Urban Beat Contenidos

La gloriosa y perpetua saga televisiva que comenzó como “Sálvame”, mutó en “Ni que fuéramos Shhh”, y ahora agoniza, bajo el casto nombre de “La familia de la tele”

Algún día, cuando los arqueólogos periodistas del futuro excaven entre los restos calcinados de lo que fue la civilización periodística occidental en el ámbito televisivo, encontrarán una hemeroteca derruida en HD y 4K, dentro de las ruinas arqueológicas de un plató llamado “Mila Ximénez” con olor a laca rancia y a exclusivas de valor, y un rastro de purpurina que no lleva al Mago de Oz, sino a “Sálvame”, la epopeya audiovisual que redefinió en su momento, el concepto de “televisión” en España. Será un descubrimiento sin parangón en la historia.

Porque lo que empezó siendo un humilde espacio de tertulia para comentar Supervivientes (otra joya) acabó mutando, como cualquier mutación televisiva que se precie, en una tragicomedia griega con Belén Esteban como Antígona de Paracuellos.

Tras más de una década de insultos coreografiados, lágrimas convertidas en meme, exclusivas notorias y operaciones de estética espiritual retransmitidas como si fueran misas, Sálvame fue finalmente cancelado. El pueblo llano —léase: los ejecutivos de Mediaset— dijo basta. La telebasura necesitaba una pausa, un respiro, quizás un lifting. Pero como buen monstruo de Frankenstein televisivo, sus piezas siguieron vivas. Y se volvieron a juntar, inevitablemente.

El spin-off que nadie pidió (pero todos vimos): “Ni que fuéramos Shhh”

Y así, de las cenizas del plató de “Mila Ximénez” que después de ser desmantelado por Mediaset quedo extinto con el fuego redentor de una televisión más blanca, nació Ni que fuéramos Shhh. Más que un programa, se convirtió en  una Ouija mediática que invocaba el alma perdida del formato original, pero esta vez desde la modestia (o el descaro) de un canal digital. Los mismos colaboradores, los mismos conflictos, y la misma sensación de que estábamos presenciando el apocalipsis cultural en HD con el innovador matiz de incorporar Youtube y Twitch como nuevos espacios de difusión. El tono era el mismo: una mezcla de reality sin guión, comedia involuntaria, y terapia de grupo con cámaras.

Sorprendentemente —o no— funcionó. Y lo que parecía un grito desesperado se convirtió en viral. David Valldeperas no se daba fácilmente por vencido.

“La familia de la tele”: el culebrón llega a la cadena generalista donde agoniza día tras día con una sangría de espectadores

Como si de una versión audiovisual de Los Serrano disuelta en ácido se tratase, el equipo (de la mano de la OSA producciones heredera de La Fábrica de la tele) renació en una cadena generalista bajo el nuevo y críptico nombre de La familia de la tele. Qué bonita metáfora: una familia. Porque eso es lo que eran, ¿verdad? Una familia disfuncional, emocionalmente desquiciada, pero unida por algo más poderoso que la sangre: el share. Nuevo mega plató, tres presentadores y el encorsetamiento de televisión española que ha terminado sofocando la furia de unos monstruos que ahora, son como gaticos desubicados en una protectora de animales de lujo, pero que les amordaza con la falsa sutileza que caracteriza a la televisión pública. Y lo más alucinante, contra todo pronóstico, esta vez la fórmula de Valldeperas, No Funcionó. O al menos hasta ahora debe seguir ajustándose, el problema que lo maravilloso de Sálvame era que no admitía ajustes, poseía una libertad televisiva cuya esquizofrenia exitosa le duró muchos años. Allí  ya no se trataba de comentar la vida ajena, sino de poner la propia en el congelador de la exposición permanente. Se discutía sobre rupturas, herencias, liposucciones y enemistades legendarias como si fueran materias troncales del bachillerato emocional del siglo XXI. “La familia de la Tele” se ha convertido en el hijo tonto pijo de Sálvame y como tal, todos dudamos de su pedigrí. Pero hasta ahora, nadie se atreve a sacrificarlo, aún estando a los pies del cadalso.

Pero no todo es culpa del programa. Lo cierto es que Sálvame y su descendencia son solo el síntoma más visible —y escandaloso— de una enfermedad crónica: la prensa rosa en España. Un ecosistema en el que la privacidad es una excentricidad y donde los límites éticos se negocian en tertulias con anuncios de cremas rejuvenecedoras de fondo.

Durante años, la llamada prensa del corazón ha cultivado una maquinaria que convierte el drama humano en espectáculo, el dolor en contenido, y la vida de los famosos en una propiedad pública. A veces, con su consentimiento; otras, con una cámara oculta. Porque en este universo, el derecho a la intimidad es un lujo, y el morbo, un derecho constitucional.

Durante más de una década, Sálvame fue el Vaticano de la prensa rosa, el sanedrín de lo trivial. Ahí no se debatían ideas, se repartían traiciones con la naturalidad de quien ofrece pastel en un velorio. Y entre todos los apóstoles del caos, brillaban varias figuras eternas, pilares del esperpento  mediático contemporáneo. A continuación os damos un breve perfil de todos ellos:

Jorge Javier, el Mesías que ignora a sus apóstoles

Jorge Javier no era solo el presentador. Era el pequeño mesías-director- dictador  de una orquesta de la disonancia emocional más auténtica y televisiva. Capaz de citar a Proust y a Galdós a las 17:15, hablar con Pedro Sánchez a las 18:18 y acto seguido dar un discurso institucional en contra de Isabel Pantoja por culpa de una perrita: “¿Cree que hacía falta actuar con semejante desprecio hacia alguien? ¿Necesitaba humillar a alguien así?” El presentador le recuerda que no le regaló a su perrita, sino que fue el encargado de entregársela y aclara: “A mi perrita la quiero venga de donde venga ¿De dónde vengo yo? De trabajar, usted viene de la cárcel”, un lugar que cree “no le ha servido de nada”. El presentador se sintió utilizado, pero le dejó algo claro: “Una vez que no le sirvo me da una patada y me envía a la mierda, prefiero estar en la mierda que a su lado”. Luego hicieron las paces. Me he saltado los tiempos con lo anteriormente enunciado en aras de resumir ciertos méritos y darle gracia al asunto. La hemeroteca puede ajustar todos los términos. Lo más curioso es que Jorge Javier que se ha reconvertido hoy en día, en un Mesías mediático que ignora a sus apóstoles (bueno esto es una conjetura, porque presumimos que su sombra, aún es larga, algunos opinan que su influencia sigue vigente, entre bambalinas) sigue trabajando con entusiasmo en la Cadena de Enfrente causante por cierto, de la diáspora de Sálvame, causante de un despido masivo y del desmantelamiento del plató “Milá Ximénez”, su gran musa. Públicamente se notan pocos remordimientos de su parte. Cuestiones de contrato. Todo se resume a dinero. Aquí no estamos para juzgarle, no estamos para darle de su propia medicina. No estamos para eso. Dios nos aleje de esos términos.

Kiko Matamoros, el más inteligente de todos

Ex integrante del Eje del Mal: Dueño de una dicción perfecta, el más erudito de todos, el más sabio de todos, no se le escapa una porque es un tío inteligente que hace bien su trabajo, su trayectoria lo avala. Es ácido, sí, es crítico, sí, es incluso despiadado en ocasiones pero su argumentación brillante acaba justificándolo todo y cerrando el círculo de un colaborador imprescindible.  Su presencia impone orden y desorden a partes iguales. Si Lydia llora, él se acerca con tono compasivo y acrecienta con voluntad sus lágrimas. Si Kiko Hernández  brama, él arqueaba la ceja como quien observa un experimento sociológico. Kiko Matamoros es un erudito de la prensa del corazón y de la opinión libre de las ataduras políticamente correctas que tanto aburren hoy en día, es un señor cuya falta de pelo en la cabeza es sustentada y potenciada con una conexión neuronal eficiente, extensa y en plena forma.

Lydia Lozano: el drama eterno con coreografía propia

Lydia, la mujer que lloró más veces en directo que 1000 telenovelas de México, Brasil, Colombia, Chile, Argentina, Perú, Estados Unidos (principalmente cadenas de habla hispana como Telemundo), Venezuela, y también Turquía, juntas.  Reportera, colaboradora, bailarina involuntaria (Chuminero), y mártir mediática de la mano de  Albano y Manzanares. Sus fuentes no son su fuerte. Su vida ha sido un continuo acto de expiación televisiva. Cada exclusiva dudosa, cada desmentido en plató, cada “¡yo no miento!” ha cimentado su leyenda.

Ver llorar a Lydia ya no es noticia: es el fondo de armario emocional de este país. Su llanto no conmueve: tranquiliza. Es el metrónomo de la parrilla. Si Lydia no llora en una semana, el espectador se inquieta, como cuando no llueve en Galicia. Es una periodista de raza, solvente y sus fiestas particulares son muy sonadas. Sonadísimas.

Kiko Hernández: el hielo que arde

Si Jorge Javier era el Mesías que ignora a sus apóstoles, Kiko (ex del Eje del Mal) era el verdugo. Rígido, hierático, con una mirada que haría llorar a un ficus, Kiko convirtió la frialdad emocional en su firma. Su estilo: lanzar bombas sobre el pulpillo con tono monocorde e histriónico, como si fuera el portavoz de un sindicato de celadores del infierno mediático. Pero su verdadera hazaña fue construir un personaje completamente hermético (ahora se ha relajado) en un programa basado en desnudarse emocionalmente. Kiko no tenía familia en apariencia, ni amigos, ni flaquezas visibles. Tenía información. Y en Sálvame, la información era poder. O chantaje. Kiko, se convirtió en la esfinge del plató. El hombre que nunca ríe si no es por contrato. Ex gran hermano reconvertido en inquisidor de sofá. Su especialidad: disparar datos íntimos con mirada de notario del apocalipsis. Nunca llora, pero deja llorando. Nunca grita, pero sentencia. Kiko no discute: fulmina. Fue el que mejor que entendió el arte de convertir la información en amenaza, la complicidad en chantaje televisivo. Y sin embargo, tras su coraza de hielo, se intuye (o no) un alma sensible, probablemente escondida en una caja fuerte con código NDA.

Paz Padilla: la risa como bálsamo, la muerte como trending topic

La ex presentadora zen. La cómica reconvertida en chamana emocional. En un plató de fieras, Paz fue siempre la que intentó humanizar la selva. Entre insulto e insulto, introducía reflexiones sobre el duelo, la consciencia plena y la importancia de amar. Es decir: Paz en tiempos de Sálvame. También le encanta, sin despeinarse,  poner en duda el poder las vacunas en tiempos de COVID.

Su salida del programa —por abrazar la espiritualidad en un ecosistema basado en el rencor— fue casi poética. Como si Buda intentara abrir una floristería en Mordor. Pero su huella siempre vuelve como vuelven los personajes que no pueden morir porque el público aún no ha asimilado su arco emocional. Ahora ostenta un título de coach del cual se enorgullece.

Chelo García-Cortés: el alma de una reportera atrapada en un sketch de Castelldefels que nadie ha visto hasta ahora

Chelo es otra cosa. Una especie de reliquia viviente del periodismo del corazón con ética de los noventa y apocado timing de los sesenta. Fue amiga intimísima de famosas, confidente de artistas, y —dicen— periodista alguna vez, no porque no tenga el título, sino que su servilismo es demasiado fehaciente, no es una periodista de raza, es una periodista común. En Sálvame, fue durante años la cuota de ternura inconsciente, la mezcla perfecta entre la ingenuidad y la falta de reflejos televisivos.

Mientras todos gritaban, Chelo preguntaba si tenía que irse en un hilo de voz que rompía su mínima participación. Mientras se gestaban traiciones, ella buscaba su micro perdido. Una figura tragicómica que siempre parecía estar llegando tarde a su propia humillación. Lo suyo fue una tragicomedia emocional: la colaboradora que nunca entendió del todo el programa en el que trabajaba. Tiene a su perra y a su mujer, son su consuelo.

Su mayor momento de gloria fue dejarse arrastrar —literalmente— en la playa por Isabel Pantoja en Supervivientes, en una escena que ya es patrimonio audiovisual nacional (Chelordomo). Ahí estaba todo lo que representa: lealtad sin cálculo, amor sin defensa, torpeza sin rencor, y poca sangre periodística.

Chelo habla poquito, no grita. No llora. No manipula (bueno aquí hay matices). Y por eso, en un mundo hecho de gritos, lágrimas y manipulaciones, se volvió entrañable. Y útil. Muy útil. Porque alguien tenía que hacer de víctima voluntaria en un universo donde todos querían ser verdugos. La trayectoria de Chelo avala su talento oculto.

Belén Esteban: la princesa del pueblo (Patrona) en la corte de los milagros cuya receta cuestionada, con una mayonesa cortada  de su “Ensaladilla Rusa” hizo saltar por los aires el plató de Billavista

Belén Esteban es el único caso documentado de una frase (“Yo por mi hija MA-TO”) que derivó de una potente carrera televisiva de 20 años. Empezó como ex de Jesulín y acabó como símbolo nacional, patrimonio emocional, fenómeno sociológico y pesadilla de los lingüistas.

Su dicción desafía las leyes del castellano. Su lógica, la de la física cuántica. Y, sin embargo, hay algo en ella que conecta con un país entero. Belén no representa a la clase media: la encarna sin complejos, rompe cánones, es un fenómeno televisivo que debería estar en el plan de estudio de las mejores universidades. Lo digo sin ironía.

En Sálvame fue todo: madre coraje, mártir, gladiadora, víctima, y santa patrona del conflicto pasivo-agresivo cobrando una pasta, eso sí, ella  ha sabido rentabilizar sus dotes como nadie, sin acritud. Tenía la capacidad de llorar, enfadarse, reconciliarse y vender una línea de gazpacho en el mismo bloque publicitario. Ahora en la “Familia de la Tele” se le ve callada, tristona, sin chispa. Apocada. Poco reconocible.

Y sin saber muy bien cómo, lo logró: conquistó la televisión sin talento escénico común , sin formación académica  y sin filtros. Lo que para otros sería una condena, para ella fue trampolín. Porque Belén no necesitó fingir ser nadie más: ya encarnaba desde su banalidad inteligente  a  la España del siglo XXI. Carismática, contradictoria, visceral, rota por dentro y adicta a contarlo todo. Belén quiere irse de la “Familia de la Tele” porque según ella necesita más tiempo para ella, para Miguel y para su hija anónima. Yo siendo Belén confiaría en que los tiempos son otros y que, mejor es irse a tiempo, no es una deshonra irse a tiempo. “La Familia de la Tele” hace aguas por todos lados. Belén quiere irse.

María Patiño

Hay trayectorias televisivas que parecen carreras de galgos en busca de su recompensa exclusiva. La de María Patiño parece una huida hacia adelante con megáfono, perseguida por su propio personaje. Desde Sálvame hasta el naufragio sentimental de La Familia de la Tele, pasando por el delirio nostálgico-lowcost de Ni que fuéramos, la figura de María Patiño no ha evolucionado: ha entrado en combustión permanente.

En Sálvame, Patiño fue mucho más que una colaboradora: fue un estado emocional. No informaba: entraba en trance mediático. Vivía con el ceño fruncido (su vena fue muy comentada, luego según algunas fuentes se la operó), su tensa delgadez denotaba su hiperactividad periodística y la voz;  siempre en una frecuencia que solo escuchan los galgos y los productores de realities. Tenía la extraña habilidad de convertir cualquier frase banal en tragedia nacional si la pronunciaba con lágrimas y exceso de elocuencia. Ella es experta en irse por las ramas si esas ramas la conducen a lucirse como gran profesional. Su función no era entender el conflicto, sino generar uno nuevo a base de conjeturas, interrupciones y un sentido del deber digno de una corresponsal de guerra.

Cuando Sálvame fue cancelado por “cansancio estructural de la cadena caradura de enfrente mamarracha y poco eficiente”. María vivió su caída como cuando se vivió la caída del Muro de Berlín, solo que con más botox y menos análisis geopolítico. Se despidió en directo, lloró con la intensidad de quien ha perdido una nación y salió por la puerta de atrás con el ego lleno de escombros.

Entonces, en un intento por resucitar lo irrecuperable, surgió Ni que fuéramos, un formato con estética de YouTube, plató minúsculo  de academia de peluquería cerrada, y estructura argumental basada en la desesperación de colegas que comparten habitación en plena madurez. Allí, María volvió a ser María: periodista estridente, vehemente, convencida de que su intensidad es equivalente al contenido que le decía Valldeperas por el pinganillo.

Con La Familia de la Tele, el circo intentó convertirse en programa “generalista”. Pero lo único general fue el desinterés colectivo. Patiño, convertida ahora en una mezcla entre madrina sentimental y sargento emocional, intentaba liderar desde la trinchera. Pero ya no había guerra. Solo silencio, ecos del pasado y un share que haría llorar a un canal comarcal de Castilla-La Mancha.

La audiencia, en números miserables, respondió y sigue respondiendo con indiferencia. El país que la aplaudió durante una década ahora le cambió de canal sin remordimiento. María gritaba con convicción, pero ya nadie escuchaba. Porque ni las exclusivas, ni las lágrimas, ni los enfados coreografiados tienen sentido cuando el público ya no está mirando.

María Patiño no solo es una profesional del periodismo. Es también una superviviente de su propia caricatura, una estrella extinta que sigue brillando por puro reflejo. No entiende el final como una posibilidad, sino como una ofensa personal. Y en eso, hay que reconocerle algo: tiene más fe en la televisión que la televisión en ella.

Así es la televisión, una noria, una montaña rusa, un terremoto; quienes participen deber hacer acopio de un buen Kit de Supervivencia.

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!

El Reina Sofía recorre la vanguardia y el compromiso de Pere Portabella con motivo de su centenario

Una película puede cuestionar el poder desde aquello que cuenta, pero también desde el modo en que organiza nuestra atención. Pere Portabella ha trabajado sobre esa doble posibilidad: abordar los conflictos de una sociedad y examinar las convenciones que determinan cómo aparecen en pantalla. La fragmentación narrativa, el sonido que adquiere autonomía y los intercambios entre documento y ficción exigen un espectador dispuesto a intervenir en la construcción del sentido. El Museo Reina Sofía dedica del 15 al 24 de octubre de 2026 una retrospectiva a Pere Portabella, cuyo centenario se celebrará en 2027. ‘El cine de Pere Portabella. Impugnar las normas’ reúne diez sesiones para examinar una trayectoria en la que experimentación artística y compromiso democrático forman parte de una misma búsqueda. Ese vínculo entre lenguaje y responsabilidad pública vertebra la retrospectiva del Reina Sofía. Las proyecciones, en formato digital, tendrán lugar en el Cine del Museo, situado en la primera planta del Edificio Sabatini. El programa se distribuye durante dos semanas, con sesiones dobles los viernes y sábados y pases también los jueves. La selección permite aproximarse tanto a su obra como director como a su intervención en películas fundamentales para la renovación del cine español.

Pajareros 2026 y el desafío de aprender a convivir con la naturaleza salvaje

La relación entre los seres humanos y la naturaleza ha estado marcada durante siglos por una contradicción difícil de resolver: nuestra capacidad para comprender los ecosistemas ha crecido al mismo tiempo que aumentaba nuestra intervención sobre ellos. Observar, clasificar y estudiar otras especies nos ha permitido conocer su extraordinaria complejidad, aunque ese conocimiento todavía convive con prácticas que amenazan su supervivencia. Sobre esta tensión se articula Pajareros 2026, el ciclo de cine documental que celebra su decimotercera edición en La Casa Encendida de la Fundación Montemadrid, organizado junto a SEO/BirdLife, con cuatro producciones procedentes de Canadá, Colombia, Estados Unidos y Francia. La programación llegará a Madrid los días 20, 24 y 27 de octubre, con actividades también en Tenerife y Santander.

Omar Al Abdul Razzak estrena ‘Papagayo’, una película sobre las cicatrices que la guerra deja en la intimidad

Una relación sentimental puede sostener durante años una convivencia que la historia política se empeña en considerar imposible. Sin embargo, cuando la violencia irrumpe en la intimidad, las diferencias que parecían superadas adquieren una dimensión capaz de alterar incluso los vínculos más profundos. De esa contradicción nace ‘Papagayo’, el nuevo largometraje del cineasta canario de origen sirio Omar Al Abdul Razzak, quien reconstruye el final de su relación con una artista judía israelí mientras examina las consecuencias personales de un conflicto cuyas fronteras ideológicas y religiosas terminan instalándose en la vida cotidiana. Una historia personal pero también geopolítica repleta de contradicciones y desencuentros que muestra una dimensión cruda, íntima y diferente de la cuestión israelí.

‘Iván & Hadoum’ o amar sin manual de género en un paisaje de plástico

El plástico de los invernaderos de Almería encierra mucho más que jornadas de trabajo y precariedad. En ‘Iván & Hadoum’, Ian de la Rosa sitúa allí el encuentro entre un hombre trans y una mujer hispanomarroquí, dos personajes entre los que surge una relación mientras cargan con expectativas sociales distintas sobre el cuerpo, el origen, la identidad y la posibilidad de construir una vida propia. El romance nace en un territorio inhóspito, marcado por las desigualdades de clase, y recupera el viejo arquetipo de ‘Romeo y Julieta’ desde dos identidades que rara vez han ocupado el centro del relato amoroso clásico.

‘Astrid Lindgren, diarios de guerra’ indaga en los años que precedieron a Pippi Calzaslargas

Cuando Europa comenzaba a fracturarse bajo el avance del fascismo, Astrid Lindgren todavía no era la escritora que el mundo conocería después. Era una mujer joven, madre de dos hijos, instalada en Estocolmo, que observaba desde la neutralidad sueca cómo el continente entraba en una de sus etapas más oscuras. El 1 de septiembre de 1939, coincidiendo con la invasión alemana de Polonia, empezó a escribir un diario. Lo que en principio parecía un registro privado acabaría siendo algo mucho más decisivo: el lugar donde empezó a formarse su conciencia política, su mirada sobre la infancia y, en buena medida, la autora que años después daría vida a Pippi Calzaslargas.‘ Astrid Lindgren, diarios de guerra’, dirigido por el cineasta alemán Wilfried Hauke, reconstruye ese proceso a partir de los cuadernos que la escritora mantuvo entre 1939 y 1945. Diecisiete volúmenes manuscritos en los que anotó el curso de la guerra, sus inquietudes familiares, la situación de los refugiados y una indignación cada vez más explícita ante la maquinaria del nazismo.

‘The Circle Project’ de Bouchra Khalili reconstruye las luchas migrantes que Francia dejó fuera de plano

Una huelga, una candidatura imposible, unos grupos de teatro y apenas unas pocas imágenes supervivientes. De ese archivo incompleto parte Bouchra Khalili para reconstruir en ‘The Circle Project’, que inaugura La Casa Encendida, la historia del Movimiento de Trabajadores Árabes (MTA) y de Al Assifa y Al Halaka, dos colectivos escénicos nacidos en la Francia de los años setenta al calor de las luchas migrantes por la igualdad de derechos. Más que restituir un episodio olvidado, la artista marroquí-francesa examina cómo una comunidad puede narrarse cuando buena parte de sus huellas ha desaparecido. La muestra podrá apreciarse del 10 de septiembre al 29 de noviembre.

También te puede interesar

Louis Vuitton y Riot Games imaginan un día en la vida de K/DA en ‘Tempo Point’

Riot Games y la firma francesa amplían su colaboración con un volumen de la colección Travel Book que imagina veinticuatro horas en la vida de las cuatro integrantes del grupo virtual de ‘League of Legends’. La publicación reúne música, ilustración y moda en ediciones que van del libro de distribución comercial a la pieza de coleccionista.

Jaume Clotet: «El catalán es un paciente con una salud de hierro. Quien considere que Catalunya ha pasado página se equivoca»

La relación entre memoria histórica e identidad política ocupa el centro de esta conversación con Jaume Clotet i Planas (Barcelona, 1974), periodista, historiador y escritor cuya trayectoria reúne redacciones y responsabilidades de comunicación institucional. Coautor de ‘Lliures o morts’ y ganador del Premio Josep Pla con ‘La Germandat de l’Àngel Caigut’, ha culminado en 2026, con ‘L’espasa del rei’, la trilogía iniciada con esta novela. Desde la figura de Ermengol Amill y la derrota de 1714, Clotet examina la vigencia del catalanismo, el futuro del independentismo y la situación del catalán, mientras defiende la literatura como una vía para comprender el presente y cuestiona un periodismo que refuerza las trincheras ideológicas.

El abogado Alberto García Cebrián en la ‘Lista de los 15 mejores proyectos de liderazgo transformador Urban Beat 2026’: «Un matrimonio no es libre si el divorcio no es accesible»

El abogado Alberto García Cebrián desarrolla una práctica profesional orientada a la prevención y al acompañamiento de las familias. Esta manera de ejercer nace de su experiencia en el despacho, donde muchas parejas acudían cuando el conflicto había deteriorado sus posibilidades de entendimiento. Desde esa observación, comenzó a promover un asesoramiento que ayudara a afrontar las dificultades durante la relación y a gestionar una eventual separación sin agravar el enfrentamiento.
En esta entrevista con Urban Beat, el abogado explica un enfoque que denomina integrativo: atender las necesidades de cada familia y buscar una regulación adecuada a sus circunstancias. Antes de negociar, considera necesario reducir la tensión y escuchar los miedos, las frustraciones y las preocupaciones que acompañan a las demandas jurídicas. Según explica, la hostilidad dificulta alcanzar acuerdos y puede condicionar su contenido.
La protección de los hijos ocupa un lugar central en su práctica profesional. García Cebrián recuerda haber observado situaciones en las que los menores eran utilizados para presionar al otro progenitor. Esa experiencia impulsó un vídeo de sensibilización sobre el daño familiar y reforzó su interés por evitar que las rupturas se gestionen como una competición: «El primer paso es desterrar la terminología bélica del divorcio. Les hago ver que pretender “ganar” implica que alguien debe perder, y si en una familia alguien pierde, al final pierden todos», afirma. El abogado defiende que reorganizar la convivencia exige preservar las responsabilidades compartidas.
Incluido en la ‘Lista de los 15 mejores proyectos de liderazgo transformador Urban Beat 2026’, el abogado identifica su mayor satisfacción profesional, más allá de los reconocimientos, en conseguir que una pareja que llegó al despacho entre reproches firme un acuerdo y pueda despedirse cordialmente, manteniendo el respeto entre sus integrantes.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias