Urban Beat Contenidos

Tefía: El infierno olvidado de la represión penal de la homosexualidad en el franquismo a través de la “colonia” en Fuerteventura

Entre las múltiples formas de violencia estructural ejercidas por el régimen franquista, pocas alcanzan la ignominia de la colonia agrícola penitenciaria de Tefía, en la isla de Fuerteventura. Durante la dictadura, este campo de concentración —eufemísticamente llamado "colonia"— funcionó como uno de los enclaves más siniestros del aparato represivo contra la disidencia sexual. Pese a haber estado activo durante apenas una década (1954-1966), su sombra persiste como símbolo del dolor silenciado, del terror legalizado y del olvido institucional.

La represión de la homosexualidad en España durante el franquismo no fue ni azarosa ni marginal: fue sistemática, ideológica y cruel. Basado en una moral nacionalcatólica ultraconservadora, el régimen construyó una noción rígida de “normalidad” donde cualquier desviación sexual era concebida como una amenaza al orden social, espiritual y patriarcal. El Estado se arrogó el derecho de intervenir en la vida íntima de los ciudadanos, confundiendo moral con legalidad, pecado con delito.

Desde 1933 existía en el Código Penal el concepto de “escándalo público”, una figura ambigua que permitía encarcelar a homosexuales sin necesidad de que se probara ningún delito real. Pero sería con la Ley de Vagos y Maleantes, reformada en 1954 para incluir explícitamente a los “homosexuales”, cuando se institucionalizó la persecución legal. Esta ley permitía el internamiento en campos de trabajo, colonias agrícolas o instituciones psiquiátricas, no como castigo penal sino como “medida de seguridad”. La orientación sexual no era vista como una condición humana, sino como una patología peligrosa.

Ubicada en el corazón de Fuerteventura, una isla árida y despoblada, la colonia agrícola de Tefía fue inaugurada en 1954 en una antigua base militar abandonada. El aislamiento geográfico no era casual: el régimen quería que los allí internados quedaran borrados del mapa, invisibilizados, despojados de vínculos, lejos de los ojos civiles y del bullicio urbano. Un infierno al que solo se llegaba por castigo, del que solo se salía —si se salía— con el cuerpo y la voluntad fracturados.

Tefía funcionaba oficialmente como un centro de “reeducación”, pero en la práctica era un campo de trabajo forzado con rasgos de campo de concentración. Las condiciones eran extremas: calor abrasador durante el día, frío cortante por la noche, raciones escasas, ausencia de atención médica, jornadas laborales interminables, y lo peor: un sistema de humillaciones físicas y psicológicas concebido para quebrar el espíritu.

Los internos —mayoritariamente hombres detenidos por su orientación homosexual, pero también transeúntes, gitanos, mendigos o prostitutas— eran obligados a realizar trabajos agrícolas improductivos, como cavar hoyos que luego debían rellenar, o levantar muros inútiles. La finalidad no era la productividad, sino el castigo.

Muchos supervivientes relataron años después las formas de tortura empleadas: palizas rutinarias, baños helados, aislamiento prolongado, negación del sueño, violaciones encubiertas por la autoridad, y un mecanismo sistemático de humillación pública. La “cura” de la homosexualidad pasaba por el castigo corporal y la destrucción del yo.

Los testimonios recabados por investigadores y asociaciones de memoria histórica coinciden en que Tefía fue un experimento totalitario de aniquilación subjetiva: no se trataba solo de castigar a los cuerpos, sino de borrar las identidades. A los internos no se les llamaba por su nombre. Perdían sus papeles. Pasaban a ser simplemente “el maricón número tal”. El lenguaje era parte de la violencia: “invertido”, “desviado”, “vicioso”, “pederasta”, eran términos que la propia administración judicial y carcelaria empleaba sin distinción.

En 1970, la Ley de Vagos y Maleantes fue sustituida por la Ley de Peligrosidad Social, que mantenía la penalización de la homosexualidad. Esta ley no fue derogada sino hasta 1979, cuatro años después de la muerte de Franco. Durante todo ese tiempo, la homosexualidad continuó tratándose como una amenaza pública. Y, lo que es aún más grave, tras la transición, los homosexuales represaliados no fueron considerados presos políticos ni se beneficiaron de las leyes de amnistía ni de reparación.

La democracia naciente optó por el pacto del olvido: la historia de Tefía no fue incluida en los currículos escolares, ni en los relatos oficiales de la memoria democrática. Solo en las últimas dos décadas, gracias al esfuerzo de activistas, periodistas e investigadores como Miguel Ángel Sosa Machín o Ramón Martínez, y al testimonio de víctimas como Miguel Ángel Sánchez, se ha comenzado a documentar con seriedad lo ocurrido en ese rincón olvidado del archipiélago.

Tefía hoy: memoria o espectáculo

En los últimos años, el tema ha cobrado relevancia mediática, especialmente tras la serie ‘El corazón del volcán’ y proyectos documentales centrados en la memoria de los internos. Si bien esto ha dado visibilidad a un capítulo negado durante décadas, también plantea tensiones: ¿qué significa hacer arte con el trauma? ¿Puede una serie de ficción restituir el dolor de los vivos y el silencio de los muertos? ¿Dónde está la línea entre la divulgación necesaria y la estetización del sufrimiento?

Lo cierto es que el Estado español aún debe una reparación formal a las víctimas de Tefía. No basta con homenajes aislados o placas conmemorativas: es preciso reconocer la especificidad de la represión sexual en el franquismo, garantizar la inclusión de estos crímenes en la Ley de Memoria Democrática, y ofrecer compensaciones simbólicas y materiales a los supervivientes y sus familias.

Tefía fue un laboratorio del horror, donde se ensayó la forma más íntima y perversa de violencia política: la persecución del deseo. En sus muros resecos y su tierra erosionada quedaron atrapadas vidas que el Estado decidió marcar como indeseables. Hoy, la memoria de Tefía no es solo un deber histórico, sino una advertencia contemporánea. Allí donde el Estado legisla el deseo, donde se criminaliza la diferencia, donde se silencian las voces disidentes, vuelve a nacer la sombra de Tefía.

Mientras no haya justicia para quienes fueron rotos en nombre de la moral, la democracia seguirá incompleta. Recordar Tefía no es mirar atrás: es vigilar el presente.

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!

¿Dime con qué te evades y te diré quién eres en la Era del Cactus?

Los homosexuales siempre han sido los grandes precursores de las tendencias que el mundo heterosexual termina copiando, asumiendo y, a menudo, exagerando. Pasó con la moda urbana: desde la implantación de la riñonera o el bolso masculino, hasta los pendientes que hoy lucen con orgullo los futbolistas millonarios y que ya forman parte del patrimonio estético de la masa en la calle y los gimnasios. Es un proceso cíclico de asimilación cultural. Pero donde este patrón de imitación y réplica se repite con una precisión milimétrica no es en las pasarelas, sino en el mercado de la evasión existencial. Lo que empieza siendo un secreto a voces, un ritual de refugio en los afters gais y los espacios clandestinos de las grandes ciudades, acaba inevitablemente convertidose en una arraigada e incontestable práctica social transversal. Atrás quedaron ya los tiempos románticos y casi analógicos de la cafeína, las benzodiacepinas, el tabaco, los porros y la cocaína, sustancias que hoy consumen más algunos padres nostálgicos en sus cenas de reencuentro, que sus propios hijos.

¿Qué sabemos realmente de Jiddu Krishnamurti?

En 2026 se cumplen cuarenta años de la muerte de Jiddu Krishnamurti, ocurrida el 17 de febrero de 1986 en Ojai, California. El aniversario devuelve al primer plano a una figura cuya obra conserva una vigencia difícil de acomodar en los estantes habituales. Fue presentado durante su adolescencia como futuro guía espiritual de la humanidad y terminó impugnando la autoridad del maestro. Habló ante auditorios multitudinarios, pero pidió a quienes lo escuchaban que no lo convirtieran en referente. Promovió escuelas y aceptó la creación de fundaciones destinadas a preservar sus enseñanzas, aunque sostuvo que la verdad no podía quedar encerrada en una institución, una religión o un procedimiento. El aniversario de su muerte permite revisar la obra de un pensador que combatió la autoridad espiritual, investigó los mecanismos del miedo y convirtió la observación de la conciencia en una forma radical de responsabilidad. Su legado conserva una extraña actualidad, aunque también exige separar la intuición filosófica de la evidencia científica y la libertad interior de sus posibles simplificaciones.

Avenida de los Neutrales, esquina Libertad

El fascismo no necesita siempre una multitud con antorchas. A veces le basta con una sociedad autocomplaciente, una ciudadanía bien peinada, un “todos son iguales”, una pantalla encendida y millones de personas repitiendo, casi con orgullo terapéutico ese mantra ya impertinente: libertad. El fascismo rara vez empieza como una tormenta. Empieza como una bajada de párpados. Como una renuncia pequeña. Como una frase amable: “hay que ver el lado positivo”. Como una consigna de autoayuda pegada en la nevera mientras afuera se incendia el barrio. Hoy, el totalitarismo más abyecto se impone con consejos –que se tornan decretos- tales como “vivir el presente”, “olvidar el pasado”, “no pensar en el futuro”, o la tan demoledora “piensa en ti mismo”. Así es la avenida de los Neutrales, esquina Libertad.

Las grietas dentro del arcoíris: poder, clase y contradicción en el interior del universo LGTBIQ+

Las grietas dentro del arcoíris exigen analizar las contradicciones internas del universo LGTBIQ+ que parten de una premisa básica: no existe un sujeto único, uniforme y moralmente homogéneo llamado ‘el colectivo’. Existe una alianza histórica de experiencias, cuerpos, deseos, memorias políticas y trayectorias sociales que han sido reunidas bajo una sigla común por razones de supervivencia, visibilidad y conquista de derechos. Esa alianza ha sido decisiva para ampliar libertades civiles, combatir la violencia institucional y desplazar prejuicios arraigados. Sin embargo, su propia amplitud genera una paradoja: cuanto más inclusiva pretende ser la categoría, más visibles se vuelven sus desigualdades internas. En pleno apogeo de la “Semana del Orgullo LGTBIQ+ 2026 ” en Madrid , este tema adquiere especial relevancia.

El Gatopardismo del Papa: cambiar la superficie para salvar el dogma

Llevo una semana encerrado entre las cuatro paredes de mi casa, contemplando el ruido exterior con la distancia que da la tregua concedida a uno mismo, cuando me piden que escriba sobre la visita del Papa. Y la verdad es que, tras observar el despliegue, el cuerpo me pide de todo menos sumisión. Este Papa va para largo y va a dar mucho juego. No va a ser un Papa butano de esos que duran veintiocho días, ni de tránsito, como Juan XXIII y Francisco; lo sabe, tiene tiempo, y ha entendido a la perfección que España sigue siendo la plataforma ideal cuando la Iglesia necesita actualizar su puesta en escena —más en este momento—, y ha sabido utilizarla. Si lo hubiera dicho desde Roma habría sido más de lo mismo; desde aquí ha globalizado el mensaje y se ha amplificado por sí solo. A cambio, ha tenido que poner sonrisa de Papa ante las versiones actualizadas de las actuaciones al estilo de los coros y danzas de la Sección Femenina, y no poner cara de horror ante los gritos de Bustamante, Diges y Navarro en esa competición infernal por el gorgorito del año.

Pedro Sánchez presenta «España. Cultura Viva», el sello que aspira a reforzar la presencia cultural de España en el mundo

Pedro Sánchez, ese presidente que sus detractores convierten a diario en lugar de conflicto y sus defensores lo contemplan como dique imperfecto frente a la brutalización del poder, ha presentado en el Instituto Cervantes «España. Cultura Viva», una nueva marca concebida como sello de excelencia para reforzar la proyección internacional de la cultura española. Algo habrá hecho bien ese pobre hombre cuando, en medio de una época saturada de ruido, desgaste institucional y ferocidad política, la cultura vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro del relato exterior del país. El sol no solo se mide por sus manchas; las manchas tampoco deberían clausurar toda la luz.

También te puede interesar

¿Dime con qué te evades y te diré quién eres en la Era del Cactus?

Los homosexuales siempre han sido los grandes precursores de las tendencias que el mundo heterosexual termina copiando, asumiendo y, a menudo, exagerando. Pasó con la moda urbana: desde la implantación de la riñonera o el bolso masculino, hasta los pendientes que hoy lucen con orgullo los futbolistas millonarios y que ya forman parte del patrimonio estético de la masa en la calle y los gimnasios. Es un proceso cíclico de asimilación cultural. Pero donde este patrón de imitación y réplica se repite con una precisión milimétrica no es en las pasarelas, sino en el mercado de la evasión existencial. Lo que empieza siendo un secreto a voces, un ritual de refugio en los afters gais y los espacios clandestinos de las grandes ciudades, acaba inevitablemente convertidose en una arraigada e incontestable práctica social transversal. Atrás quedaron ya los tiempos románticos y casi analógicos de la cafeína, las benzodiacepinas, el tabaco, los porros y la cocaína, sustancias que hoy consumen más algunos padres nostálgicos en sus cenas de reencuentro, que sus propios hijos.

Brassaï descifra los signos secretos de París en el Moderna Museet

El Moderna Museet de Estocolmo reconstruye la geografía nocturna y secreta de París a través de la mirada de Brassaï, uno de los grandes renovadores de la fotografía europea del siglo XX. Abierta hasta al 4 de octubre de 2026, ‘Brassaï. Los signos secretos de París’ reúne más de 160 fotografías en blanco y negro y constituye la primera gran presentación dedicada al artista en Suecia. La selección está formada por copias antiguas en gelatina de plata realizadas por el propio fotógrafo, circunstancia que permite contemplar las imágenes con las gradaciones, texturas y matices tonales concebidos originalmente por su autor.
La exposición se adentra en el periodo más fértil de su trayectoria, situado fundamentalmente en la década de 1930, cuando Brassaï convirtió sus recorridos nocturnos por la capital francesa en una investigación visual sobre la ciudad, sus habitantes y las huellas anónimas depositadas en sus muros. París deja de ser en estas imágenes una sucesión de monumentos reconocibles para transformarse en una materia viva, compuesta por niebla, adoquines húmedos, luces de gas, habitaciones clandestinas y figuras que parecen surgir de la oscuridad.

Dolce&Gabbana construye con ‘ArteModa’ la genealogía artística de su universo creativo

La historia del arte también puede leerse sobre un cuerpo. Puede adquirir la forma de una capa, plegarse en la arquitectura de un vestido o reaparecer, varios siglos después, en la superficie minuciosa de un bordado. ‘Dolce&Gabbana ArteModa’, el volumen realizado por la firma italiana en colaboración con Rizzoli, parte de esa posibilidad: comprender la moda como un lenguaje capaz de traducir la pintura, la escultura, el mosaico y la ornamentación histórica a una materia viva, móvil y destinada a relacionarse con la anatomía.
El libro, publicado el pasado mayo, no se limita a recopilar las referencias artísticas que han acompañado la trayectoria de Domenico Dolce y Stefano Gabbana. Su propósito consiste en construir una genealogía visual de la casa, explicar de qué manera determinadas obras maestras, periodos históricos y movimientos creativos han alimentado su imaginario y revelar el procedimiento mediante el cual una imagen deja de pertenecer exclusivamente al museo para convertirse en tejido, volumen, color y gesto.

¿Qué sabemos realmente de Jiddu Krishnamurti?

En 2026 se cumplen cuarenta años de la muerte de Jiddu Krishnamurti, ocurrida el 17 de febrero de 1986 en Ojai, California. El aniversario devuelve al primer plano a una figura cuya obra conserva una vigencia difícil de acomodar en los estantes habituales. Fue presentado durante su adolescencia como futuro guía espiritual de la humanidad y terminó impugnando la autoridad del maestro. Habló ante auditorios multitudinarios, pero pidió a quienes lo escuchaban que no lo convirtieran en referente. Promovió escuelas y aceptó la creación de fundaciones destinadas a preservar sus enseñanzas, aunque sostuvo que la verdad no podía quedar encerrada en una institución, una religión o un procedimiento. El aniversario de su muerte permite revisar la obra de un pensador que combatió la autoridad espiritual, investigó los mecanismos del miedo y convirtió la observación de la conciencia en una forma radical de responsabilidad. Su legado conserva una extraña actualidad, aunque también exige separar la intuición filosófica de la evidencia científica y la libertad interior de sus posibles simplificaciones.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias