La presentación tuvo lugar en La Nave de Madrid y reunió a figuras procedentes de la televisión, la música y otros ámbitos de la vida cultural y social. Carmen Borrego, José Almoguera, Antonio José, Lucas Velasco, Bea Jarrín, Raúl Castillo y Jota Abril estuvieron entre los asistentes a un desfile con el que la firma reforzó nuevamente su presencia dentro del calendario madrileño.
‘College’ parte de una iconografía inmediatamente reconocible. Escudos, chaquetas bomber, rayas varsity, cuadros y tonalidades empolvadas remiten a una cultura universitaria construida alrededor de clubes deportivos, bibliotecas, campus históricos y prendas asociadas al sentimiento de pertenencia. Sin embargo, Ramiro evita reconstruir literalmente aquel guardarropa y utiliza sus referencias como materia para intervenir sobre la sastrería contemporánea.
El punto de partida se encuentra en una generación de jóvenes para quienes la ropa funcionaba como declaración de identidad. Las prendas señalaban afiliaciones, gustos, carácter y pertenencia a una determinada comunidad. Ese componente simbólico permite al diseñador recuperar el universo universitario sin reducirlo a un ejercicio nostálgico: los elementos deportivos entran en contacto con americanas y estructuras clásicas, mientras las siluetas rígidas pierden severidad y adoptan movimientos más naturales.
La colección establece así un diálogo entre dos tradiciones aparentemente alejadas. De un lado, la construcción precisa del traje; del otro, la informalidad asociada a la indumentaria estudiantil y deportiva. La tensión entre ambos registros se resuelve mediante prendas que mantienen una arquitectura reconocible mientras admiten mayor ligereza visual.
La materia desempeña un papel decisivo en ese equilibrio. Lino, seda, algodón, cashmere y diferentes mezclas técnicas introducen variedad de superficies, pesos y movimientos. Americanas de dos botones, versiones renovadas de la chaqueta cruzada, bombers y piezas de carácter más casual conviven con relieves, cuadros varsity, rayas universitarias y falsos lisos. El resultado busca flexibilizar el traje sin renunciar al cuidado técnico que tradicionalmente ha definido la firma.
También el color abandona la prudencia habitual de cierta sastrería masculina. Azules, turquesas y fucsias aparecen junto a diferentes gamas de beige, componiendo una paleta que alterna intensidad y tonos más amortiguados. Esa elección cromática amplía la distancia respecto a la imagen convencional del traje como uniforme y refuerza una lectura de la moda masculina menos sometida a códigos cerrados.
La colección encuentra ahí uno de sus puntos centrales. Félix Ramiro no plantea una ruptura frontal con la tradición sartorial, sino una negociación con ella. El patrón continúa siendo el fundamento de cada prenda y, según la filosofía de trabajo de la casa, sigue dibujándose a mano. La precisión permanece, aunque aquello que se construye sobre ella se vuelva progresivamente más permeable a otras influencias.
Ese desplazamiento no aparece de manera aislada dentro de su carrera. Ramiro acumula más de tres décadas de actividad profesional y ha desarrollado su firma desde una base vinculada al oficio artesanal hasta ampliar tanto su repertorio estético como su estructura empresarial.
Su primer contacto con la confección se produjo en el taller de su tío Dionisio Rodríguez. Posteriormente completó estudios de diseño en Madrid y en 1988 inició profesionalmente un proyecto que, con el paso del tiempo, desbordaría sus raíces toledanas.
La casa concentró inicialmente buena parte de su actividad en el traje masculino, la ceremonia y la moda nupcial. A partir de esa base fue incorporando paulatinamente estampados, color y prendas informales, además de referencias procedentes de otros territorios de la indumentaria. Ya en 2016 RTVE señalaba esa voluntad de actualizar la sastrería tradicional, una línea que posteriormente encontró una plataforma de mayor exposición con la participación continuada de la firma en Mercedes-Benz Fashion Week Madrid desde 2021.
El crecimiento ha discurrido igualmente por el terreno comercial. La marca pasó de una implantación vinculada a su territorio de origen a disponer de presencia en distintas ciudades españolas y desarrollar proyección internacional. La presentación de una colección en Nueva York añadió otro capítulo a esa expansión y situó su trabajo fuera del circuito estrictamente nacional.
‘College’ condensa ahora varias de esas direcciones en una misma colección. Mira hacia los años noventa, pero evita tratarlos como reliquia; recupera la estética universitaria, aunque la somete a las reglas del taller; introduce códigos deportivos sin abandonar la construcción sartorial. Esa convivencia define también buena parte del recorrido de Félix Ramiro.
Después de más de treinta años, el diseñador continúa trabajando sobre una pregunta aparentemente sencilla: qué puede llegar a ser un traje cuando deja de aceptar como definitivos sus propios límites. ‘College’ responde desde el patrón, el color y la memoria universitaria. La tradición permanece en la estructura; alrededor de ella, el guardarropa masculino empieza a comportarse con mayor libertad.









