‘Ser Hamlet’ comienza antes de que el éxito internacional garantizara a sus protagonistas una legitimidad que nunca debió depender del aplauso. La cámara entra en la sala cuando el espectáculo aún no existe, la interpretación permanece expuesta al error y ninguna gira permite anticipar que aquel montaje nacido en Lima terminará recorriendo alrededor de sesenta ciudades de veintiún países.
Chela de Ferrari registró el proceso entre el 31 de octubre de 2018 y octubre de 2019, durante el año de ensayos que precedió la presentación pública del montaje. No pretendía conservar un recuerdo privado ni fabricar posteriormente una celebración institucional. Había comprendido que el acercamiento de Octavio Bernaza, Jaime Cruz, Lucas Demarchi, Manuel García, Diana Gutiérrez, Cristina León Barandiarán, Ximena Rodríguez y Álvaro Toledo a ‘Hamlet’ podía resultar tan revelador como la obra terminada.
Definir el documental como una película sobre personas neurodivergentes supondría aceptar el marco que intenta desmontar. Sus protagonistas no aparecen como ejemplos de superación, depositarios de una inocencia perpetua ni beneficiarios de una oportunidad concedida por el teatro. Son actores. Aprenden un texto, construyen personajes, discuten, olvidan parlamentos y comprenden que interpretar exige también separar la identidad propia de aquello que se representa.
Shakespeare entra en la sala de ensayo
Durante más de cuatro siglos, ‘Hamlet’ ha permanecido en el centro del canon occidental como una maquinaria inagotable sobre el poder, la duda, la muerte y el deseo. Sin embargo, la universalidad atribuida a Shakespeare ha convivido con una tradición escénica mucho más restrictiva: el texto parecía pertenecer a todos, pero determinados cuerpos seguían encontrando obstáculos para pronunciarlo.
La película trabaja sobre esa contradicción sin reducirla a una consigna. Los intérpretes se aproximan a Hamlet, Ofelia, Gertrudis, Claudio y Polonio desde sus propias experiencias. Las preguntas del príncipe de Dinamarca abandonan la distancia del monumento literario y se relacionan con el derecho a decidir, amar, trabajar, equivocarse y ser observado fuera de los prejuicios asociados al síndrome de Down.
Todos pueden llevar la corona. Esta circulación impide que Hamlet quede encerrado en un único actor y desplaza la autoridad hacia el conjunto. Shakespeare deja de funcionar como una reliquia ante la cual deben inclinarse. En la sala, el texto también es sometido a prueba: debe demostrar que su proclamada universalidad admite otras voces, temporalidades y maneras de habitar el escenario.
De Ferrari conserva momentos de tensión, bloqueos y dificultades expresivas que una narración complaciente habría eliminado para proteger la imagen de sus protagonistas. La cámara no borra la diferencia ni la utiliza como espectáculo. Registra el trabajo necesario para incorporarla al lenguaje de la obra.
Una directora que interviene sobre los clásicos
El paso de Chela de Ferrari al cine prolonga una trayectoria construida durante más de dos décadas alrededor de la dramaturgia contemporánea y la revisión de los repertorios consagrados. En 2003 fundó Teatro La Plaza, institución decisiva para la escena peruana cuya dirección artística ejerció hasta 2021. Desde allí impulsó una programación donde la creación reciente convivió con nuevas lecturas de los clásicos, entendidos como materiales que cada época debe volver a interrogar.
Esa voluntad adquirió otra dimensión en 2013 con Sala de Parto, un programa concebido para estimular la escritura teatral peruana y acompañar el surgimiento de nuevos autores. En 2019 amplió el campo de trabajo mediante La Plaza Media, plataforma desde la cual trasladó su investigación hacia el lenguaje audiovisual. ‘Ser Hamlet’ constituye su primera dirección cinematográfica, aunque la película no representa una ruptura con el teatro: nace de él y examina aquello que normalmente queda oculto detrás del resultado escénico.
La relación de De Ferrari con Shakespeare precede a ‘Hamlet’. Ha adaptado y dirigido ‘Ricardo III’ y ‘Mucho ruido por nada’, desmontando la distancia reverencial que suele proteger las obras canónicas. En 2024 llevó al Festival de Aviñón una versión libre de ‘La gaviota’, de Antón Chéjov, producida por el Centro Dramático Nacional de España y representada por un elenco compuesto mayoritariamente por intérpretes ciegos o con discapacidad visual.
Su trabajo junto al dramaturgo Luis Alberto León ha explorado también la violencia inscrita en la historia republicana del Perú. ‘La cautiva’, ‘Savia’ y ‘La barragana’ examinan momentos diferentes —el conflicto armado interno, la explotación durante la fiebre del caucho y las jerarquías raciales del siglo XVIII— sin aislar la brutalidad en el pasado, sino rastreando su persistencia en los vínculos, las instituciones y la vida cotidiana.
Esa trayectoria permite entender por qué ‘Ser Hamlet’ evita la pedagogía condescendiente. De Ferrari no llega a sus protagonistas para explicar una condición médica, sino para preguntarse qué sucede cuando otros cuerpos intervienen sobre los textos que una tradición demasiado segura de sí misma había reservado para intérpretes previsibles.
Una película construida desde lo que excluye
El documental renuncia deliberadamente a mostrar el estreno teatral, los aplausos, las funciones y la extensa gira posterior. Tampoco explica diagnósticos ni organiza el relato alrededor de una lección sobre el síndrome de Down. La historia termina antes de la consagración, cuando el resultado todavía es incierto y el proceso conserva toda su fragilidad.
La ausencia de los triunfos evita que la película se transforme en un catálogo de reconocimientos. La versión escénica llegaría después al Edinburgh International Festival, el Festival Santiago a Mil, el Festival Mirada de Brasil, el Grec de Barcelona, el Lincoln Center de Nueva York, el Centro Dramático Nacional de España y La Villette de París, además de presentarse en Hong Kong, Polonia y otros territorios. Ninguno de esos escenarios sirve como garantía dentro del filme.
Su espacio es más reducido y, por ello, más complejo: una sala cerrada donde los actores deben conquistar el personaje antes de conquistar al público. Allí aparecen las dudas de los intérpretes y las de la directora. Después de décadas dedicada al teatro, De Ferrari pudo contemplar desde fuera su propia forma de trabajar y enfrentarse a las relaciones de poder que normalmente desaparecen cuando se levanta el telón.
La cineasta ha rechazado expresamente la idea de realizar una historia sobre personas con discapacidad capaces de alcanzar “lo imposible”. Esa fórmula parece elogiosa, pero conserva intacta la jerarquía: define primero una carencia y presenta después cualquier logro como una excepción admirable. ‘Ser Hamlet’ altera ese mecanismo porque sitúa el valor artístico antes que la indulgencia social.
Jaime Cruz encontró la corona
El origen del proyecto se encuentra en Jaime Cruz, quien trabajaba como anfitrión y acomodador en Teatro La Plaza. Durante una presentación dejó de identificarse por la función que desempeñaba en la sala y se definió como actor. De Ferrari llevaba tiempo interesada en dirigir ‘Hamlet’, aunque todavía no había encontrado al intérprete desde el cual reconstruir la obra. La afirmación de Cruz abrió esa posibilidad.
Aquel desplazamiento —del trabajador que recibe al público al actor que ocupa el escenario— concentra una parte esencial del proyecto. No se trataba de otorgarle simbólicamente una corona, sino de reconocer una vocación y someterla a las exigencias del oficio. El elenco ensayó durante un año antes del estreno de 2019.
Las primeras funciones no estuvieron acompañadas por una respuesta inmediata. El interés expresado en redes sociales convivía con una asistencia limitada y con la sospecha de que se trataba de una propuesta infantil, amateur o sostenida únicamente por su dimensión social. El boca a boca modificó aquella percepción. El público comenzó a descubrir una obra capaz de sostenerse por su construcción escénica y por la calidad de sus intérpretes.
Tras la primera proyección del 7 de agosto, ‘Ser Hamlet’ volvió a exhibirse el día 15 en la Sala Roja del Centro Cultural PUCP. Su presencia fuera de competición evitó que participara en el palmarés, pero situó el debut cinematográfico de De Ferrari dentro de una edición que celebró tres décadas de cine latinoamericano en Lima.
La producción reúne a Núria Frigola Torrent, Alexandra Araujo-Álvarez y Viviana Rivas Gonzáles; Mathew Orzel firma la dirección de fotografía; Nicolé H. Céspedes, la edición; Javier Corcuera, la asesoría de montaje, y Rosa María Oliart, el diseño sonoro.
El equipo trabaja para llevar la película a salas comerciales durante 2027. Las primeras comunicaciones mencionaron Perú y España, aunque todavía no se han anunciado fechas, distribuidora ni circuito de exhibición. Mientras comienza ese recorrido, el elenco ensaya ‘Noche de Reyes’, otra aproximación a Shakespeare prevista para 2028.
‘Ser Hamlet’ plantea finalmente una pregunta incómoda para cualquier institución cultural que invoque la inclusión sin revisar sus jerarquías: quién posee el derecho efectivo a representar el patrimonio que se proclama universal. Los ocho actores no necesitan que Shakespeare los legitime. Es el canon, después de siglos decidiendo qué cuerpos podían encarnarlo, el que debe demostrar si todavía es capaz de reconocerlos.









