‘Light & Magic’, abierta del 14 de octubre de 2026 al 21 de febrero de 2027, reunirá más de 200 raras copias de época de más de ochenta artistas procedentes de Europa, Norteamérica, Sudamérica, Asia y Australia. Su recorrido prolongará la historia del pictorialismo hasta la década de 1960 y desbordará el relato tradicional, habitualmente concentrado en los ámbitos europeo y norteamericano. Dividida en cuatro capítulos temáticos, la exposición propondrá una lectura geográfica y cronológica más extensa del fenómeno, coherente con el trabajo desarrollado por la Tate Modern para reconsiderar el arte moderno fuera de sus jerarquías heredadas.
El primer capítulo situará al visitante en las últimas décadas del siglo XIX, cuando distintos fotógrafos comenzaron a reclamar para su disciplina una legitimidad que la pintura y la escultura parecían poseer por derecho histórico. El pictorialismo surgió de esa aspiración, aunque pronto adquirió una amplitud que impide reducirlo a una escuela homogénea. Sus autores compartieron la voluntad de explorar las facultades expresivas de la cámara, pero trabajaron desde culturas visuales, sensibilidades y procedimientos muy diferentes.
La exposición reunirá figuras consagradas, como el fotógrafo franco-estadounidense Adolph de Meyer y el estadounidense Clarence H. White, con autores cuya aportación ha permanecido en zonas menos transitadas de la historiografía occidental. Entre ellos aparecen los chinos Long Chin-san y Luo Bonian, y el indio Shapoor N. Bhedwar. La convivencia de estas obras permitirá advertir que el pictorialismo no fue una imitación periférica de modelos europeos, sino una práctica capaz de dialogar con tradiciones artísticas específicas y adquirir significados distintos en cada territorio.
Dos imágenes condensan esa pluralidad. En ‘El despertar’ (1903), la británica Emma Barton construye un retrato de factura delicada; varias décadas después, Long Chin-san recurre al lenguaje de la pintura tradicional china con tinta para componer el paisaje imaginativo de ‘Pabellón de hadas’ (hacia la década de 1940). Entre ambas fotografías existe una distancia temporal y cultural considerable, pero también una convicción común: la cámara podía interpretar la realidad, intervenir sobre ella y producir una imagen cuya ambición excediera el testimonio documental.
La segunda parte del recorrido se concentrará en el arte de la impresión. Para los pictorialistas, la fotografía no concluía cuando se accionaba el obturador. El tipo de papel, el procedimiento empleado y las decisiones adoptadas durante el revelado determinaban la apariencia definitiva de cada copia y la transformaban en un objeto estético singular. Una serie de fotografías emparejadas mostrará cómo distintos procesos podían modificar una misma imagen. Entre los ejemplos incluidos se encuentra ‘Un astillero de Norfolk’ (1886), del británico Peter Henry Emerson.
Un cuarto oscuro en funcionamiento permitirá observar la complejidad de estas técnicas y comprender hasta qué punto la materialidad participaba en la autoría. Frente a la idea de una reproducción automática e idéntica, el pictorialismo defendió la copia como territorio de experimentación: cada variación tonal, textura o intervención podía alterar la lectura de la obra.
Este apartado examinará asimismo el crecimiento de la fotografía de estudio. Decorados elaborados, vestuario y recursos propios de la escenografía teatral sirvieron para fabricar composiciones cuidadosamente planificadas. Los retratos de los británicos Bertram Park, Yvonne Gregory y Cavendish Morton mostrarán esa voluntad constructiva, mientras que las copias en color realizadas mediante el procedimiento Vivex para la serie ‘Diosas’, de Yevonde, prolongarán el itinerario hacia una investigación cromática que confirma la persistencia experimental del movimiento.
La expansión del pictorialismo tampoco puede explicarse únicamente a través de autores y fotografías. Sociedades especializadas, clubes y salones crearon una infraestructura internacional desde la que fue posible exponer, publicar y discutir las imágenes. La tercera sección analizará estas redes cosmopolitas como espacios de circulación estética, capaces de trasladar ideas, métodos e influencias más allá de las fronteras nacionales.
La Royal Photographic Society de Londres ocupará un lugar destacado junto a organizaciones internacionales cuyas historias han comenzado a recuperar una mayor visibilidad, como Guangshe en Shanghái, The New Line Group en Corea del Sur y la Photographic Society de Singapur. Libros, revistas y publicaciones poco frecuentes reconstruirán la cultura impresa que sostuvo aquellos intercambios. Ejemplares de ‘Camera Work’, de ‘Shashinkai: The Monthly Photographic Journal’ durante la década de 1920 y de ‘USSR in Construction’ en los años treinta revelarán cómo las fotografías viajaron, encontraron nuevos públicos y participaron en debates artísticos que nunca estuvieron confinados a un único centro cultural.
El capítulo final cuestionará la frontera establecida entre pictorialismo y modernismo. Los retratos solarizados realizados en la década de 1930 por el fotógrafo de Sri Lanka Lionel Wendt y las composiciones experimentales creadas durante los años cincuenta por el japonés Shigeru Onishi mostrarán que el movimiento mantuvo un diálogo prolongado con los lenguajes visuales modernos.
Las trayectorias de Edward Steichen, Paul Strand y Edward Weston permitirán observar esa relación desde Estados Unidos. Los tres participaron, en diferentes momentos, de las búsquedas pictorialistas y modernistas, una continuidad que desestabiliza las clasificaciones demasiado rígidas. La selección incluirá ‘Primo Carnera’ (c. 1922), de Steichen, y ‘Miss Thomson, New Mexico’ (c. 1922), de Strand.
La Tate Modern propone así una historia de la fotografía menos obediente a los límites geográficos y a las sucesiones canónicas. El pictorialismo aparece como una red de investigaciones desarrolladas durante décadas y en contextos culturales diversos, un laboratorio desde el que la fotografía conquistó su autonomía artística. La exposición no se limita a rescatar un movimiento: revisa quiénes tuvieron derecho a narrarlo y desde qué lugares se construyó esa historia.
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