Más de treinta años dedicados a la medicina dejan muchas historias, pero también una huella en quien las vive. Si hoy pudiera sentarse frente al médico que era cuando comenzó su carrera, ¿qué le gustaría contarle sobre el camino que ha recorrido y qué cree que le sorprendería más de la persona en la que se ha convertido?
Desde que terminé la especialidad, siempre me interesó la cirugía funcional. Me explico: que se pudieran recuperar las funciones perdidas, como la voz, la audición, la deglución, la respiración, etc. Dependiendo de las patologías, es más o menos difícil recuperar la función perdida. Por ejemplo, con un cáncer de laringe, muchas veces hay que extirparla y se pierde por completo la capacidad de hablar. Ya en el año 1984 gané una beca de investigación del FIS y estuve en San Sebastián trabajando e investigando hasta conseguir realizar una técnica llamada fistuloplastia fonatoria para conseguir devolver la voz a pacientes que no tenían laringe. Esto fue el comienzo y la semilla para investigar en todos los campos de mi especialidad. Durante estos 35 años haciendo cirugía del cáncer, nunca creí que acabaría haciendo una cirugía funcional para recuperar la respiración sin tener relación con la terrible enfermedad que es el cáncer.
Hay profesiones que se ejercen y otras que terminan formando parte de la identidad de quien las practica. En su caso, ¿qué lugar ocupa hoy la medicina en su vida? ¿Ha aprendido a poner límites entre el doctor, el hombre y su vida personal, o sigue siendo difícil separar esas facetas?
Soy médico; muchas veces pienso que desde que nací. Esta profesión se lleva dentro, junto con la capacidad de trabajo y el sacrificio, y mi condición de médico es inseparable de mi persona: lo seré hasta que me muera.
A lo largo de una trayectoria tan extensa, los éxitos profesionales conviven con decisiones difíciles, incertidumbres y momentos que obligan a replantearse las cosas. ¿Qué experiencia le ha enseñado más sobre sus propios límites y qué ha cambiado en usted a raíz de ella?
La vida del médico es muy complicada, sobre todo cuando ejerces con deberes de responsabilidad, porque tienes que sobrellevar tu carga personal y la de tu entorno. No es fácil dar malas noticias y es muy fácil recibir felicitaciones. Todo es una balanza que casi siempre se decanta hacia lo segundo. Pues bien, el bienestar del paciente, con su curación o mejoría, es lo que te anima a seguir luchando e investigando para hacer las cosas mejor.
Imagino que hay pacientes cuyo recuerdo permanece mucho después de que termina la consulta. Sin necesidad de entrar en detalles que comprometan su intimidad, ¿hay alguna historia que le haya emocionado especialmente y que todavía hoy le recuerde por qué merece la pena seguir dedicándose a la medicina?
Hay muchos pacientes a lo largo de la carrera que te marcan un poco el camino a seguir. La medicina, igual que la vida, es un aprendizaje constante. La peor tarea es cuando el paciente es de corta edad y puede tener una patología muy grave: si lo sacas adelante, es muy gratificante, pero, si lo pierdes, nunca te acabas de olvidar y hay que aprender a vivir con ello. A su vez, te da fuerza para ser cada vez mejor.
Su trabajo está muy vinculado a la búsqueda de soluciones que permitan mejorar la función respiratoria con procedimientos menos agresivos. ¿Qué le sigue inquietando, desde el punto de vista científico y profesional, cuando parece que ya ha encontrado una buena solución? ¿Dónde nace esa necesidad de seguir buscando?
Es cierto que, a lo largo de muchos años, se ha ido mejorando todo hasta conseguir lo que hoy hacemos: sin quirófano, sin dolor, sin sangrado y con el paciente saliendo de la clínica respirando e incorporándose a su vida normal. Parece que todo se ha conseguido. Pues no, hay que seguir mejorando cada paso para conseguir todavía mejores resultados.
España cuenta con profesionales sanitarios de gran preparación, pero transformar el conocimiento en investigación, desarrollo y avances clínicos sigue siendo un desafío. Desde su experiencia, ¿qué fortalezas y carencias observa en nuestro sistema de investigación biomédica? ¿Qué necesitaría un médico con una idea innovadora para desarrollarla y llevarla a la práctica en nuestro país?
Esto, en nuestro país, a día de hoy, es muy complicado, debido sobre todo a la falta de medios para la investigación. La sanidad es un pilar fundamental en un país avanzado, pero para ello debe haber inversión y, sobre todo, el que se dedique a la investigación debe tener una vida digna para que su sola preocupación sea la investigación y los avances en todos los campos. Hace muchos años teníamos la mejor sanidad del mundo; es más, sigue habiendo médicos españoles en cargos importantes de investigación por todo el mundo, pero poco a poco se ha ido dejando llevar. Sin mantenimiento no hay evolución ni mejora. La investigación requiere de recursos constantes.
La otorrinolaringología ha evolucionado enormemente con nuevas tecnologías, sistemas de visualización y procedimientos cada vez más precisos. ¿Qué avances considera que pueden cambiar de forma significativa el futuro de su especialidad y qué nuevas técnicas está explorando actualmente para seguir perfeccionando su trabajo?
Los avances tecnológicos están en constante evolución. Por ejemplo, en mi trabajo a diario me encuentro con alteraciones anatómicas que hace 2 años no habría podido solucionar porque no existían las ópticas de las que hoy disponemos. La tecnología no tiene límites y estoy convencido de que en poco tiempo vamos a tener avances que van a solucionar obstáculos actuales. Los buenos resultados se obtienen adaptando constantemente las técnicas a las tecnologías. En mi caso concreto, lo que he hecho siempre es adaptar la técnica a la tecnología más actual para obtener los mejores resultados. Si no lo haces así, siempre dependes de lo que exista en ese momento, pero no evolucionas nunca.
La inteligencia artificial empieza a abrir nuevas posibilidades en el diagnóstico, el análisis de imágenes y la toma de decisiones clínicas. ¿La contempla como una aliada que puede ampliar las capacidades del médico o cree que también existe el riesgo de delegar demasiado en la tecnología? ¿En qué tareas le gustaría verla aportar valor real y cuáles deberían seguir dependiendo esencialmente del criterio humano?
La inteligencia artificial me parece muy bien, pero siempre al servicio del cerebro humano. Tiene una capacidad infinita para disponer de información que al ser humano le es imposible tener. Pues de esto nos tenemos que aprovechar, pero nunca podrá suplantar la capacidad de hacer un diagnóstico diferencial y mucho menos entrar en la ética profesional y la relación médico-enfermo. Como herramienta me parece bien, pero NUNCA podrá suplantar al médico con todos los valores que nos diferencian.
Hoy se habla mucho de medicina personalizada, pero cada paciente llega con una historia, unas expectativas y una manera distinta de afrontar su salud. ¿Cómo ha evolucionado su forma de escuchar y acompañar a quienes acuden a usted? ¿Qué cree que busca una persona en un médico cuando, además de una solución clínica, necesita recuperar la tranquilidad?
Hay una máxima en medicina que penosamente se está perdiendo: el médico no siempre es capaz de curar, pero CONSUELA SIEMPRE. Cada paciente es distinto y tanto la forma de afrontar la anamnesis como la de explicar su patología son diferentes. Lo más importante para la curación del paciente es la colaboración del mismo, basada en la confianza y la relación entre ambos. Esa relación estrecha hace que se multiplique la curación o la mejoría de forma exponencial.
Una clínica no evoluciona únicamente incorporando tecnología; también lo hace revisando procesos, formas de atención y objetivos. ¿En qué momento se encuentra actualmente su proyecto profesional? ¿Qué novedades, mejoras o iniciativas está preparando para sus clínicas y qué le gustaría ofrecer a sus pacientes que todavía no haya conseguido desarrollar por completo?
A lo largo de estos años, hemos conseguido mejorar los resultados con la mínima repercusión negativa para el paciente. De hecho, evitar un quirófano, una anestesia general, un postoperatorio doloroso, una incapacidad temporal y un periodo de recuperación, y conseguir una recuperación de la respiración nasal en el momento, siempre fue mi máxima prioridad. Yo sigo probando nuevas tecnologías y, siempre y cuando mejoren los resultados actuales, las voy incorporando. La innovación y la investigación constantes son la clave para obtener el éxito en lo que hagas.
La experiencia permite ganar seguridad, pero también puede llevar a acomodarse. Usted ha mantenido una actividad profesional ligada a la innovación durante décadas. ¿Qué le sigue despertando curiosidad, qué le ilusiona de esta etapa y qué proyecto le gustaría ver hecho realidad en los próximos años?
Ahora mismo no sé lo que se va a poner en mi camino para mejorar los resultados actuales, pero no me cabe la menor duda de que lo que aparezca lo probaré e incorporaré sin dudarlo. Me ilusiona que aparezcan más avances, sobre todo en la imagen, para poder acceder a alteraciones anatómicas y visualizarlas cuando hoy por hoy no puedo abordarlas. Estoy convencido de que en poco tiempo vamos a ver tecnologías hoy todavía impensables.
Las portadas suelen detenerse en los logros, los reconocimientos y las carreras extraordinarias. Pero, cuando termina la jornada y desaparecen los títulos, queda la persona. ¿Qué le gustaría que permaneciera en la memoria de sus pacientes y de quienes han trabajado con usted? Y, si tuviera que definir el éxito desde la perspectiva que le dan los años, ¿qué significaría hoy para usted?
Mi recompensa cada día es ver la cara de mis pacientes cuando empiezan a respirar. Muchos lloran porque llevan años sin respirar; el que no lo sufre no lo entiende. Quiero que quede en el recuerdo la buena respiración de miles de pacientes a los que se les ha devuelto la calidad de vida. El éxito no viene solo y la clave fundamental es el trabajo constante, la investigación y la superación, sobre todo en los momentos difíciles, que todos tenemos. Siempre pienso que mañana lo haré mejor que hoy.









