Rodada íntegramente en las termas romanas de Bande, en Ourense, la coproducción hispano-portuguesa convierte el espacio arqueológico en algo más que un escenario. Las ruinas funcionan como una grieta temporal donde distintas épocas se rozan y la amistad masculina queda expuesta fuera de sus códigos habituales de resistencia, camaradería y silencio. El filme observa a los hombres cuando la noche, el agua y la proximidad de otros cuerpos les permiten abandonar, siquiera momentáneamente, la obligación de parecer invulnerables.
Su estreno en salas culmina un itinerario internacional iniciado en 2025 en Giornate degli Autori, sección independiente celebrada durante el Festival de Venecia. Desde entonces, la película ha transitado por el New York Film Festival, el Jeonju International Film Festival, la Mostra Internacional de Cinema de São Paulo, la Viennale, Entrevues de Belfort, la Seminci de Valladolid, Cineuropa y D’A, entre otros encuentros consagrados al cine de autor y a las formas cinematográficas menos obedientes.
Ese recorrido ha estado acompañado por un palmarés considerable. En Venecia recibió dos premios Bisato d’Oro, concedidos por la crítica independiente, al mejor guion y a la mejor fotografía. Entrevues de Belfort le otorgó el Grand Prix Janine Bazin a la mejor película. En la sección Punto de Encuentro de la Seminci obtuvo el Premio Especial FUNDOS y una mención del Jurado Joven.
Cineuropa reconoció la obra con los premios a la mejor película, al mejor guion y a la mejor interpretación masculina, este último concedido colectivamente al reparto, además de otra mención del Jurado Joven. En D’A recibió la Mención Especial del Jurado. El conjunto de los reconocimientos revela algo más significativo que una acumulación de trofeos: confirma la capacidad de Azorín para articular una obra radical en su estructura y, al mismo tiempo, cercana en su temperatura emocional.
El jurado de los premios Bisato d’Oro definió la película como «un milagro silencioso» y destacó su narración etérea y su dominio visual. En Valladolid se valoró especialmente su aproximación a la masculinidad desde la ternura y la vulnerabilidad, así como una libertad formal que no convierte la experimentación en distancia emocional. El New York Film Festival subrayó su belleza, su misterio y la aparición de Azorín como una nueva voz relevante del cine contemporáneo.
La historia se despliega en unas termas romanas donde el tiempo parece haber renunciado a avanzar en línea recta. António y Jota regresan del frente junto a sus amigos durante una tarde de invierno. Buscan las antiguas aguas termales mientras bromean, atraviesan pantanos y recuerdan su última batalla. Las ruinas han reaparecido después de permanecer durante años bajo el agua de un embalse y atraen a visitantes de distintas edades.
Pero existe algo inquietante en ese lugar. El agua parece modificar el ánimo de los jóvenes y concederles el valor necesario para pronunciar aquello que nunca habían confiado a nadie. Entre baños nocturnos y conversaciones suspendidas, sus vidas comienzan a separarse. La película encuentra precisamente ahí su centro moral: en el instante anterior a la dispersión, cuando la amistad todavía ofrece refugio, pero ya no puede impedir que cada cuerpo avance hacia un destino diferente.
Azorín superpone épocas sin tratarlas como compartimentos históricos. Los soldados antiguos y los jóvenes del presente comparten un mismo territorio emocional. Cambian las lenguas, las guerras y las formas externas de la masculinidad, pero permanece el miedo a perder al otro, la dificultad de expresar afecto y la conciencia de que toda amistad contiene también una despedida futura.
Con motivo de su llegada a las salas, la película presenta un nuevo cartel creado por Jimena Merino, responsable de toda su identidad visual. El diseño condensa los elementos que sostienen la obra: el agua, la noche, las estrellas y unos cuerpos suspendidos en un tiempo imposible de medir. El cartel culmina una construcción gráfica que ha acompañado la película desde Venecia y prolonga fuera de la pantalla su atmósfera hipnótica.
El estreno estará acompañado además por ‘Los buenos augurios’, un programa de encuentros, actividades y proyecciones especiales concebido para extender la conversación más allá del cine. La iniciativa busca acercar la obra a públicos diversos y convertirla en un punto de partida desde el cual pensar la amistad, la juventud, la historia, el paso del tiempo y las formas contemporáneas de relacionarnos.
‘Anoche conquisté Tebas’ regresa así al lugar donde las palabras todavía pueden alterar el destino. Frente a una cultura que continúa enseñando a los hombres a protegerse mediante el silencio, la película propone otra posibilidad: entrar juntos en el agua, reconocer el miedo y comprender que la vulnerabilidad también puede ser una forma de conquista.








