Hijos directos de Enrique Morente y Tomatito, respectivamente, ambos músicos conocen el privilegio y la dificultad de crecer junto a una obra que forma parte de la memoria del género. Su desafío no consiste únicamente en conservarla, sino en impedir que la veneración la vuelva inmóvil. Frente a la repetición reverencial, los dos intérpretes proponen una lectura contemporánea del linaje: respetar el origen, asumir su peso y utilizarlo como punto de partida para construir una identidad propia. El encuentro, de aproximadamente noventa minutos y dirigido a todos los públicos, estará compuesto por dos actuaciones diferenciadas. Cada artista presentará su universo sonoro y estético antes de reunirse en una colaboración inédita. El cante, la guitarra y la memoria familiar confluirán así en una conversación entre Granada y Almería, entre la experimentación morentiana y una de las grandes escuelas de la sonanta flamenca.
Kiki Morente llegará a Condeduque con ‘Azabache’, su trabajo más íntimo hasta el momento. Nacido en Granada en 1989, hijo del cantaor Enrique Morente y de la bailaora Aurora Carbonell, se formó entre reuniones familiares, escenarios y estudios de conservatorio. Ese aprendizaje le permitió conocer la arquitectura profunda del cante antes de aproximarse a sus límites expresivos.
Su debut en solitario tuvo lugar en 2012, dentro del Festival Suma Flamenca de Madrid. Cinco años después publicó ‘Albayzín’, un primer álbum concebido como declaración de pertenencia a Granada y a la memoria musical de su casa. Con ‘El cante’, editado en 2021, amplió su campo creativo mediante composiciones propias, poesía y discretas texturas electrónicas. La innovación aparecía entonces integrada en el discurso, alejada del recurso ornamental o de la voluntad de modernizar el flamenco desde la superficie.
‘Azabache’, su tercer trabajo discográfico, profundiza en esa búsqueda personal y familiar. El álbum, nominado al Latin Grammy en la categoría de mejor disco de música flamenca, contiene las raíces de la tradición morentiana, aunque evita convertirlas en una fórmula previsible. Su voz, áspera y luminosa, puede desplazarse desde la soleá hasta los tangos con dominio del compás, flexibilidad y una expresividad que prescinde del artificio.
Kiki Morente no intenta reproducir la figura de su padre. Conversa con ella, reconoce su influencia y prolonga aquella concepción del flamenco como territorio abierto al riesgo. Esa responsabilidad adquirió una dimensión especialmente simbólica durante la gira conmemorativa del trigésimo aniversario de ‘Omega’, junto a Lagartija Nick. Al asumir uno de los repertorios más influyentes y radicales del flamenco contemporáneo, el cantaor confirmó que una obra permanece viva cuando vuelve a exponerse al presente.
Frente a su cante se situará la guitarra de José del Tomate, nacido en Almería en 1997 con el nombre de José Israel Fernández Torres. Hijo de Tomatito y heredero de una genealogía vinculada también a Miguel Fernández Cortés ‘El Tomate’, creció rodeado de guitarras, falsetas y conversaciones marcadas por el compás. Entre sus referentes figuran Sabicas, Paco de Lucía y, de manera especialmente cercana, el Niño Miguel.
Comenzó a tocar a los trece años y pronto acompañó a su padre en actuaciones y giras internacionales. Aquella experiencia le permitió comprender el flamenco como disciplina escénica, lenguaje familiar y espacio de comunicación entre generaciones. Su trayectoria lo ha llevado al Festival Internacional del Cante de las Minas, Suma Flamenca y el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, además de escenarios de Nueva York, Boston, Miami y Washington.
Su primer disco, ‘Plaza Vieja’, presentó a un guitarrista capaz de conjugar la memoria recibida con una sensibilidad compositiva reconocible. En su interpretación, la técnica se mantiene subordinada a la emoción: falsetas nítidas, rigor rítmico y una elegancia que evita la exhibición gratuita. La herencia no aparece como coartada ni como marca de prestigio, sino como un vocabulario que debe ser ordenado, discutido y transformado.
En Condeduque presentará ‘Sonanta 3.0. La herencia se transforma’, propuesta escénica vinculada a su próximo álbum. El título expresa con claridad el núcleo de su investigación: revisar la tradición familiar para descubrir qué puede decir una guitarra joven desde el interior de una de las sagas fundamentales del toque flamenco.
La reunión final de Kiki Morente y José del Tomate será, por tanto, algo más que el encuentro entre dos descendientes ilustres. Representará dos maneras complementarias de relacionarse con la memoria: desde la voz que se adentra en el legado de Enrique Morente y desde la guitarra que prolonga la escuela de Tomatito sin permanecer cautiva de ella.
El flamenco vuelve a demostrar así que su continuidad depende de su capacidad para cambiar. Una tradición verdaderamente viva no se conserva bajo una vitrina: se interpreta, se contradice y se entrega a quienes tienen el valor de hacerla sonar de otra manera.








