La escena teatral contemporánea liderada por el Festival de Aviñon; en sus momentos más valientes, se atreve no solo a representar el mundo, sino a reabrir sus heridas. El homenaje escénico a Gisèle Pelicot, ideado por el suizo Milo Rau y la dramaturga francesa Servane Dècle, es uno de esos momentos raros y necesarios en los que el arte no se repliega en la estética ni en la metáfora, sino que se lanza de lleno al campo de batalla de la memoria, la justicia y el cuerpo violado. Representado precisamente en la ciudad donde se juzgó —y se desoyó— a sus violadores, el montaje no es una mera evocación documental, sino una verdadera revuelta emocional y política. Es teatro de la urgencia, de la piel quemada, de la palabra alzada y de las mujeres valientes que le enseñan, de pie, la cara a sus violadores. La obra tiene el visto bueno de la propia Gisèle Pelicot, con la que hablaron a través de sus abogados, y aunque ella no estará presente en persona ha pedido seguir la representación a través de internet. Tras Aviñón, la producción girará por el mundo, con paradas ya agendadas en lugares como Lisboa, Varsovia o Belgrado, y esperan que también pueda viajar a Barcelona.