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Mercedes del Olmo presenta el cortometraje sobre violencia vicaria y de género “Un niño escucha”

El cine, cuando se compromete con la realidad, se convierte en una herramienta poderosa para visibilizar aquello que muchas veces permanece oculto. En este contexto, la actriz, guionista y productora Mercedes del Olmo presenta “Un niño escucha”, un cortometraje que aborda la violencia de género y la violencia vicaria desde una perspectiva poco habitual: la de un menor que vive y sufre en silencio una realidad desgarradora. Lejos de edulcorar el relato, la obra apuesta por una narración directa y honesta, que interpela al espectador y le obliga a enfrentarse a una problemática tan vigente como dolorosa. Con una trayectoria marcada por la inquietud creativa y el espíritu emprendedor, Del Olmo asume en este proyecto un triple rol que evidencia su implicación personal y artística. En esta entrevista, nos habla del origen del cortometraje, de los retos de producir cine independiente con contenido social, de su experiencia trabajando con Juanjo Artero y de la importancia de contar historias que incomodan, pero que resultan necesarias. Porque, como ella misma defiende, solo enfrentando la realidad sin filtros es posible generar conciencia y avanzar hacia el cambio.

Tu trayectoria es muy amplia y en este proyecto asumes tres roles: guionista, productora y actriz. ¿Cómo nace El niño escucha y en qué momento decides implicarte también desde la producción?

Mi familia siempre ha sido muy emprendedora, es algo que llevo en la sangre, y un día, en la cola de un casting, me dije: “si esto lo puedo hacer yo” y, pese a la incredulidad de muchos, allá que me fui, puse mi productora.
Empecé, entre otras cosas, haciendo teatro. Por causas de la vida, tuve un parón, para salir después con más fuerza, pero ya en el campo del cine.
El cine es una de las mejores armas con las que contamos para poner de relieve los problemas sociales y Un niño escucha nace de esta necesidad de contar historias, terribles, sí, pero reales, con el fin de que seamos conscientes de que existen y de que hay que frenarlas.

El cortometraje aborda la violencia de género y la violencia vicaria desde la mirada de un niño. ¿Por qué elegiste ese punto de vista y qué responsabilidad sentiste al contar una historia tan delicada?

Lo hice desde el punto de vista de un niño, pues se ha contado mucho desde el punto de vista de las madres, pero los niños son los grandes olvidados.
Siempre, cuando ocurre un problema, el que sea, y más si es de maltrato, los adultos intentamos tener a los niños apartados sin darnos cuenta de que son bastante listos, se dan cuenta de todo y lo sufren, siendo también tan víctimas como sus madres, y costándoles, en muchos casos, la vida igualmente. Y, bueno, había que contar historias, además reales, sobre niños para darles también el protagonismo que merecen.

Has contado con la participación de Juanjo Artero como uno de los actores principales. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con él y qué aporta su interpretación al mensaje del corto?

Trabajar con Juanjo fue una delicia. Un sueño hecho realidad. Él fue el culpable de que naciera en mí la vocación de la interpretación. Yo, desde pequeña, estaba enamorada de Javi, de la serie Verano Azul, del gran Antonio Mercero. Yo quería estar allí con él y ser otra componente de aquel grupo de adolescentes. Jamás pensé que, pasados los años, yo escribiría un guion y él y yo, juntos, daríamos vida a dos de sus personajes.
Esto se lo conté a Juanjo y se emocionó (se le escapó la lagrimilla).
¿Qué puedo decir? Que es un actor de primer orden, un compañero extraordinario y una grandísima persona.

Además del equipo artístico, el proyecto ha contado con el apoyo del Ministerio de Igualdad. ¿Qué ha supuesto este respaldo institucional para la producción y la visibilidad del cortometraje?

Pues me encontré con gente muy amable y entregada que nos ayudaron, permitiendo que varias escenas las rodásemos en sus instalaciones, pero nada más.

Como productora, ¿cuáles han sido los principales retos a la hora de sacar adelante un proyecto independiente con una temática social tan contundente?

Pues hoy, lamentablemente, existe una censura, a veces autoimpuesta por influencias sociales, escondida en una apariencia de libertad y, dentro del cine, siendo un campo tan visible a nivel social, cómo no.
Este trabajo, como tú bien dices, tan contundente, se ha encontrado de frente con este problema, pues hoy la tendencia en el cine es contar historias con miradas intensas, todo dulcificado y sugerente, aunque se esté tratando un problema atroz, dejando el argumento, a veces, a la imaginación del espectador para que no haga daño, donde no pasa nada o lo que pasa está muy velado y no escuece.
Sin embargo, lo que se cuenta y cómo se cuenta la historia de Un niño escucha ha dolido, pues está basada en hechos que han sucedido de verdad y así se han contado, tal cual, desde la cruda realidad.
Por ello, nos hemos encontrado con que, especialmente, el final del corto ha removido muchos estómagos, lo que nos lo ha puesto difícil.
Desde mi humilde opinión, decir que los problemas sociales, y más uno tan grave como es este del maltrato, tan actual y vivo en nuestra sociedad hoy y que cuesta la muerte a tantas mujeres e hijos cada año, se tienen que plantear “sin paños calientes” para que no se nos olvide que están ahí y su gravedad, y qué mejor arma para hacerlo que el lenguaje del cine.
Aunque se ha avanzado a nivel social e institucional en pro de este problema del maltrato a las mujeres, sobre todo dentro del entorno familiar, siempre habrá cosas por hacer mientras siga habiendo víctimas y por lo cual no debemos olvidarlo, y Un niño escucha, repito, lo que cuenta ocurrió según se muestra. Una mujer y su hijo, de carne y hueso, sufrieron esta situación tan dura y, precisamente por su dureza, hay que contarla tal como fue.

Recientemente el corto ha sido estrenado en el Festival de Cortos con Ñ en La Escalera de Jacob. ¿Cómo ha sido la acogida del público y qué tipo de reacciones te han emocionado o sorprendido más?

La acogida del público ha sido excelente. A la gente le encanta Un niño escucha. Nos han felicitado por haber tenido la valentía de presentar esta historia así; nos han llamado hasta de asociaciones y escuelas para solicitarnos que les permitamos presentarlo. Ojalá algún día los cortometrajes puedan tener su difusión en las salas de cine, tal como las películas, y dejarán de depender tanto de los jurados de los festivales.
Cuando escucho el lema tan mencionado en este ámbito, “El corto es cine”, me da por pensar que, mientras no tenga las mismas oportunidades que los largos, las películas, no lo será.

Juanjo Artero

Más allá del recorrido en festivales, ¿qué objetivos persigue El niño escucha? ¿Buscas generar debate, sensibilización, cambios concretos…? ¿Qué te gustaría que el espectador se lleve después de verlo?

Un niño escucha busca que la sociedad, desde todos sus ámbitos, no se olvide de este grave problema. Que todos, desde el que oye gritos de su vecina, o el hermano o hermana que ve algo raro, hasta las instituciones, trabajemos en favor de su erradicación, aunque esto, tampoco hay que engañarnos, también sabemos que es bastante complicado, pero no por ello hay que desanimarse. Con que se salve la vida de una sola mujer, ya merece la pena esta lucha.

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