La exposición madrileña, titulada ‘Mauritshuis ♥ Thyssen-Bornemisza. Obras maestras de La Haya’, se instala en las denominadas Salas Clásicas, un nuevo ámbito expositivo situado junto a las estancias dedicadas a la pintura holandesa de la colección permanente. La proximidad permite ampliar la lectura de una centuria especialmente fértil y establecer correspondencias entre autores, géneros y maneras de representar una sociedad que encontró en la pintura uno de sus grandes instrumentos de observación.
La relación de la familia Thyssen-Bornemisza con los Países Bajos precede, sin embargo, al propio museo. Heinrich Thyssen-Bornemisza se instaló en La Haya tras la revolución húngara de 1919 y fue allí donde nació y pasó su infancia Hans Heinrich. A los vínculos financieros y empresariales desarrollados en territorio neerlandés se añadió pronto una inclinación decisiva por su pintura.
Heinrich inició ese interés coleccionista y Hans Heinrich lo prolongó décadas después. Durante los años cincuenta, algunas de sus primeras adquisiciones se orientaron precisamente hacia los maestros holandeses del siglo XVII. No resulta casual que Róterdam fuera elegida en 1959 como punto de partida de la gira internacional destinada a presentar públicamente la colección familiar. Esa atención sostenida explica que el conjunto neerlandés del Thyssen constituya hoy uno de sus núcleos fundamentales y amplíe de manera singular la presencia de esta escuela dentro del panorama museístico español.
Las obras procedentes de la Mauritshuis recorren casi un siglo, desde aproximadamente 1615 hasta 1705. En ellas aparecen figuras esenciales como Ambrosius Bosschaert I, Frans Hals, Hendrick Avercamp, Pieter Claesz, Rembrandt van Rijn, Gerard ter Borch, Jan Steen, Jacob Ruisdael, Pieter de Hooch o Nicolaes Maes.
El recorrido se organiza por afinidades temáticas. La primera sala reúne bodegones y escenas de género; la segunda se ocupa del paisaje y de las composiciones con figuras; la tercera concentra toda la atención en una sola pintura: ‘Vista de Delft’, de Vermeer. La obra queda así aislada del resto del conjunto y adquiere una condición casi autónoma dentro de la exposición, como culminación de un recorrido dedicado a las distintas formas de mirar y ordenar el mundo cotidiano.
El proyecto incorpora además tres confrontaciones directas entre las colecciones de ambos museos. ‘El jardín del Edén’, de Jan Brueghel el Viejo, se presenta junto a ‘El jardín del Paraíso’, realizado por Brueghel y Rubens. ‘El violinista alegre con vaso de vino’ encuentra su correspondencia en ‘El violinista’, ambas obras de Gerard van Honthorst. A su vez, ‘La fachada occidental de la iglesia de Santa María de Utrecht’, de Pieter Jansz. Saenredam, completa la visión exterior del edificio representado en otra tabla del mismo artista perteneciente a la Mauritshuis.
Estos emparejamientos permiten que la exposición abandone la lógica de la simple acumulación de obras maestras. Las pinturas se observan unas a otras. Las semejanzas, variaciones y diferencias entre piezas próximas abren nuevas posibilidades de interpretación y hacen visible el modo en que determinados asuntos, arquitecturas o personajes podían reaparecer bajo soluciones pictóricas distintas.
El intercambio entre Madrid y La Haya se extiende también a la literatura. Ambas instituciones han coordinado la publicación de un volumen que reúne textos de diez escritores españoles y diez neerlandeses. Cada autor parte de una obra incluida en las exposiciones para explorar, desde la ficción y el ensayo literario, alguna de las múltiples formas del amor: hacia una persona, una obra de arte, un objeto, una experiencia o una sensación.
Por parte española participan Laura Ferrero, Espido Freire, Sara Mesa, Lara Moreno, Antonio Muñoz Molina, Marta Sanz, Juan Tallón, Jesús Terrés, David Uclés y Gabriela Wiener, que trabajan a partir de obras de Pieter de Hooch, Gerard ter Borch, Pieter Claesz, Gerrit Dou, Johannes Vermeer, Rembrandt, Hendrick Avercamp, Adriaen Coorte, Jan Steen, Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens.
La aportación neerlandesa reúne a Karin Amatmoekrim, Hanna Bervoets, Gershwin Bonevacia, Sacha Bronwasser, Rob van Essen, Radna Fabias, Lieke Knijnenburg, Tobi Lakmaker, Bert Natter y Tahrim Ramdjan, vinculados respectivamente a obras de Lucas Cranach el Viejo, Palma el Viejo, El Greco, Jan van Eyck, Agnolo Bronzino, Petrus Christus, Michiel Sweerts, Piero della Francesca, Sebastiano del Piombo y Hendrick ter Brugghen.
Más que un préstamo cruzado, ‘Mauritshuis ♥ Thyssen-Bornemisza. Obras maestras de La Haya’ propone una conversación entre dos colecciones cuya relación con la pintura europea ha seguido trayectorias diferentes pero complementarias. Durante tres meses, Madrid y La Haya alteran parcialmente sus respectivos relatos para comprobar qué ocurre cuando una obra abandona temporalmente su contexto habitual y comienza a hablar con otras paredes, otras historias y otras miradas.









