Comenzaste tu trayectoria profesional con apenas 23 años. ¿Cómo descubriste tu vocación y qué recuerdas de aquellos primeros pasos?
Mi llegada al mundo del diseño de cocinas fue prácticamente casual. Estaba estudiando Auxiliar de Enfermería en Melilla, pero pronto descubrí que no era mi vocación. Una amiga me comentó que conocía a una profesional que buscaba a alguien para trabajar en su negocio. Me presenté con un pequeño papel en el que había anotado mi número de teléfono fijo, porque entonces ni siquiera existían los móviles. Y así comenzó todo.
Fue amor a primera vista. Descubrí una profesión que me encantaba y que me ilusionaba cada día. Me fascinaba ver cómo, partiendo de una pared en blanco o de una vivienda antigua, podíamos crear espacios completamente diferentes. Pero, sobre todo, me emocionaba la reacción de los clientes al descubrir el resultado. Escuchar un «¡Parece una casa recién estrenada!» sigue siendo una de las mayores satisfacciones de mi trabajo.
Después de tantos años de experiencia en Melilla, decidiste emprender en Madrid. ¿Qué supuso pasar de desarrollar tu faceta creativa a asumir también la responsabilidad de dirigir tu propia empresa?
Fue un cambio enorme. No tiene nada que ver trabajar dentro de una empresa con asumir la responsabilidad de ser la propietaria. De repente, todo depende de ti: la gestión, la administración, los pagos, los proveedores y que el negocio funcione.
Hasta entonces, mi trabajo era fundamentalmente mi pasión. Diseñar, decorar, buscar soluciones a espacios complicados y conseguir que el cliente quedara satisfecho era algo que disfrutaba muchísimo. Para mí era casi un hobby.
Sin embargo, emprender supone descubrir otra realidad. Aparecen responsabilidades que antes desconocías y una preocupación constante por tomar las decisiones correctas. Aunque durante muchos años ya había asumido funciones de gran responsabilidad, ahora debía ocuparme también de todo lo que implica mantener una empresa.
Seis años después de iniciar esta aventura empresarial, ¿cómo ha evolucionado tu manera de entender el liderazgo?
Todavía siento que estoy empezando. Aunque cuento con casi tres décadas de experiencia, cuando puse en marcha mi empresa tuve que construir prácticamente todo desde cero: proveedores, montadores, profesionales de las reformas y colaboradores especializados.
Encontrar un equipo que compartiera mi manera de entender el trabajo no ha sido sencillo. Vengo de Melilla, donde estaba acostumbrada a unas relaciones profesionales mucho más familiares y cercanas. Siempre he querido trasladar esa filosofía a mi empresa.
Hoy estoy especialmente contenta con las personas que me rodean: transportistas, fontaneros, electricistas, montadores y marmolistas. Para mí, la confianza y el compromiso son fundamentales. No entiendo una empresa como una estructura fría en la que cada uno se limita a cumplir su cometido. Necesito sentir que existe un equipo detrás y que todos compartimos una misma manera de hacer las cosas. Creo que mi liderazgo tiene mucho que ver con la comunicación, la cercanía y la humanidad.
Cocinas, reformas de baño y armarios a medida forman parte de vuestra propuesta. ¿Qué diferencia a Cocinas Imbroda de otras empresas del sector?
Sin duda, el trato cercano y familiar. Es uno de los aspectos que más nos diferencian y que nuestros clientes valoran especialmente. Muchas personas nos dicen que quizá nuestros presupuestos no son los más económicos, pero que la atención recibida compensa esa diferencia. Valoran que les dediquemos tiempo, que expliquemos cada detalle y que podamos reunirnos tantas veces como sea necesario para resolver sus dudas.
Entendemos que están realizando una inversión importante y que necesitan sentirse seguros. Esa cercanía se refleja en todo el proceso, desde el primer asesoramiento hasta la elección de los materiales y la instalación final. Nuestro objetivo es que el cliente sepa que puede confiar plenamente en nosotros.
El diseño de cocinas está en constante evolución. ¿Qué tendencias están marcando actualmente el sector?
Predominan las líneas limpias, los diseños minimalistas y las composiciones sencillas. Los colores neutros y las tonalidades cálidas siguen teniendo mucho protagonismo: beiges, tierras y tonos topo que aportan serenidad y elegancia. También estamos viendo cómo vuelven elementos que parecían haber desaparecido, como los tiradores. En cuanto a la distribución, cada vez se busca aprovechar mejor el espacio, optimizando las dimensiones de los muebles, las alturas y las soluciones de almacenaje.
Pero creo que hay algo todavía más importante: la cocina se ha convertido en el auténtico centro de la vivienda. Antes se daba mucha importancia al salón, que en ocasiones parecía casi un espacio de exposición. Hoy la cocina es el lugar donde se reúne la familia, recibimos a los amigos y compartimos buena parte de nuestra vida cotidiana. Por eso, además de bonita, debe ser acogedora, cálida y funcional. Ya no diseñamos únicamente un espacio para cocinar, sino un lugar para convivir.
En ese nuevo concepto de hogar, ¿eres partidaria de las cocinas abiertas al salón o prefieres los espacios independientes?
Personalmente, me quedo con las cocinas abiertas. Es verdad que tienen algún inconveniente, especialmente cuando estás cocinando y otras personas están viendo la televisión. Sin embargo, creo que las ventajas son mayores. Permiten compartir momentos y evitan que quien está cocinando quede aislado del resto de la familia o de los invitados. Me gusta esa sensación de continuidad y convivencia. Creo que responde muy bien a la manera en la que vivimos actualmente nuestras casas.
La confianza y la comunicación son fundamentales en un proyecto de estas características. ¿Cómo influyen en el resultado final?
Son esenciales. Cuando un cliente confía en ti, se siente tranquilo y tiene libertad para expresar lo que le gusta y lo que no. Puede decirnos que algo no termina de convencerle o que quiere modificar algún detalle. Esa confianza nos permite escuchar, proponer alternativas y encontrar juntos la mejor solución.
Tengo clientes que llegaron a nosotros hace seis años y que hoy nos recomiendan a sus hijos, hermanos, sobrinos y vecinos. Es algo que me emociona muchísimo. Hemos conseguido crear relaciones que van mucho más allá de una operación comercial.
En Madrid, donde a veces cuesta confiar en profesionales a los que acabas de conocer, esa cercanía tiene todavía más valor. Estás dejando en manos de otra persona una parte muy importante de tu hogar y realizando una inversión considerable. Saber que tienes detrás a alguien que va a responder marca una gran diferencia.
Cada hogar tiene unas necesidades y unas posibilidades económicas diferentes. ¿Cómo adaptáis vuestros proyectos a cada presupuesto?
Lo primero que hacemos es conocer el objetivo del cliente y el presupuesto del que dispone. También nos interesa saber si la vivienda es para uso propio o para alquilar, porque las necesidades pueden ser diferentes. A partir de ahí, buscamos la mejor solución. Tenemos una gama muy amplia de materiales, acabados y calidades que nos permite adaptar las propuestas sin renunciar al diseño y a la funcionalidad.
A veces podemos simplificar la distribución de los cajones, incorporar más puertas o elegir otro tipo de acabado para ajustar el presupuesto. También hay detalles técnicos que influyen en la resistencia, el mantenimiento y la facilidad de limpieza y que es importante explicar. Mi filosofía es que siempre debemos intentar encontrar una solución. No se trata de imponer un proyecto, sino de entender qué necesita cada persona y hasta dónde quiere o puede llegar.
¿Qué proyectos despiertan especialmente tu creatividad?
Los proyectos rústicos, clásicos o diferentes son los que me permiten explorar otras posibilidades creativas. No son los que recibimos habitualmente y, precisamente por eso, cuando aparece uno lo vivimos de una manera especial. Me encanta trabajar en viviendas de campo o en espacios que requieren una propuesta muy personal. Son proyectos en los que podemos detenernos más en los detalles, salir de las soluciones habituales y desarrollar una faceta más artística. Disfruto especialmente cuando el cliente busca algo diferente y nos da la oportunidad de crear un espacio con identidad propia.
Mirando al futuro, ¿qué retos te gustaría afrontar con Cocinas Imbroda?
Sinceramente, me sigue ilusionando muchísimo el cliente particular. Los grandes proyectos empresariales pueden resultar interesantes, pero también pueden llevarte hacia una forma de trabajar más fría, más centrada en los números y menos en la relación personal.
Me sigue emocionando que una persona entre por la puerta y se siente conmigo a tomar un café porque está ilusionada con la cocina que quiere hacer. Me encanta escuchar sus ideas, entender qué necesita y transmitirle tranquilidad cuando piensa que no va a poder conseguir lo que desea.
A veces alguien llega convencido de que la cocina de sus sueños está fuera de su alcance. Mi satisfacción está en encontrar alternativas y plantear soluciones para que pueda hacerla realidad. Cuando finalmente ve el resultado, compruebo que todo el esfuerzo merece la pena.
Después de casi 30 años de trayectoria, ¿qué consejo darías a aquella Virginia que comenzaba con 23 años y a quienes hoy se inician en esta profesión?
Le diría que siga trabajando con la misma ilusión, pero que aprenda también a no llevarse todas las preocupaciones a casa. Mi padre siempre me inculcó que, para tener una vida cómoda, hay que trabajar y esforzarse. Creo que interioricé tanto ese mensaje que siempre me he implicado muchísimo en todo lo que he hecho. Incluso cuando era empleada, terminaba mi jornada y seguía pendiente de los proyectos. Si había un montaje durante el fin de semana, podía acercarme para comprobar que todo estuviera saliendo bien. Siempre he creído en una idea que me transmitió mi padre: si haces bien las cosas, el trabajo acaba llegando.
A quienes empiezan les diría que no pierdan nunca la ilusión, que sean humildes, que escuchen y que no dejen de aprender. La experiencia es importante, pero también lo es mantener la curiosidad y estar dispuesto a evolucionar. Si tuviera que resumir mi filosofía profesional en tres conceptos, serían compromiso, humildad y ganas de aprender.









