La Fábrica y la Fundación Canal presentan, con motivo del 175.º aniversario de Canal de Isabel II y los veinticinco años de la Fundación, la primera gran exposición de Salgado en España tras su fallecimiento en 2025. Cerca de un centenar de fotografías en blanco y negro de gran formato ocuparán desde el 30 de octubre la Sala Castellana 214, un antiguo depósito de agua cuya arquitectura introduce al espectador, antes incluso de enfrentarse a las imágenes, en el elemento que vertebra todo el recorrido.
Comisariada por Lélia Wanick Salgado, ‘Aqua Mater’ adquiere en Madrid una dimensión inédita al reunir una amplia selección de la serie que da nombre al proyecto junto a fotografías de ‘Glaciares’. La exposición, que ha tenido presentaciones anteriores en Francia e Italia, ha sido concebida específicamente para este espacio de la Fundación Canal y plantea una experiencia deliberadamente contemplativa donde fotografía, arquitectura y sonido acompañan la observación.
El origen del proyecto se encuentra en más de dos décadas de viajes realizados por Salgado desde mediados de los años noventa. Antártida, Canadá, Patagonia, Amazonia, Islandia, Himalaya, Rusia o Georgia del Sur aparecen ante su cámara como territorios donde el agua determina la forma del paisaje y las condiciones de la vida. Sus diferentes estados, sólido, líquido y gaseoso, permiten construir una geografía visual en la que glaciares, ríos, nubes y océanos dejan de funcionar como simples escenarios. Salgado los fotografía con la monumentalidad que distinguió toda su obra.
Ese detalle resulta esencial para comprender ‘Aqua Mater’. La naturaleza no constituye una ruptura con el fotógrafo que durante décadas observó trabajadores, migraciones, pobreza o desplazamientos humanos. Representa una ampliación de escala. El problema deja de estar únicamente en aquello que los seres humanos hacen unos a otros para alcanzar también el territorio que hace posible su existencia.
Nacido en Brasil en 1944 y formado como economista, Salgado llegó profesionalmente a la fotografía durante la década de 1970. Aquella formación anterior dejó una huella reconocible en su manera de mirar. Más allá del individuo fotografiado, buscaba las estructuras económicas, laborales y políticas que condicionaban su existencia. En sus imágenes, el rostro podía ser particular, pero detrás aparecía casi siempre un sistema.
‘Workers’ observó la dimensión física del trabajo; ‘Migrations’ dirigió la cámara hacia quienes abandonaban sus territorios empujados por conflictos, pobreza y transformaciones sociales; y las célebres fotografías de Serra Pelada mostraron a miles de mineros descendiendo y ascendiendo por una explotación de oro brasileña hasta formar una gigantesca arquitectura humana.
El blanco y negro, las composiciones de gran profundidad y una utilización dramática de la luz proporcionaron a esas escenas una dimensión cercana a lo épico. También abrieron la controversia que acompañaría una parte considerable de su trayectoria: la posibilidad de que una fotografía demasiado hermosa terminara embelleciendo aquello que pretendía denunciar.
La objeción no es secundaria. Forma parte del problema que Salgado introdujo en la fotografía contemporánea. ¿Puede representarse el sufrimiento sin concederle una forma estética? Frente a quienes le reprocharon una estetización de la pobreza, el fotógrafo defendió la dignidad visual de las personas retratadas y rechazó que la belleza debiera pertenecer exclusivamente al mundo privilegiado. La tensión nunca desapareció y probablemente constituye una de las razones por las que su obra continúa provocando discusión.
Con ‘Genesis’ y posteriormente ‘Amazônia’, la cámara comenzó a desplazarse de manera más decidida hacia paisajes, ecosistemas y comunidades indígenas. El planeta entró en el encuadre con la misma gravedad con la que antes habían aparecido mineros o desplazados. Montañas, selvas, hielo y grandes extensiones de agua dejaron de ser fondos para adquirir presencia propia.
‘Aqua Mater’ debe entenderse dentro de esa evolución. No abandona al Salgado social para sustituirlo por un fotógrafo de naturaleza. Lo prolonga. Si sus primeros grandes trabajos examinaban las condiciones que determinaban la vida humana, aquí la pregunta retrocede hasta un estrato todavía más elemental: aquello sin lo cual ninguna sociedad, economía o cultura sería posible.
La propia biografía del fotógrafo terminó reforzando esa relación entre imagen y territorio. Junto a Lélia Wanick Salgado impulsó el Instituto Terra, dedicado a la recuperación de la Mata Atlántica brasileña. Ambos habían fundado también en 1994 Amazonas Images, la estructura desde la que gestionaron de manera independiente la obra del fotógrafo. Lélia, responsable además del diseño y comisariado de numerosas exposiciones y publicaciones de Salgado, vuelve a desempeñar en Madrid un papel decisivo en la construcción del relato.
Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, Sebastião Salgado murió en Francia en 2025 dejando una producción que hizo difícil separar fotografía documental y creación artística. Sus imágenes hablaron de explotación, trabajo, desplazamiento y desigualdad antes de extender esa preocupación hacia la fragilidad de los ecosistemas y la supervivencia del planeta.
Por eso resulta particularmente significativa la llegada de ‘Aqua Mater’ a Madrid precisamente dentro de un antiguo depósito. La coincidencia con los 175 años de Canal de Isabel II y el vigesimoquinto aniversario de la Fundación Canal aporta un contexto institucional, pero la exposición puede permitirse ir más lejos.
Después de una vida fotografiando aquello que los seres humanos producen, padecen, destruyen y preservan, Salgado coloca delante del espectador algo infinitamente anterior a nosotros. El agua estaba allí antes de la fotografía. También antes de cualquier discusión sobre belleza.









