Imaginemos, por un instante, que el siglo XXI, de la mano del nuevo ultraimperialismo de Donald Trump, ha aprendido a intervenir sin crear guerras civiles, que no son rentables para ningún bando, salvo que los hidrocarburos sean cruciales en todo este relato. La doctrina militar ya no se articula en torno a invasiones, sino a silencios y hackeos. El poder no entra con tanques, sino con IA, paciencia y apagones estratégicos.
Si a todo eso le sumas la supuesta traición de Delcy Rodríguez, el cóctel es equilibrado, y se lo bebió Maduro sin esperar, en su residencia en Caracas. Delcy Rodríguez, casualmente, asume el mando del país, y tanto la oposición como los chavistas se encierran en sus casas, haciendo acopio de víveres. ¿Dónde está la oposición y las manifestaciones enardecidas de ambos bandos? Silencio. Derecho a no declarar. Poco más.
Qué casualidad que Donald Trump prefiera a Delcy antes que a Corina Machado, quien, claro, recibió el Premio Nobel por incitar a la guerra. Delcy, presuntamente, ha estado negociando la caída de su jefe porque estaba harta de tanta tensión desequilibrada, y porque no le ha quedado más remedio que doblegarse o asumir la misma suerte de Nicolás Maduro. Ella, supuestamente, es la traidora; si no, no se entiende que al pobre Maduro lo arrastren desde su habitación, junto a su mujer, sin que nadie pueda evitarlo en plena madrugada, cobijado por la élite de la inteligencia cubana.
Delcy ansía el poder, y, mira por dónde, ahora el Tribunal Supremo de Venezuela le entrega todas las pleitesías. A rey muerto, reina puesta; eso sí, servil a los intereses de Donald. Las Fuerzas Armadas de Venezuela prefieren a Delcy. Las supuestas negociaciones de Estados Unidos con la cúpula militar venezolana llevan meses en ebullición. Todo Caracas ha estado invadido por agentes de la CIA en pisos francos, analizando hasta las mascotas de Maduro.
Todo el entramado chavista ha estado de acuerdo con USA en que prefieren a Delcy en una transición de poderes que debe ser negociada al milímetro, porque los militares manejan mucha pasta. Lo nuevo e interesante es que Donald Trump consigue su objetivo no solo evitando una guerra civil, sino modernizando las nuevas formas imperialistas de agresión en aras de una expansión territorial interesada por los recursos naturales intrínsecos.
Conclusión: las fuerzas armadas bolivarianas le dieron el visto bueno a Delcy, Delcy se lo dio a Trump, y Trump se lo dio a las Delta Force. “That’s it”. La ironía de todo este tema es acuciante: ¿Delcy o Corina?