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Adam Pendleton reescribe la gramática de la abstracción en el Stedelijk

La abstracción puede parecer un territorio sin mundo, una superficie donde la forma se emancipa de aquello que representa. Adam Pendleton trabaja precisamente contra esa comodidad. En su obra, geometría, gesto y lenguaje no se retiran de la historia: permanecen sometidos a sus fricciones políticas, raciales y culturales. Esa tensión articula ‘Some Wild Kind of Language’, la primera exposición individual del artista en un museo de los Países Bajos, que podrá verse en el Stedelijk Museum de Ámsterdam del 10 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027.
Adam Pendleton, 2023. Foto: Jason Schmid

La muestra reúne once pinturas y ocho dibujos monumentales y propone una nueva etapa dentro de una investigación que Pendleton lleva años desplazando entre pintura, escritura, reproducción mecánica y arquitectura. Las formas no aparecen como unidades cerradas ni como recipientes de un significado estable. Funcionan, más bien, como zonas de relación. De esa movilidad surge lo que la exposición denomina una «geometría de la atención», un espacio donde mirar implica establecer conexiones, reconocer interrupciones y asumir que una imagen puede continuar modificándose incluso después de haber sido fijada sobre una superficie.

Adam Pendleton entiende la abstracción desde esa inestabilidad. No la plantea como una evasión de lo real, sino como otra manera de permanecer dentro de él. El lenguaje se fragmenta, la geometría pierde cualquier aspiración de neutralidad y el gesto se resiste a quedar reducido a una firma individual. Nada termina de resolverse. La pintura permanece abierta a las fuerzas históricas y políticas que la rodean y el acto de observar participa de esa transformación.

El propio Stedelijk entra en ese juego. La exposición ocupa algunos de los espacios centrales de su edificio histórico y utiliza la arquitectura no como fondo, sino como una materia más del proyecto. La intervención más contundente ocurre en la célebre escalera del museo, vinculada a uno de los episodios fundacionales del modelo expositivo moderno.

Adam Pendleton, Black Dada (A) , 2024. Tinta serigráfica y yeso negro sobre lienzo, dos partes, 243,8 x 193 cm (96 x 76 pulgadas). Cortesía del artista y de Mennour, París, colección privada. Foto: Andy Romer.

En 1938, el conservador Willem Sandberg cubrió de blanco las paredes de ladrillo oscuro de aquella escalera. El gesto anticipaba el denominado white cube, el espacio aparentemente neutro que terminaría dominando buena parte de la museografía moderna. Cuando Sandberg asumió la dirección del Stedelijk en 1945, extendió esa concepción al resto de la institución. Pendleton invierte ahora aquel movimiento histórico. Donde Sandberg introdujo el blanco, el artista instala un «cubo negro».

La operación no funciona únicamente como oposición cromática. Reorienta la relación entre la obra contemporánea y una arquitectura cargada de memoria institucional. Dentro de los nichos de la escalera aparecen los ocho dibujos de la serie ‘Basis’, las obras sobre papel de mayor tamaño realizadas por Pendleton hasta el momento. La tinta dorada se extiende sobre papel negro mate y obliga al oro a oscilar entre visibilidad y desaparición. Puede iluminar la superficie y, al instante siguiente, confundirse con ella.

Adam Pendleton, Sin título (Días) , 2026. Tinta serigráfica y yeso negro sobre lienzo, 304,8 x 365,8 cm. Cortesía del artista. Fotografía: Elisabeth Bernstein.

Gesto, repetición y acumulación convierten cada dibujo en el registro de un proceso antes que en una composición clausurada. La escala de las piezas responde directamente al ritmo del edificio y hace que el espectador deba negociar simultáneamente con dibujo y arquitectura. El museo deja así de ser el recipiente silencioso de la obra para entrar en discusión con ella.

Ese carácter procesual comienza mucho antes de la instalación. Pendleton trabaja inicialmente sobre papel, superponiendo pintura, aerosol, tinta y acuarela, junto a señales cercanas al grafiti, restos de texto y estructuras geométricas. El estarcido aparece con frecuencia como procedimiento de intermediación. Las composiciones resultantes son documentadas y posteriormente trasladadas mediante serigrafía a otras superficies. Entre una fase y otra, la imagen cambia. Lo manual y lo mecánico dejan de funcionar como categorías enfrentadas y participan de una misma cadena de traducciones. La pintura ya no procede de un único gesto inaugural, sino de sucesivas operaciones de reproducción, superposición y desplazamiento. Pendleton cuestiona así una vieja expectativa asociada al medio: la necesidad de identificar una mano soberana detrás de cada marca.

Adam Pendleton, Black Dada (K) , 2026. Tinta serigráfica y yeso negro sobre lienzo, dos partes, 60 x 47,5 pulgadas / 152,4 x 120,7 cm. Cortesía del artista. Fotografía: Elisabeth Bernstein.

En la Galería IMC, también conocida como Galería de Honor, esa investigación entra directamente en conversación con la historia de la abstracción conservada por el Stedelijk. Pinturas de distintas dimensiones, incluida una obra de casi seis metros de anchura, se sitúan frente a una genealogía atravesada por el Minimalismo, el Arte Conceptual, la abstracción estadounidense de posguerra y el Color Field.

‘Black Dada’, ‘Days’ y la monumental ‘WE ARE NOT’ pueden leerse desde esa relación ambigua con artistas como Barnett Newman o Morris Louis, cuyas obras de gran formato fueron presentadas históricamente en esa misma galería. Pendleton continúa algunas de las preguntas de aquella tradición, pero altera sus condiciones. La abstracción deja de presentarse como territorio universal e incontaminado para incorporar cuestiones de identidad, historia y poder.

Ahí resulta fundamental ‘Black Dada’, marco de pensamiento que Pendleton comenzó a formular en 2008 para explorar las relaciones entre negritud, abstracción y movimientos de vanguardia. Para el artista, ese concepto le permite rechazar las reglas que pretenden determinar de antemano cómo debe hacerse una pintura, qué fronteras corresponden a la abstracción o qué se espera de un artista negro. ‘Black Dada’ no fija una identidad: abre posibilidades.

Ese principio explica también por qué sus composiciones rehúyen un centro visual único. Gestos, palabras incompletas y estructuras geométricas se acumulan hasta construir superficies expansivas donde ninguna parte consigue imponer definitivamente su jerarquía. La mirada debe desplazarse. Más que contemplar una imagen terminada, el espectador entra en un campo de relaciones que continúa reorganizándose.

Adam Pendleton, Sin título (Días) , 2026. Tinta serigráfica y yeso negro sobre lienzo, 84 x 101 pulgadas / 213,4 x 256,5 cm. Colección Laura Arrillaga-Andreessen y Marc Andreessen. Cortesía del artista. Fotografía: Elisabeth Bernstein.

Para Rein Wolfs, director del Stedelijk y comisario de la exposición, la práctica de Pendleton establece una conexión entre modernidad y presente y permite revisar la historia del museo desde perspectivas más globales. La intervención sobre la escalera hace particularmente visible esa voluntad: modificar un símbolo de la museografía moderna desde dentro de la misma institución que contribuyó a consolidarlo.

Nacido en Richmond, Virginia, en 1984, Pendleton ocupa actualmente una posición central dentro del arte estadounidense contemporáneo. En 2024 recibió el Premio de Pintura de la Fundación Familia Rosenthal concedido por la Academia Estadounidense de Artes y Letras. Sus obras forman parte de colecciones como las del Museum of Modern Art, Solomon R. Guggenheim Museum y Whitney Museum of American Art de Nueva York; Hirshhorn Museum and Sculpture Garden de Washington; Museum of Contemporary Art de Chicago; Tate de Londres, y la Pinakothek der Moderne de Múnich.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales en instituciones como el Museum of Modern Art de Nueva York, el Museo de Bellas Artes de Montreal y el mumok de Viena. Actualmente, ‘Adam Pendleton: Love, Queen’ se presenta en el Hirshhorn de Washington y ‘Adam Pendleton: Can I Be?’ en la Fundación Langen de Neuss. Su relación con los Países Bajos, sin embargo, comenzó mucho antes: en 2009 su trabajo ya había sido presentado en el Kunstverein de Ámsterdam.

Diecisiete años después, Pendleton regresa a la ciudad para ocupar el corazón histórico del Stedelijk. Y lo hace interviniendo precisamente uno de los lugares donde el museo aprendió a imaginar la neutralidad. El antiguo cubo blanco se vuelve negro y la abstracción pierde cualquier posibilidad de parecer inocente. Mirar deja de ser una operación pasiva: se convierte en una forma de tomar posición.

Adam Pendleton, 2024. Foto: Matthew Septimus

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