Enrique Guerra, prestigioso psiquiatra madrileño, considerado, por la revista Urban Beat como uno de los 15 mejores médicos en España, nos adentra en el apasionante mundo de la mente humana. “No soy un psiquiatra típico” señala al referirse que sus tratamientos no son convencionales al priorizar la psicoterapia antes que los tratamientos farmacológicos.
Acostumbrado a realizar muchos y muy distintos análisis de perfiles, le pido que haga una descripción de sí mismo ¿Quién es Enrique Guerra?
Soy Psiquiatra y he vivido toda mi vida en Madrid. Gracias a Dios y a mi familia pude hacer la carrera de medicina que ha sido mi vocación desde pequeño. En aquellos tiempos no era como ahora, debías realizar un internado rotatorio y después el MIR (médico interno residente). Al finalizar el internado debía pensar en qué especialidad debía escoger, y lo curioso es que mi primera opción no fue psiquiatría, más bien la cardiología, por referentes familiares. Se trataba de mi tío, que era un cardiólogo muy afamado, pero falleció justamente el último año que yo terminaba la carrera y por algún motivo aquel hecho hizo que me planteara otras expectativas.
El internado rotatorio influyó en mi elección por la psiquiatría, pero lo que más llamó mi atención fue ir como observador a un grupo de terapia y eso me dejó muy impactado. Entonces se conjugó una cosa con otra, con lo cual me decidí por la psiquiatría
Ahí empezó mi carrera, deseaba psiquiatría en el clínico, por ende, solicité una plaza de médico general, y la obtuve. En aquel entonces me asignaban dos horas de consulta una vez que acabado el internado, y en paralelo, continuaba con la búsqueda de trabajo específico de lo mío.
Al pasar un tiempo, en la década de los ’80 y con la llegada del síndrome tóxico, el hospital 12 de octubre creó un equipo de salud mental en el cual me designaron a mí, convocando a una oposición la cual aprobé, hasta que finalizó mi periodo en el 12 de octubre.
Desde entonces he estado en distintos centros de salud: en Alcorcón, en Vallecas, en Torrejón. Hasta que en los seis o siete últimos años de mi carrera, me ofrecieron llevar la jefatura de la Unidad de Trastornos de conducta alimentaria en el hospital universitario Santa Cristina. Ahí estuve hasta el año 2019, año de mi jubilación de la asistencia pública.
Actualmente me dedico a la asistencia privada, un poco más que en aquel entonces, pero no tanto como me gustaría. Primero porque anteriormente la asistencia pública absorbía mucho tiempo y ahora que tengo más tiempo disponible, soy consciente de que los años no perdonan, y aunque, gracias a dios estoy bien de salud, no me dedico a ello todos los días, hay que ser coherente con los años que se tienen y actuar acorde a ello.
¿Cuáles son sus especialidades?
Si hablamos de enfermedades podría mencionar: los trastornos de personalidad, los cuadros depresivos, los trastornos de ansiedad en el sentido extenso, tanto; crisis, fobias, obsesiones, trastornos por estrés postraumático, que ahora están tan en boga, por mencionar algunos.
En cuanto a los tratamientos debo decir que no soy un psiquiatra típico y me dedico principalmente a la psicoterapia. No es raro decir que prefiero la psicoterapia a la medicación, sin desatender a aquellos pacientes que requieran medicina. Me he formado en psicoterapia psicodramática, por lo tanto, mis tratamientos son más psicoterapéuticos que farmacológicos.
¿Cree usted que a lo largo de su trayectoria la psiquiatría ha sufrido algún tipo de transformación?
Yo creo que se ha ido transformando bastante, la edad me permite tener una visión más amplia. Si hablamos del estigma, que aún existe, ha disminuido bastante a lo largo de los años. En general el paciente acude con bastante facilidad a consulta (algunos no), salvo que no se tenga conciencia de la enfermedad como en el caso del trastorno bipolar o la psicosis.
¿Cuáles son las señales que debemos atender para que decidamos ir a un psiquiatra?
Depende de cada patología, cada patología tiene sus señales, por ejemplo, en una posible depresión: bajo estado de ánimo, pérdida del impulso a la actividad, falta de placer en las cosas que se hacen, deseo de comunicarse poco. En algunos casos puede ir acompañado de ansiedad o ideas de muerte. En el caso de la ansiedad, aparecen síntomas físicos, tanto a nivel cardiovascular como a nivel de temblores: molestias digestivas, fobias y obsesiones, temor intenso e irracional, pensamientos intrusivos, que uno reconoce que son o exagerados o absurdos, pero no puede evitarlos.
A la hora del trastorno bipolar, por ejemplo, si se trata de un cuadro maníaco, hay un cuadro de euforia, ahí las señales las tienen que ver los que le rodean, porque si una persona nota una alegría excesiva, eso no es una cosa displacentera, por lo tanto, nunca se le ocurrirá ir a un psiquiatra por eso, ahí es la familia la que tiene que ver.
En cada enfermedad, si se bebe alcohol ya sea, de manera regular en exceso o si es de forma irregular, las veces que bebe, es de una intensidad enorme.
Cada enfermedad tiene sus signos, y la patología de la personalidad es diferente, porque se va observando a lo largo de la vida. El trastorno de personalidad a diferencia del resto de las enfermedades no es algo que no se tiene y que a partir de una edad aparece, sino que la persona y los que le rodean van observando que si una serie de pensamientos y comportamientos son anómalos depende del trastorno de personalidad que se trate.
Desde la perspectiva social, muchas veces hemos utilizado terminologías que indican una enfermedad como: esquizofrénico, histérico, psicópata, y las hemos utilizado como insulto, ¿nos falta cultura en materia de psiquiatría?
Los diagnósticos en psiquiatría y las terminologías han cambiado, por ejemplo: Psicopatía sigue existiendo, realmente la histeria o sobre todo el trastorno de personalidad histriónico sigue existiendo, por una cuestión de estigma se cambia el término, pero se cambia el término por cuestiones sociales, no que la enfermedad deje de existir, y la psicopatía se ha denominado de muchas formas, pero el nombre psicopatía es correcto.
Y sí, podría existir más cultura al respecto, pero eso corresponde más a cuestiones preventivas y yo no me he dedicado a ello, pero sí, se tendría que hacer, en el área de prevención de la salud mental.
Actualmente se habla mucho de salud mental, es un tema al que se le está dando muchísima visibilidad, incluso actores han comentado que han sufrido depresión, ansiedad o cualquier otra patología. ¿Cree que se está banalizando o frivolizando la salud mental?
Que una persona mediática salga contando que tiene una enfermedad mental, habría que saber la finalidad que tiene, pero yo considero que una enfermedad en general es una cosa de la vida privada, que se puede compartir con familia y amigos, gente de confianza.
En el caso de un programa de televisión, que contacte con esa persona mediática, con la finalidad de informar al público, para educar sobre la enfermedad me parece bien, siempre que ese sea el objetivo.
¿La salud mental está de moda?
El contar una enfermedad a un número indeterminado de personas no tiene sentido. Me imagino yo, como enfermo contando a todo el mundo que tengo una depresión, ¿qué me aporta a mí eso? Lo verán, escucharán, habrá opiniones, unas que se expresarán y otras que no, pero resulta que algo que yo considero que es de la vida privada, no logro entender la finalidad de contarlo al mundo.
Se dice que hay un aumento progresivo de las enfermedades mentales, supongo que sobre todo en el mundo occidental. ¿A qué cree que se debe que haya un aumento?
Enfermedades mentales hay en todas partes, quizás existe el mito de que las sociedades que no son occidentales no tienen. Tienen enfermedades, quizás de otras características, pero tienen.
Las enfermedades en psiquiatría se averiguan de dos formas: haciendo una encuesta de población y calculando el número de personas que acuden a consulta. Como ahora acuden más al psiquiatra, aparecen más enfermedades.
Supongo que los investigadores, tendrán en cuenta que aparecen muchos más pacientes que antes por la consulta, eso se debe tomar en cuenta para hacer un factor de corrección.
Algunas enfermedades como depresión y algunos trastornos de ansiedad aparecerán más, pero siempre hay que hacer ese factor de corrección porque si las personas van más a consulta, aparentemente hay más enfermedades, pero si comparamos y esas personas que estaban enfermas no acuden a consulta las enfermedades no dejan de existir, lo que pasa que no lo podemos saber.
En nuestra civilización occidental ¿cuáles serían las enfermedades mentales más comunes?
La depresión, ansiedad, trastornos por déficit de atención, pero volviendo a lo anterior ¿existen más o es que los que existían antes no se consultaban?
En el caso del trastorno por estrés postraumático, no es que antes no existiera el trauma, pero seguramente no consultaban.
¿Si tuviese la oportunidad de elegir nuevamente, optaría por la psiquiatría?
Me gustan mucho las enfermedades mentales, me llama la atención, me seguiría llamando la atención. A efectos de tratamiento la psicoterapia es algo que me apasiona, hago psicoterapia, pero me hubiese gustado hacer mucho más. Un tipo de psicoterapia que a mí me gusta es la de grupo, pero hay que tomar en cuenta que se debe contar con un número X y que las patologías sean congruentes, no se pueden meter en un grupo aleatoriamente toda la patología.
Pero sí, sí, yo creo que por esas razones volvería a optar por la psiquiatría.
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