produzcan un aumento de la calidad de la cirugía, de la rapidez del proceso, de la comodidad del postoperatorio y de la rapidez de recuperación serán bienvenidas. Por nombrar algunos ejemplos, una automatización robótica que sea precisa y acelere los tiempos quirúrgicos, así como una clonación capilar eficaz para multiplicar los folículos sanos en laboratorio y poder ofrecer una cantidad ilimitada de folículos.
También serían bienvenidos los geles enriquecidos que favorezcan la cicatrización de los folículos, eliminando el periodo de costras y reduciendo el postoperatorio, maximizando la supervivencia del injerto. A ello se suma la regeneración celular sin cirugía mediante tratamientos capaces de reactivar folículos miniaturizados sin efectos secundarios y con dosis cómodas de administrar.
La inteligencia artificial puede analizar imágenes, detectar patrones y ayudar a tomar decisiones. Pero hay algo que ninguna máquina tiene: intuición humana. ¿En qué momento de una cirugía cree que la experiencia de un médico seguirá siendo irremplazable?
La experiencia de un cirujano seguirá siendo fundamental, incluso a pesar del avance tecnológico, por dos motivos. El primero es el juicio clínico y la planificación quirúrgica individual, que comprende el diseño de la primera línea de implantación, la determinación de la cantidad a extraer de la zona donante, la planificación por zonas de la angulación de los folículos, etc. El segundo es la toma de decisiones en momentos críticos ante imprevistos médicos.
En un mundo obsesionado con la perfección, ¿cree que el futuro de la cirugía capilar debería perseguir un resultado perfecto o un resultado que sea auténtico?
La cirugía capilar debe perseguir un resultado que sea auténtico para el paciente, priorizando la naturalidad y la armonía facial. Los resultados estandarizados no son naturales. Y, en este sentido, habría que tener en cuenta la edad del paciente y su evolución con el paso del tiempo, las unidades limitadas de su zona donante y la superficie de su zona libre de pelo.
También habría que respetar las irregularidades naturales, como el zigzag de la primera línea, las unidades de un solo pelo y la angulación exacta de los folículos según la zona, para que las personas ajenas al paciente no noten el injerto. Es decir, eliminar el estigma del pelo implantado.
Liderar no siempre significa estar delante; muchas veces significa saber cuándo apartarse y dejar crecer a los demás. ¿Qué ha tenido que desaprender como líder para construir el equipo que tiene hoy?
Liderar es una actividad compleja que requiere tacto, impulso, motivación, control, evaluación de resultados, evaluación de procedimientos, así como estimular y validar; en definitiva, gestionar procedimientos y personas. Y, en toda esta situación, hay que dar autonomía a los diferentes miembros del equipo, delegar responsabilidades, preguntar y tomar en cuenta todas las opiniones, crear un clima saludable de relación interdisciplinar donde se pueda disentir sin miedos, cohesionar el grupo, facilitar el talento colectivo, adaptar el estilo de liderazgo a las situaciones teniendo claros los objetivos y buscar la innovación.
En definitiva, transformar la rutina para que se convierta en creatividad y desarrollo de los objetivos, poniendo el énfasis en el elemento humano y el respeto entre profesionales.
¿Cuál ha sido el precio personal de querer hacer las cosas de otra manera? Porque innovar, liderar y crecer profesionalmente también implica renuncias, dudas y momentos de soledad.
Efectivamente, un trabajo intenso requiere muchas horas de tu día a día, y esto hace que renuncies a tu tiempo libre, a tu tiempo de ocio, de descanso, a una parte de tu vida personal y, por supuesto, a tu comodidad. Naturalmente que tiene un coste emprender y luchar por objetivos profesionales, pero tiene sus compensaciones, indudablemente, y una de ellas, muy importante, es el premio de estar aquí haciendo esta entrevista para la excelente revista Urban Beat. Muy agradecido por ello.
Después de miles de historias escuchadas en consulta, ¿hay algo que sus pacientes le hayan enseñado sobre la belleza que ningún libro de medicina podría haberle enseñado?
La belleza en sí misma es vitalidad, energía, salud y envejecer con dignidad. Retener la esencia de un rostro lo hace único y memorable. Por esto, la verdadera belleza es un estado de ánimo, un lenguaje emocional, una manifestación de identidad, no un canon geométrico.
Detrás de cada petición estética hay una historia de superación heroica, el deseo de autocuidado y el deseo de sentirse mejor. En definitiva, lo que me han enseñado los pacientes es a ayudar a las personas a reconciliarse con su propia imagen, a acompañarlas en este proceso, porque la auténtica belleza está en su carácter, en saber adaptarse a las limitaciones y en ser optimista por encima de todo.









