Por quinto año consecutivo, salas, vestíbulos, zonas de tránsito e incluso el jardín del museo se transforman en escenarios donde creadoras nacionales e internacionales articulan discursos que dialogan con la colección permanente y con el propio edificio. Las performances abordan cuestiones urgentes y estructurales: la invisibilización histórica de las mujeres, el feminicidio, los efectos persistentes del colonialismo, la memoria traumática, los conflictos bélicos o la fragilidad del relato hegemónico occidental. Cada acción interpela al público desde el cuerpo, el sonido, el gesto y la ocupación simbólica del espacio, invitándolo a cuestionar los marcos desde los que se construye el pensamiento dominante.
Procedentes de España, Italia, Chile, Perú, Guinea Ecuatorial y Guatemala, las diez artistas convocadas en esta edición son María Vallina, M. Nieves Cáceres, Cheril Linett, Monica Mura, Kay Zevallos Villegas, Maya Saravia, Analía Beltrán i Janés, Encarnación Eyang Ndong Andeme, Mónica Cofiño y Esther Aldaz. Una selección que traza un mapa plural de sensibilidades, contextos y lenguajes, atravesado por una conciencia política del arte como herramienta de escucha y de resistencia.
El proyecto cuenta, un año más, con el respaldo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que facilita la participación de artistas de Guinea Ecuatorial y Guatemala a través de su red de centros culturales. A este apoyo se suma The Social Hub como alojamiento oficial de las creadoras, así como la colaboración con instituciones como el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Gran Canaria y LABoral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón, acuerdos que refuerzan la presencia de artistas canarias y asturianas dentro del ciclo.
La programación se abre el 21 de enero con Silencio roto para un encuentro en los límites habitables, de María Vallina (España), en colaboración con LABoral. Partiendo de la obra Columnas de Hércules de Morris Louis, la artista asturiana explora las restricciones físicas y simbólicas del museo, desplazando la atención hacia muros, ventanas y silencios. Mediante materiales cotidianos como papel, lana o agujas de tejer, la acción fisura esos límites y propone habitar el espacio desde una lógica subversiva, atenta a lo que normalmente permanece inaudible.
El 18 de febrero, M. Nieves Cáceres (España) presenta Dejar caer, en colaboración con el CAAM. La performance se articula como un ritual en el que zurrones de piel de cabra contienen alimento que el público puede recoger. La acción establece un diálogo entre la colección de arte europeo de época colonial y los objetos tradicionales de las comunidades indígenas, transformando el gesto de alimentar en una metáfora de reparación y sanación frente a la historia de la colonización insular.
El 18 de marzo, la artista chilena Cheril Linett propone Frontera, una acción que reflexiona sobre el dolor ajeno y la circulación constante de imágenes de violencia. A través de cuerpos cubiertos con sábanas —evocando tanto la pandemia de la COVID-19 como la guerra en Gaza— y una línea de barro que recorre cada cuerpo hasta formar una franja continua, la performance interpela la anestesia social y la pérdida progresiva de empatía.
El 29 de abril, la italiana Monica Mura presenta Cuntzertu pro sonallas, una acción sonora inspirada en la tradición de los cencerros sardos, históricamente asociados a rituales masculinos. La artista recupera la creencia ancestral de que estos sonidos ahuyentan a los malos espíritus para cuestionar los espacios simbólicos de exclusión que aún persisten. La propuesta fue seleccionada dentro del programa El Palacio. Residencias Artísticas y Acción Cultural del Ayuntamiento de Gijón y contó con el apoyo de Acción Cultural Española y la Fundación Silos.
El 13 de mayo, Kay Zevallos Villegas (Perú) presenta Primi-tiva: como planta a la tierra, una performance inspirada en Mata mua de Paul Gauguin que recupera el sentido originario de lo “primitivo” como aquello que es primero, ancestral y vivo. A través de un recorrido sensorial por el museo, la artista transita del artificio al cuerpo cubierto de escamas, proponiendo una inversión de la mirada occidental mediante la figura de la drag amazónica.
El 10 de junio, Maya Saravia (Guatemala) presenta Night Shift / Turno de noche, con el apoyo del Centro Cultural de España en Guatemala (AECID). La acción nace de conversaciones íntimas con el personal de limpieza del museo, quienes comparten su relación silenciosa con las obras. De ese diálogo nocturno surge una música delicada y una canción creada para el turno de noche, donde resuenan el trabajo invisible, la memoria y la contemplación solitaria del arte.
Tras el verano, el 16 de septiembre, Analía Beltrán i Janés (España) presenta Papel de seda, una pieza basada en entrevistas a mujeres que trabajaron en el ámbito agrícola entre las décadas de 1950 y 1970. A través de archivos locales, imágenes familiares y objetos de trabajo, la performance construye un relato poético que reflexiona sobre el tiempo histórico y la persistencia de determinadas condiciones laborales y vitales.
El 21 de octubre, Encarnación Eyang Ndong Andeme (Guinea Ecuatorial) presenta Mi abuela es sabia, con el apoyo del Centro Cultural de España en Bata. La performance reivindica el saber ancestral de las abuelas que asistieron partos sin recursos médicos, utilizando únicamente el conocimiento transmitido por generaciones. La obra pone en valor esas memorias invisibilizadas y llama a preservar el legado de los antepasados.
El 18 de noviembre, Mónica Cofiño (España) propone Radiofonías de una guerra, en colaboración con LABoral. Se trata de un ritual participativo en el que el público decide, a través de tecnologías radiofónicas, qué se escucha y qué se silencia, quién dice la verdad y quién miente, evidenciando los mecanismos de manipulación de lo público.
El ciclo se cierra el 16 de diciembre con Sesión de entrenamiento, de Esther Aldaz (España), en colaboración con el CAAM. La performance parte del instante en que una mujer se levanta y utiliza la palabra como un mantra de resistencia frente al abuso de poder, la vigilancia y el control ejercidos sobre los cuerpos femeninos.
Con esta quinta edición, Visión y presencia consolida su lugar como un espacio de pensamiento encarnado, donde el museo deja de ser un contenedor pasivo para convertirse en un organismo permeable, atravesado por voces que interrogan la historia, el presente y las formas mismas de mirar.









