La performance de Natalia Pastor parte de la quinta edición de ‘Visión y presencia’, el ciclo creado y comisariado por Semíramis González. Pastor incorporará testimonios sonoros de mujeres, carbón y objetos relacionados con la minería para abordar unas experiencias condicionadas por la precariedad, la violencia y la explotación del territorio. Su investigación sitúa a las mujeres dentro de la construcción económica y política de aquellas comunidades y cuestiona la consideración secundaria de sus aportaciones.
Nacida en Pola de Laviana en 1970 y formada en Bellas Artes en la Universidad del País Vasco, en las especialidades de Audiovisuales y Pintura, Pastor ha desarrollado una práctica que atraviesa fotografía, dibujo, textiles, instalaciones y sonido. La cuenca del Nalón constituye una referencia persistente en ese recorrido. La transformación del paisaje industrial, sus espacios abandonados y las incertidumbres abiertas por la reconversión proporcionan materia a una obra que vincula las modificaciones del entorno con las relaciones sociales. El territorio conserva las consecuencias de aquello que produjo y de las formas de convivencia que hicieron posible esa producción.
La relación de Pastor con LABoral se remonta a 2007, cuando participó en ‘Extensiones-Anclajes’ con una intervención específica para la Capilla de los Dolores de Grado. Ha expuesto en España y distintos países europeos; su obra figura en colecciones como las del Museo de Bellas Artes de Asturias y la Junta General del Principado.
En ‘Dérmicos’, las siluetas rojas de mujeres se superponen a chimeneas y factorías. Esa presencia femenina introduce una fricción dentro de la imagen industrial: obliga a considerar quién aparece en el paisaje y bajo qué condiciones. La exploración posterior del patrimonio fabril mantiene esa atención hacia la identidad colectiva y sus fracturas. Pastor observa un entorno próximo, atravesado por la pérdida de actividad y por los intentos de imaginar otro presente. Desde esa cercanía, la memoria adquiere una dimensión conflictiva: conservar un edificio tampoco resuelve por sí mismo qué experiencias de sus habitantes merecen ser contadas.
El interés por los papeles atribuidos a las mujeres encuentra otra vía en Offmothers, colectivo al que pertenece y que reúne a creadoras y profesionales de distintas disciplinas alrededor de la maternidad y la práctica artística. En ‘Ring doméstico’, desarrollado entre 2019 y 2021 a partir de un autorretrato, el mono paterno reúne bordados de homenaje a las mujeres de la Revolución Rusa y al movimiento obrero. El proyecto dialoga con una instalación anterior, ‘Prodezodezhda’, inspirada en los diseños textiles de Varvara Stepanova y Liubov Popova. La experiencia del hogar se inscribe así en una genealogía artística y política que amplía el alcance de lo autobiográfico.
La confrontación entre hogar y protesta se hizo explícita en ‘Barricada doméstica. De dentro a afuera’, instalación del VIII Premio Museo Barjola, presentada en 2024. Colchones, sillas, juguetes y utensilios compartieron espacio con carbón, fotografías, bordados y una composición sonora. En el texto dedicado al proyecto, Semíramis González relacionaba aquellos materiales con las redes solidarias obreras y con el reconocimiento de las labores femeninas durante la industrialización. Los enseres de la casa componían una barricada: aquello que servía para atender la vida diaria ocupaba físicamente el lugar de la protesta. El hogar comparecía como parte del conflicto social.
En abril de 2026, ‘Latidos de la escombrera’, presentada en La Térmica Cultural, prolongó esa indagación. Una fotografía de Pastor con mono de trabajo tomaba como referencia ‘La libertad guiando al pueblo’, de Delacroix. Las consignas bordadas y las toallas de HUNOSA intervenidas enlazaban las reivindicaciones feministas con la tradición obrera. En las toallas de HUNOSA, el bordado incorpora consignas de manifestaciones y pintadas callejeras. La intervención permite relacionar un objeto de uso cotidiano con la protesta colectiva y con el reconocimiento del trabajo femenino en las comunidades mineras.
‘Topografías subterráneas’ añadirá un diálogo con ‘Expulsión. Luna y luz de fuego’, de Thomas Cole, pintada hacia 1828. Según adelanta LABoral, la acción relacionará ese paisaje alegórico con las primeras resistencias a la industrialización en las cuencas asturianas. La conexión anunciada amplía la pregunta sobre el territorio: cómo se transforma, quién asume sus costes y desde dónde se representa su historia. La memoria obrera interpelará la colección del museo.
El descenso propuesto por Pastor alcanza así una profundidad que excede la geología. En las casas se administraban recursos, se atendían necesidades y se mantenían vínculos que permitían prolongar la resistencia. Incorporar esas experiencias modifica la interpretación del conjunto: obliga a reconocer trabajo allí donde durante demasiado tiempo se dio por supuesta la disponibilidad femenina. En el mono del padre, los bordados abren espacio para otras voces. La historia minera ensancha entonces sus galerías hacia los lugares donde también se sostuvo, aunque la luz pública apenas llegara hasta ellos.









