El relato de Juan Carlos Trinchet no es un texto narrativo convencional, sino una arquitectura literaria disonante que se construye desde la fisura, desde el temblor, desde una mente que se derrumba mientras vuela. Juan Carlos Trinchet edifica un discurso existencial suicida que se pliega sobre sí mismo como un avión en picado: errático, brillante, contradictorio y lleno de turbulencias metafísicas, familiares, sexuales, geográficas y urbanísticas. Esta no es sólo la historia de un arquitecto suicida que viaja a Brasilia; es la crónica visceral de una demolición interna, narrada con un lirismo autodestructivo y una densidad simbólica que recuerda por momentos a Thomas Bernhard, por su odio íntimo al mundo, y por otros, a Clarice Lispector, por su vocación hacia lo abismal e inenarrable.