De la Rosa llega al largometraje después de ‘Víctor XX’, tercer premio ex aequo de la Cinéfondation del Festival de Cannes, y ‘Farrucas’, nominado al Goya y ganador del Gaudí al mejor cortometraje. ‘Iván & Hadoum’, obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje en el Festival de Berlín y, en el Festival de Málaga, la Biznaga de Plata Premio Especial del Jurado y la Biznaga de Plata al mejor guion.
Iván y Hadoum coinciden trabajando en un invernadero almeriense. El acercamiento sentimental surge en un momento de fragilidad económica: ella encadena trabajos temporales y participa en la movilización de los empleados cuando una posible venta de la explotación amenaza con reducir la plantilla; él contempla un ascenso como oportunidad para mejorar la situación de su familia. La película instala así su conflicto en un punto incómodo: aquello que puede significar progreso para uno amenaza con comprometer la posición del otro.
De la Rosa recupera una arquitectura reconocible del relato romántico. Dos personas se enamoran y algo amenaza con separarlas. Pero el viejo mecanismo aparece ocupado por personajes y circunstancias que rara vez han protagonizado ese tipo de historias. «He querido contar una historia de amor clásica con personajes que no lo son, algo así como una versión de ‘Romeo y Julieta’ en los invernaderos almerienses», explicó el cineasta.
La operación más interesante de ‘Iván & Hadoum’ consiste en desplazar el conflicto de género desde el cuerpo de su protagonista hacia la vida que ese cuerpo habita. Iván es trans, pero su identidad no funciona como tragedia programada ni como problema que el guion deba resolver. Puede enamorarse, equivocarse, aspirar a un ascenso o preocuparse por su familia sin que cada decisión necesite explicarse a través de su condición. Lo trans permanece, pero deja de clausurar al personaje.
Esa elección alcanza de manera directa la representación de la intimidad. De la Rosa incorpora sexo, deseo y cuerpos trans desde la naturalidad, alejándose de una tradición cinematográfica que ha representado con frecuencia la experiencia trans desde el sufrimiento, el conflicto identitario o el trauma. «Hay que decirlo más: ser trans es maravilloso, porque te da la oportunidad de ser la persona que necesitas ser», afirmó el director en El Periódico. La frase resume una voluntad clara: permitir que la identidad exista sin absorber por completo la experiencia amorosa.
El interés de la película crece cuando esa libertad íntima entra en contacto con la estructura laboral. El ascenso de Iván deja de ser únicamente una oportunidad profesional y empieza a interrogar su posición frente a quienes comparten su precariedad. El dilema ya no consiste simplemente en elegir entre amor y trabajo, sino en preguntarse qué significa progresar cuando ese progreso puede alejarte de quienes ocupan el mismo lugar vulnerable.
Ahí aparece la conciencia de clase como algo vivido y no como discurso añadido. De la Rosa ha insistido en que esa dimensión social debía permanecer subordinada al vínculo entre los protagonistas. «Durante el proceso de escritura tenía muy claro que la historia de amor de la pareja protagonista estaba por encima de esas otras capas a las que tú denominas drama social, que me parece una etiqueta muy elitista», explicó en Caimán Cuadernos de Cine.
La observación resulta decisiva porque evita separar artificialmente romance y realidad material. En ‘Iván & Hadoum’, el trabajo no funciona como telón de fondo, del mismo modo que la condición trans de Iván no actúa como explicación total. Ambos elementos pertenecen a la misma vida. Por eso el director habla también de «ese despertar de conciencia de clase, a través del deseo, que vive Iván». El amor adquiere entonces una función menos complaciente: permite al personaje reconsiderar la posición que ocupa y aquello que está dispuesto a aceptar para avanzar.
El paisaje almeriense contribuye a esa lectura. Los invernaderos no son únicamente una localización reconocible, sino el espacio donde coinciden intimidad, explotación agrícola, precariedad y posibilidad de ascenso e incluso divergencias de género. Bajo esas superficies de plástico se desarrolla un romance que no necesita escapar de la realidad para existir; precisamente adquiere espesor porque permanece sometido a ella.
‘Iván & Hadoum’ actualiza así el melodrama sin necesidad de desmontarlo. Sustituye antiguas prohibiciones por las tensiones más contemporáneas. El obstáculo ya no está necesariamente en que dos personas no puedan amarse, sino en las condiciones concretas bajo las que intentan hacerlo.
El resultado es una historia donde amar implica mirar de otra manera: a quien se tiene delante, pero también al lugar que uno ocupa, a aquello que desea conquistar y al precio que está dispuesto a pagar por conseguirlo. Iván no necesita resolver quién es. Lo que debe resolver, como casi todos, es qué hacer con la vida que tiene por delante. Filmin estrena ‘Iván & Hadoum’ el próximo 2 de octubre.








