Según Bretón el surrealismo: “Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. En su manifiesto presenta la “escritura automática” como la que realmente expresa el pensamiento sin barreras, que favorece el despliegue de la imaginación y propone prescindir de las reflexiones y del análisis racional “…que distorsionan el producto del pensamiento puro”. Al mismo tiempo le da suma importancia a la fuerza de las imágenes y a los sueños, que suelen combinar visiones muy lúcidas con verdaderos absurdos…El movimiento nació en París en el período de entreguerras, el impulso inicial brotó de un grupo de jóvenes varones al que rápidamente se sumaron muchas mujeres.
En aquellos años La Ciudad de la Luz fue el epicentro de una intelectualidad renovada y muy activa en todas las expresiones artísticas y literarias en lo que se llamó “Los años locos” y al que el escritor Ernest Hemingway describiera en “París era una fiesta”. Pero también fue el período de ascenso de las derechas nazis y fascistas. Hitler en Alemania, Primo de Rivera en España. Mussolini en Italia, Oliveira de Salazar en Portugal…, la muerte de Lenin dio lugar al ascenso de Stalin en la Rusia soviética.
En ese marco es en el que surge el surrealismo, que rápidamente se universalizó dando lugar a un movimiento verdaderamente internacionalista, que tuvo fuerte influencia en toda la mayor parte del siglo XX. Aún cuando formalmente se disolvió en 1969, sigue vigente como forma de pensar y ver la vida de otra manera. Según el director del Centro de Estudios Surrealistas mexicano, Ricardo Echávarri, el movimiento “es la vanguardia poética más importante durante el periodo de entreguerras y el movimiento poético más fértil a nivel mundial de la era contemporánea”. Para el filósofo y sociólogo Michael Lowy, constituye “…una visión del mundo, un modo de vida y un intento eminentemente subversivo de cambiar el mundo”. Una confluencia entre la aspiración utópica y revolucionaria de Marx por transformar el mundo y la pasión poética de Rimbaud por cambiar la vida.
En 1938 Bretón fue invitado a dar una serie de conferencias en México, auspiciado por el ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Su disertación más importante fue en el Palacio de Bellas Artes para leer la ponencia Perspectivas del surrealismo y protagonizar lecturas de poesía llenas de la vanguardia transgresora que emanaban sus obras.
Por intermedio de Frida Kahlo y Diego Rivera conoció a León Trotstki. Después de tres meses de discusiones e intercambio de notas, en las que compartían su oposición al nazismo y al estalinismo a la par que reivindicaban la libertad absoluta para el arte respecto de los aparatos estatales y políticos, acordaron elaborar un documento conjunto: el Manifiesto por un arte revolucionario independiente (MARI). El texto fue escrito por Bretón y revisado y corregido por Trotski. Es conocido que un párrafo del original: “Total licencia en el arte, excepto contra la revolución proletaria” redactado por Bretón fue corregido por Trotski, que directamente eliminó la última frase del párrafo. Es que el artista debía politizarse pero no su arte. Por razones de táctica política, el revolucionario ruso prefirió que Rivera acompañara con su firma a Bretón.En principio, esta vanguardia, aún viva hoy en día, quería incorporar los conceptos psicoanalíticos de Sigmund Freud a la mentalidad Dadá. De Freud interesaba sobre todo su investigación sobre el importante papel del subconsciente en el comportamiento humano, y por tanto en su faceta creativa.
Por ello los surrealistas empezaron a dejar al subconsciente trabajar, ya fuera mediante escritura o pintura automática, por plasmar sueños, por regresar a la infancia… en definitiva por ser libre y espontáneo.
Acceder al subconsciente significaba mostrar pensamientos y deseos indecorosos, plasmar imágenes chocantes para exponer la depravación del ser humano, disfrazado de civilizado por la sociedad burguesa.
En sus comienzos el surrealismo era un proyecto esencialmente literario, pero poco a poco fue infectando a las demás disciplinas artísticas (pintura, escultura, fotografía, cine…).
Como eso del subconsciente es algo tremendamente personal, no hay un «estilo surrealista». Cada autor lo vivía a su manera, pero podemos distinguir en líneas generales dos formas de arte surrealista:
- Una automática, espontánea y fluída, con universos figurativos propios.
- Una naturalista, que muestra con figuración a veces hiperrealista el mundo de los sueños y el inconsciente.
El arte surrealista suele ser incongruente, onírico y muy original, en el sentido que el artista muestra su faceta más individual, aunque es curioso, pues el arte surrealista tiene algo universal, que todos podemos entender. Hasta los niños pueden captar si algo es surrealista o no.
Con el movimiento ya establecido en los años 30, y con los más extraordinarios artistas apoyándolo, Breton se convirtió en una especie de papa. Tan celoso era de la pureza de su teoría que realizaría purgas a todo aquel que cuestionara sus postulados.
Serían expulsados del movimiento figuras tan brillantes como Dalí o Artaud. En el número de mayo de la revista surrealista Minotaure, André Breton anunció la expulsión de Dalí del grupo surrealista, afirmando que Dalí había defendido la guerra racial y que el refinamiento excesivo de su método paranoico-crítico era un repudio al automatismo surrealista .









