No se trata de un homenaje ceremonial ni de una efeméride inerte. La presencia del compositor —autor de zarzuelas como Luisa Fernanda o La chulapona— se filtra de manera orgánica en la programación, como si su legado fuese una corriente subterránea que aflora en cada concierto. Ocho citas musicales, un concurso dirigido a jóvenes intérpretes, clases magistrales y una conferencia que cerrará el festival el 14 de junio configuran un programa que no solo exhibe, sino que argumenta. La charla estará a cargo de su nieto, Lucio Arrieta Moreno-Torroba, quien desgranará la figura del compositor en el Colegio Mayor Santa María de Europa de la Universidad Complutense.
Los escenarios —el Ateneo de Madrid y, principalmente, el Auditorio Nacional— funcionarán como espacios de resonancia donde distintas generaciones de intérpretes revisitan la obra de Torroba desde múltiples ángulos. El Dúo Melis, Rafael Aguirre, Pablo Sainz Villegas, el Dúo Anaura o David Russell incorporan piezas del compositor en sus programas, seleccionadas de una producción guitarrística tan extensa como determinante.
Al frente del festival, la guitarrista Laura Verdugo del Rey ha logrado consolidar este proyecto como una de las citas imprescindibles del circuito nacional. No es una afirmación retórica: el festival ha construido una identidad reconocible a partir de una doble estrategia. Por un lado, la presencia de figuras consagradas de alcance internacional; por otro, una apuesta decidida por las nuevas generaciones. A esto se suma una programación que se reivindica diversa, inclusiva y atravesada por una notable presencia femenina, no solo sobre el escenario, sino también en los espacios de decisión, docencia y gestión.
La apertura del festival es, en sí misma, una declaración de intenciones. Los dos primeros conciertos están dedicados a jóvenes guitarristas que ya han comenzado a inscribir su nombre en el mapa internacional. El 5 de mayo, en el Salón de Actos Petra Martínez y Juan Margallo de Rivas, actuarán el británico Tom Hodgkinson —ganador del Concurso José Tomás Villa de Petrer— y el croata Filip Miskovic, distinguido en el Certamen Internacional Andrés Segovia. Un día después, en el mismo escenario, será el turno del japonés Sohta Nakabayashi, vencedor del VII Concurso Internacional de Guitarra de Madrid, y del mexicano Alberto Quintanilla, premiado en el Festival Internacional de Mula. No son promesas: son ya una forma anticipada de certeza.
El 30 de mayo, el Dúo Melis trasladará al Ateneo de Madrid su programa La vida breve, concebido como un tributo al 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla. Formado por la española Susana Prieto y el griego Alexis Muzurakis, este conjunto ha construido, desde su debut en 1999 en el Festival de Volos, una trayectoria marcada por la intensidad expresiva y una compenetración casi orgánica. Su lectura de Falla —a través de piezas como El amor brujo o El sombrero de tres picos— promete una relectura donde lo orquestal se repliega en la intimidad de las seis cuerdas sin perder densidad.
El 5 de junio, Rafael Aguirre propondrá en el Auditorio Nacional un ejercicio de condensación histórica: diez piezas que atraviesan cuatro siglos de música. Desde la célebre chacona BWV 1004 de Bach hasta nombres como Giuliani, Mendelssohn, Barrios, Chopin o Paco de Lucía, su recital se plantea como una cartografía del instrumento. Aguirre no necesita presentación: ha actuado en 39 países y acumula 13 primeros premios internacionales, una cifra que en sí misma funciona como argumento.
Un día después, Pablo Sainz Villegas tomará el relevo con un programa que, salvo una incursión en Bach, se sumerge de lleno en la tradición española y latinoamericana. Con obras de Villa-Lobos, Turina, Albéniz o Barrios-Mangoré, el guitarrista riojano reafirma su condición de embajador global de la cultura española. Su trayectoria —más de 40 países y colaboraciones con orquestas de primer nivel desde su debut con la Filarmónica de Nueva York— lo sitúa en una genealogía que inevitablemente remite a Andrés Segovia.
El 11 de junio, el Conservatorio Profesional de Música Amaniel acogerá el concierto del chino Xingye Li, un intérprete que encarna la dimensión verdaderamente internacional del instrumento. Ganador de certámenes en Corea, Polonia y Alemania, su presencia evidencia que la guitarra clásica ha dejado de ser un territorio exclusivamente europeo para convertirse en un lenguaje global.
El 12 de junio, el Auditorio Nacional será escenario de un estreno absoluto: Anaura, obra de David del Puerto escrita para el Anaura Guitar Dúo. Integrado por Anabel Montesinos y la propia Laura Verdugo del Rey, el dúo se presenta como un espacio de exploración sonora donde la técnica se pone al servicio de una búsqueda expresiva más amplia. El programa se completa con piezas de Sor, Albéniz, Piazzolla, Morel, Assad y Gnattali.
El cierre musical llegará el 13 de junio con David Russell, una figura ya inseparable del festival. El guitarrista escocés, ganador de un Grammy Latino en 2005 por Aire latino y miembro de la Royal Academy of Music desde 1997, interpretará, entre otras obras, Don Quixote, pieza compuesta para él por Stephen Goss. En su recital no faltará el tributo a Moreno Torroba con Castillos de España, cerrando así el círculo que el festival ha trazado desde su inicio.
Pero más allá de los nombres consagrados, el festival insiste en una idea que, en tiempos de inmediatez, resulta casi subversiva: el talento necesita tiempo, acompañamiento y estructura. Las clases magistrales impartidas por los artistas invitados y el Concurso de Guitarra para Jóvenes Talentos —cuyas finales tendrán lugar del 11 al 12 de junio en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando— funcionan como dispositivos de transmisión. Los ganadores no solo obtendrán premios económicos, sino también acceso a otros festivales de prestigio, configurando una red que sostiene y proyecta sus carreras. A ello se suma un reconocimiento específico a la mejor intérprete femenina, en un gesto que no busca cuota, sino corrección histórica.
Con el respaldo de instituciones públicas y privadas —desde el INAEM hasta la Fundación SGAE, pasando por el Ayuntamiento de Rivas o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando— el Festival Internacional de Guitarra de Madrid no solo programa conciertos: articula un discurso. Uno en el que la guitarra deja de ser un objeto para convertirse en un territorio donde tradición y contemporaneidad no se enfrentan, sino que se necesitan. Y en ese territorio, la sombra —o más bien la luz persistente— de Moreno Torroba no actúa como nostalgia, sino como una forma de continuidad.









