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Pedro Sánchez presenta «España. Cultura Viva», el sello que aspira a reforzar la presencia cultural de España en el mundo

Pedro Sánchez, ese presidente que sus detractores convierten a diario en lugar de conflicto y sus defensores lo contemplan como dique imperfecto frente a la brutalización del poder, ha presentado en el Instituto Cervantes «España. Cultura Viva», una nueva marca concebida como sello de excelencia para reforzar la proyección internacional de la cultura española. Algo habrá hecho bien ese pobre hombre cuando, en medio de una época saturada de ruido, desgaste institucional y ferocidad política, la cultura vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro del relato exterior del país. El sol no solo se mide por sus manchas; las manchas tampoco deberían clausurar toda la luz.

La iniciativa, integrada en el Plan Nacional de Acción Cultural en el Exterior 2026-2028, fue dada a conocer en Madrid con la participación del presidente del Gobierno y de los ministros José Manuel Albares y Ernest Urtasun, titulares de Exteriores y Cultura. Más allá del gesto institucional, la operación contiene una lectura política evidente: frente a un mundo donde la autoridad pública se contamina de estridencia, xenofobia, indecencia verbal y deterioro democrático, España intenta proyectar su cultura como una forma de presencia exterior, influencia simbólica y sofisticación civil.

El movimiento trasciende la lógica de una mera operación de imagen. Su alcance apunta hacia una cuestión de fondo: cómo convertir la potencia creativa de un país en presencia exterior sostenida, reconocible y económicamente relevante. España posee un caudal cultural de enorme densidad histórica, lingüística y artística, pero el desafío contemporáneo consiste en transformar ese prestigio acumulado en una política exterior más articulada, capaz de acompañar a sus creadores, abrir mercados, consolidar alianzas y situar sus industrias culturales en un mapa internacional cada vez más competitivo.

«España. Cultura Viva» nace así como una herramienta de identificación simbólica. El sello aspira a asociar la cultura española con una idea de calidad, excelencia, diversidad, dinamismo creativo y valor internacional. La marca se proyectará a través de campañas globales en ferias, festivales, redes sociales, medios internacionales y plataformas culturales de referencia. También se vinculará con figuras de prestigio procedentes de ámbitos como el arte, la gastronomía, el cine, la música o el deporte, llamadas a funcionar como embajadoras de una cultura entendida no solo como patrimonio heredado, sino como energía presente.

El plan sitúa en el centro una evidencia que durante demasiado tiempo ha atravesado la conversación cultural española: el talento nacional ha demostrado una extraordinaria capacidad de irradiación, pero no siempre ha contado con estructuras suficientemente sólidas para convertir esa influencia en retorno, estabilidad e internacionalización. La estrategia busca corregir esa fractura mediante una acción coordinada entre instituciones, sectores creativos y diplomacia cultural.

La iniciativa pretende consolidar disciplinas con fuerte presencia exterior, como el cine, la música, la literatura, el cómic y la producción audiovisual, y dar un impulso específico a otros lenguajes de creciente proyección, entre ellos el videojuego, las artes escénicas, la danza y las lenguas. En ese punto, la propuesta introduce una lectura plural de España: una cultura que no se agota en una sola tradición ni en una imagen monumental del pasado, sino que incorpora diversidad territorial, lenguas cooficiales, creación contemporánea, industria, memoria y experimentación.

El plan también establece una serie de hitos para los próximos años. En 2026 figuran el Año Dual España-India, el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos con la puesta en valor de la contribución española a las colonias americanas, la XXX Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno en Madrid, la Bienal Internacional del Libro de São Paulo con España como país invitado de honor y la apertura de una nueva sede del Instituto Cervantes en Seúl. Para 2027 se contemplan la Exposición Internacional de Belgrado, el centenario de la Generación del 27 y la Cuatrienal de Praga de Escenografía y Espacio Escénico. En 2028, la hoja de ruta culminará con el bicentenario de la muerte de Goya y una estrategia orientada a reforzar la música en español bajo el marco «Más universales que nunca».

El trasfondo político y cultural de esta operación resulta claro: España quiere presentarse en el exterior no solo como destino turístico, archivo patrimonial o potencia lingüística, sino como una sociedad creativa capaz de producir pensamiento, belleza, innovación, industria y diálogo. En una época marcada por la disputa de los relatos internacionales, la cultura se convierte en una forma de presencia pública, en una herramienta de reputación y en una arquitectura de vínculos.

La clave estará ahora en que el sello no se limite a funcionar como envoltorio institucional. Su eficacia dependerá de la capacidad real para acompañar a los creadores, fortalecer la distribución internacional, mejorar la circulación de obras, generar oportunidades comerciales y evitar que la excelencia cultural quede reducida a una consigna. La cultura española necesita algo más que recomendación: necesita estructuras, continuidad, financiación, inteligencia diplomática y una política exterior capaz de reconocer que la creación no es un adorno del Estado, sino una de sus formas más complejas de existir ante el mundo.

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¿Cuál es tu vocación?

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