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Mari Chordà

Mari Chordà: una indagación valiente sobre la libertad sexual, la maternidad y las relaciones lésbicas

La imagen, el lenguaje y la acción social son la base de la obra de Mari Chordà (Amposta, 1942) y parte indisociable de su vida: la artista, la escritora y poeta, y la activista forman un vínculo inquebrantable, fundamento de una actitud y unas convicciones que conforman el eje vertebral de su trabajo y su biografía. El MACBA Museu d’Art Contemporani de Barcelona acoge hasta el 12 de enero de 2025 una interesante exposición:«Mari Chordà… y muchas otras cosas» donde el espectador podrá apreciar algunas de sus obras más importantes.
Mari Chordà

Observadora activa y atenta de la realidad que la envuelve, toma parte en ella, agitando y subvirtiendo todo cuanto ve, guiada por un posicionamiento político que surge en respuesta a la dictadura franquista y continúa articulándose de la mano de las luchas feministas por el reconocimiento y la visibilización del trabajo de las mujeres.  

Las referencias estéticas en la obra de Mari Chordà son ajenas al ambiente academicista y anacrónico de la Escuela de Bellas Artes en la que estudió, pero también al panorama artístico del momento en el que comenzó a forjar un lenguaje propio. El suyo es un imaginario cercano a la sensibilidad visual del pop y la psicodelia, pese a que Chordà nunca se ha considerado parte de esos movimientos. Pionera de su generación a la hora de plantear una sexualidad libre, su pintura y su poesía hablan de placer, de maternidad y relaciones lésbicas. En 1964, siendo aún estudiante, pinta la primera Vagina: «Imaginaba el cuerpo femenino por dentro, pero [la pintura] era un figurativo muy poco realista con un cierto recordatorio de las formas». Pinta los fluidos del cuerpo, las secreciones, los órganos sexuales y los coitos, no desde lo abyecto, sino con formas sensuales y colores seductores, con tonalidades planas que reclaman un erotismo pleno. Unas obras, pues, que transmiten fuerza y vitalidad, y en las que la creación se identifica con la propia sexualidad: «Quería “pintar-hablar” sobre la vida sexual y la identidad sexual». Mari Chordà indaga en el cuerpo femenino a partir de su propio cuerpo, pero en lugar de pintar su rostro —imagen del autorretrato convencional— se autoexplora y retrata pintando su sexo.

La autorreferencialidad, la exploración de la propia intimidad y los cambios que se producen a lo largo de un embarazo son solo algunos ejemplos. No hay obscenidad ni pudor de ningún tipo a la hora de mostrar, de hablar de sexo, de disfrutar del cuerpo y pintarlo o componer poemas sobre él. Mientras que el Estado, la Iglesia, el orden o una moral mal entendida fomentaban la represión del sexo y el placer, en el trabajo de Chordà emerge una sexualidad exacerbada que supone una autoafirmación en sí misma, una legitimación de la libertad y el gozo.  Entre 1964 y 1974, la artista crea también diversas esculturas móviles interactivas: juguetes con los que generar formas cambiantes, el primero de los cuales concibe para su hija. Sin embargo, después de este periodo, muy activo, deja interrumpida su labor artística y no la retoma hasta principios de los noventa: en un primer momento limitándose a la recuperación de su obra temprana, pero muy pronto incorporando nuevas líneas de investigación con referencias al mundo natural, sobre todo al mundo marino y a unas criaturas que denomina «las cetáceas».

Más tarde aparecerán las espiroquetas, en homenaje a la bióloga Lynn Margulis y a sus investigaciones sobre estos microorganismos del Delta de l’Ebre. Dos de sus últimas obras son una serie de fotografía subacuática y la instalación Úter/Ou. En paralelo, sigue escribiendo poesía y ensayos sobre la mujer y participa en toda clase de proyectos con los que reivindicar una mayor visibilidad de las mujeres profesionales, creadoras y científicas.

Mari Chordà

Mari Chordà, como otras mujeres de su generación, creía que «lo personal era político» e hizo de esta creencia una fuerza motriz. Fundó Lo Llar, en Amposta, un espacio que funcionó como centro de activación cultural y en el que se realizaban conciertos, exposiciones y un sinfín actividades. Más tarde, ya afincada en Barcelona y en colaboración con un grupo de mujeres, inauguró la Sal Bar-biblioteca feminista, un local pensado como lugar de encuentro y de organización colectiva para mujeres en el que conversar y apoyarse mutuamente, y del que surgiría después laSal, edicions de les dones, la primera editorial feminista del Estado español centrada en literatura y ensayo escritos por mujeres. Pero laSal fue además un lugar en el que pasarlo bien: «Nos dedicábamos a generar palabra, generar música y, sobre todo, placer […]. El placer es muy subversivo».  Porque todo lo que hace Mari Chordà está atravesado por el juego y el derecho al placer, entendidos como parte integral de las luchas feministas.  

En Mari Chordà hay una imbricación total de actitud, vida, texto, imagen, lengua y forma. La ruptura del orden establecido —moral, cultural y social— viene determinada por la reivindicación del deleite, la fruición y la fiesta como espacios de disidencia artística, sexual y política. Chordà celebra la cultura y el territorio, el vínculo con sus raíces, y lo reclama como forma de vida y resistencia. Pintar, escribir, actuar, posicionarse, organizarse colectivamente, denunciar aquello con lo que está en desacuerdo —como ha hecho públicamente en diversas ocasiones— son para ella formas de vivir las urgencias de su actualidad.

El compromiso de Chordà se ubica en ese «presente continuo» que definió la escritura feminista de Gertrude Stein: una prolongación del presente en su vida y en su obra que no admite disgregaciones, que solo nos permite acercarnos a ella como a un todo en continuo movimiento.

Mari Chordà

Biografía

Mari Chordà (Amposta, Tarragona, 1942) es una pintora, poeta y activista feminista catalana. Mientras estudiaba todavía en la Escola de Belles Arts de Barcelona, comenzó a experimentar con representaciones pictóricas del cuerpo femenino. A pesar del contexto de la dictadura de Franco en el que creció, y aunque había recibido una educación católica tradicional, desde muy temprano intentó explorar y subvertir la situación de las mujeres partiendo de unos principios determinados por el feminismo y de su compromiso personal y público. 

En 1965 se instaló en París, donde vivió dos años y entró en contacto con la actividad artística de la época. Cercana a la visualidad del pop, no se adscribe, sin embargo, a este movimiento. Utiliza en sus obras colores planos y muy vivos que plasman  formas sinuosas no figurativas. Ya en 1964 había comenzado a trabajar en la serie “Vagines”, una exploración de su propio cuerpo, su sexualidad y su placer. El placer, precisamente, es fundamental en la obra de Chordà en cuanto que forma de subversión. La pintura y la poesía, indisociables, sobrevuelan de principio a fin su trayectoria, vinculadas a sus convicciones feministas.

En 1968 fundó en Amposta Lo Llar, un local de acción multicultural y reivindicación social que agitó la vida cultural de la ciudad. A partir de 1969, empezó a crear sus esculturas móviles, concebidas para invitar a la intervención y generar, con ella, formas cambiantes.   A mediados de los años setenta, y hasta principios de los noventa, Chordà abandonó la práctica artística. En esta etapa, llevó a cabo diversas actividades y acciones, como, por ejemplo, un acto en reivindicación de las mujeres trabajadoras y las amas de casa en el transcurso de las ponencias de las Primeres Jornades Catalanes de la Dona (1976). Fue en ese contexto en el que presentó su primer poemario, “… i moltes altres coses” —del que toma su título de este proyecto—, que se publicó en un primer momento de manera anónima porque consideraba que su autoría pertenecía a todas las mujeres.  

En 1977, junto con un grupo de mujeres, fundó un local único en Barcelona y en España: el BarBiblioteca Feminista laSal, pensado como un lugar de encuentro en el que compartir experiencias, disfrutar y recibir asesoramiento médico y jurídico. Ese mismo año se creó también la Sal, edicions de les dones, que impulsó diversas colecciones de narrativa y ensayo y dio visibilidad a la escritura y al pensamiento de autoras del contexto catalán, estatal e internacional; una andadura que se extendería hasta 1996. En 1978, Mari Chordà publicó su segundo libro de poemas, “Quadern del cos i l’aigua”. En paralelo, colaboró en diversas revistas, debates y ensayos sobre feminismo.  A principios de los noventa comenzó una etapa de retorno a su labor artística inicial que la llevó a incluir referencias al mundo natural y, en particular, al mundo marino y a lo que denominó «las cetáceas». En 2000 publicó dos nuevos poemarios: “Umbilicals” y “Locomotora infidel pel passat”. Ese mismo año se celebró la primera exposición individual de su obra, que recogerían dos nuevas monográficas en 2008 y 2017.

En 2015, formó parte de la exposición The World Goes Pop, presentada en la Tate Modern de Londres y comisariada por Jessica Morgan, directora de la Dia Art Foundation y miembro del Comité asesor del MACBA: una muestra que recogía las tendencias locales e internacionales del movimiento pop más allá del contexto de Estados Unidos y Reino Unido. En 2022 la artista recibió la Creu de Sant Jordi, otorgada por la Generalitat de Catalunya.

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