Urban Beat Contenidos

50 años de “Tiburón”, un escualo llamado Trump y la necesidad de cerrar la playa para acotar las olas contaminadas de la democracia en riesgo

Cincuenta años después de su estreno, “Tiburón” de Steven Spielberg sigue mordiendo, desgarrando, llenando con fuerza una playa idílica con sangre e intestinos desplegados. No solo marcó un antes y un después en la historia del cine comercial, sino que, con una extraña clarividencia, configuró una alegoría duradera del miedo, el poder y los depredadores modernos. En tiempos de tiburones financieros, discursos autoritarios y democracias en retirada, la criatura marina de Spielberg resurge como símbolo inquietante del presente de las aguas contaminadas de una democracia en riesgo. Un tiburón llamado Donald Trump y una playa democrática nauseabunda en la en la costa ficticia de Amity Island.

En el verano de 1975, un joven Steven Spielberg —de apenas 28 años— logró lo que pocos creadores han conseguido: redefinir el cine popular. Tiburón (Jaws) no solo instauró el blockbuster veraniego, sino que fundó una nueva gramática del terror, donde el miedo no estaba en lo que se veía, sino en lo que se intuía. La película, basada en la novela de Peter Benchley, narra cómo un gigantesco tiburón blanco siembra el pánico en la ficticia isla de Amity, forzando a un improbable trío —un jefe de policía con miedo al mar, un oceanógrafo sarcástico y un cazador obsesionado— a enfrentarse a la bestia en alta mar.

La superficie es clara: cine de aventuras, tensión, música inolvidable. Pero como toda gran obra cultural, Tiburón es también una metáfora. A medio siglo de distancia, sus capas simbólicas adquieren nuevas resonancias. Porque ese escualo que emerge de las profundidades no es solo un animal desbocado. Es también el miedo social, el colapso institucional, el poder desregulado. Es el capitalismo en forma de dentadura feroz que tritura los huesos de pobres ciudadanos que aspiran a una democracia idílica, sangrante y descuartizada. Pobre ciudadanos indefensos ante el tiburón.

Lo más fascinante de Tiburón es que el verdadero villano no es el tiburón. El escualo —una criatura ciega, primitiva, impulsada por el instinto— actúa como fuerza de la naturaleza. En cambio, quienes lo permiten son mucho más humanos. El alcalde de Amity, figura patética del poder local, es el primer responsable del desastre. A pesar de los avisos del jefe de policía, insiste en mantener las playas abiertas para no afectar la temporada turística. Es el retrato perfecto del político que prioriza la economía por encima de la seguridad ciudadana. Un modelo que hoy encontramos replicado en discursos de gobernanza neoliberal, donde la rentabilidad tiene más peso que la vida.

La cinta, en este sentido, puede leerse como una alegoría del negacionismo político, del poder que maquilla el peligro, del Estado que gestiona el miedo como si fuera un producto. Una mecánica que, décadas después, reconocemos en la gestión de crisis sanitarias, del cambio climático o incluso del auge del autoritarismo.

Con el tiempo, el tiburón de Spielberg pasó de criatura marina a ícono cultural. Y como toda buena figura simbólica, mutó. En los años 80, bajo el reinado de Reagan y Thatcher, el tiburón encontró nuevos hábitats: no ya el océano, sino la bolsa de valores. Wall Street se convirtió en el nuevo mar oscuro, y los banqueros, brokers y especuladores, en los tiburones del sistema. Agresivos, insaciables, invisibles. Como en la película, sus ataques eran rápidos, voraces y muchas veces negados por quienes debían controlarlos.

El imaginario popular los bautizó así: “Tiburones de Wall Street”. Y no fue casual. Como el animal cinematográfico, estos depredadores se movían por una lógica de acumulación ciega. No había ética, solo impulso. Y a diferencia del tiburón de Spielberg, los financieros no morían al final. Se multiplicaban. Ganaban elecciones. Compraban medios. Redactaban leyes. Devoraban la democracia sin piedad.

Donald Trump: el tiburón que aprendió a hablar

Entre todos esos tiburones, uno ha sabido representar como nadie esa mezcla de brutalidad, autopromoción y desprecio por la verdad: Donald J. Trump. Empresario inmobiliario, celebridad televisiva, presidente de los Estados Unidos y, ahora, candidato a la reelección que no va a obtener. Trump es un tiburón no porque sea feroz, sino porque su estilo político responde a la lógica de la depredación: destruir para dominar. Simplificar para controlar. Mentir para sobrevivir.

Trump no nada en el agua, sino en la confusión. No ataca cuerpos, sino instituciones. Desprecia la prensa, socava la separación de poderes, alimenta el odio racial y sueña con una América donde él sea el alfa y todos los demás su cardumen de aplausos. Su discurso es puro instinto: nacionalismo económico, resentimiento cultural, culto al líder. Como el tiburón de Spielberg, aparece cuando se le niega, actúa cuando menos se espera y arrasa con todo lo que flota.

Y como en Tiburón, el verdadero drama no es su existencia, sino el sistema que le permite actuar. Los votantes que lo justifican. Los partidos que lo apañan. Los medios que lo amplifican. El mercado que lo financia. Todo un ecosistema que, como la isla de Amity, finge normalidad mientras el monstruo se acerca.

Spielberg como cronista del miedo moderno

Quizá sin pretenderlo, Tiburón capturó algo esencial del mundo contemporáneo: la forma en que el miedo es gestionado, instrumentalizado y, finalmente, mercantilizado. El pánico ante lo invisible —ya sea un virus, una amenaza terrorista o un candidato mesiánico— se convierte en espectáculo. En negocio. En oportunidad.

Spielberg comprendió que el verdadero terror no está en el monstruo, sino en cómo reaccionamos ante él. En los pactos de silencio, en la banalidad del poder, en la comodidad del espectador. No en vano, la película se construye sobre ausencias: el tiburón aparece poco, pero su presencia lo inunda todo. Como el miedo. Como el autoritarismo. Como Trump.

Medio siglo después: ¿Quién cierra la playa?

Cincuenta años después de su estreno, Tiburón sigue funcionando como un reloj narrativo, pero también como advertencia cultural. Su mensaje —que la negación del peligro es más letal que el peligro mismo— resuena hoy con fuerza. En una época donde el lenguaje democrático se vacía, donde los líderes juegan a incendiar el sistema para luego prometer apagarlo, el tiburón ya no está en el agua. Está en las urnas. En los discursos. En los trending topics.

El tiburón de Spielberg al menos obedecía a una lógica biológica. El de Trump no. No quiere alimentarse: quiere gobernar descuartizando todo lo que se le pone por delante. No se sacia con víctimas: necesita espectáculo, obediencia, silencio. Lo que devora no es carne, sino valores y se enorgullece de dejar la sangre para atraer otros tiburones más despiadados que él.

La pregunta, entonces, no es si el tiburón volverá. Es si esta vez tendremos el coraje de cerrar la playa.

Trump

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!

Gabriel Azorín proyecta en ‘Anoche conquisté Tebas’ una mirada queer sobre los silencios masculinos

El cineasta conversa con Urban Beat sobre la gestación de ‘Anoche conquisté Tebas’, la vulnerabilidad masculina, el tiempo, la creación colectiva y la necesidad de defender un cine situado fuera de la lógica inmediata del mercado. Una tarde de invierno de 2017, Gabriel Azorín levantó la cabeza desde una bañera con forma de sarcófago en las termas romanas de Bande y descubrió que aquella oscuridad estrellada podía reunir varios tiempos y devolver a los hombres aquello que durante siglos habían aprendido a callar. De aquella imagen nació ‘Anoche conquisté Tebas’, una película nocturna, radical y deliberadamente antiproductiva que necesitó seis años de trabajo antes de llegar a Venecia. «He callado muchas conversaciones que no llegué a tener con mis amigos; no fui capaz de reconocerles determinados miedos, de relacionarme con su vulnerabilidad o de mostrar la mía. A través de esas termas y de sus aguas mágicas, los personajes se atreven a hacer lo que yo no hice. Es una de las ventajas de la ficción: puede ser mejor que la vida».
Desde su estreno mundial en las Giornate degli Autori, la ópera prima de ficción de Azorín ha pasado por Nueva York, Viena, Gante y Tesalónica; ha obtenido el Premio Especial FUNDOS en la Seminci, el Grand Prix Janine Bazin y una mención especial en Belfort, y ha sumado otro reconocimiento en el D’A de Barcelona. El próximo 28 de agosto llegará a los cines de Madrid. La crítica ha celebrado su fotografía, su dominio del espacio y su aproximación insólita a la intimidad de los hombres: «Yo diría que es una mirada queer sobre el universo heterosexual», afirma el director.
Esa resistencia a complacer forma parte del sentido de la película: Gabriel Azorín no filmó para conquistar el mercado, sino para construir un territorio donde la amistad, el miedo y la necesidad de afecto pudieran escapar de los códigos que históricamente han condicionado su expresión.
Nacido en Hellín en 1981, Azorín se formó en la ECAM y cursó un posgrado en la Elías Querejeta Zine Eskola. Es miembro del colectivo de investigación artística lacasinegra, junto a María Antón Cabot, Carlos Pardo Ros y Elena López Riera. Tras dirigir varios cortometrajes y el largometraje documental ‘Los mutantes’, ha debutado en la ficción con una obra ambientada casi por completo en las termas de Bande, en Ourense, donde jóvenes contemporáneos y soldados romanos quedan unidos por el agua, la noche y una misma necesidad de afecto.

Steven Spielberg protagoniza la 18.ª Gala Benéfica de Cine del MoMA

Steven Spielberg ayudó a construir el Hollywood contemporáneo y también ha pasado medio siglo interrogando las consecuencias de aquella maquinaria. Convirtió el miedo en acontecimiento colectivo, devolvió los dinosaurios a la Tierra, hizo de la infancia una patria amenazada y llevó algunos de los grandes traumas del siglo XX hasta el centro del espectáculo popular. Esa doble condición —autor reconocible y figura decisiva de la industria— será el núcleo del homenaje que la 18.ª Gala Benéfica de Cine del Museo de Arte Moderno de Nueva York, presentada por CHANEL, le rendirá el 12 de noviembre de 2026.

‘American Horror Story 13’ se enfrenta a los fantasmas de su propia historia

La antología creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk regresará el 24 de septiembre con una temporada concebida como una colisión entre sus distintas épocas. Jessica Lange, Sarah Paulson, Evan Peters, Angela Bassett, Emma Roberts y otras figuras esenciales de la franquicia volverán a internarse en una mitología que ya no necesita inventar el miedo: le basta con despertar aquello que dejó con vida.

‘Anoche conquisté Tebas’ convierte la vulnerabilidad masculina en territorio cinematográfico

El agua conserva aquello que la historia parece haber olvidado. Bajo su superficie permanecen las ruinas, los cuerpos, las palabras nunca pronunciadas y una memoria que se resiste a obedecer el orden cronológico. Desde esa materia líquida y ancestral, Gabriel Azorín construye ‘Anoche conquisté Tebas’, su primer largometraje, que llegará a los cines españoles el próximo 28 de agosto distribuido por La Machina.

‘Yo te creo’, el contundente drama judicial que examina cómo la justicia puede prolongar el trauma

La verdad entra en un tribunal sometida a una disciplina que rara vez comparte con el sufrimiento. Debe organizarse, responder preguntas, respetar los tiempos procesales y mantenerse intacta bajo la sospecha. En ‘Yo te creo’, primer largometraje de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, esa fricción entre la experiencia de las víctimas y el lenguaje de la justicia se convierte en el centro de un drama contenido, incómodo y de una intensidad creciente. La película con es un contundente drama judicial, que llegará a Filmin el próximo 24 de julio, recibió una Mención Especial en la sección Perspectives del Festival de Berlín y se convirtió en la gran triunfadora del Festival de Sevilla. Allí obtuvo tres reconocimientos: el Giraldillo de Oro a la mejor película, el premio a la mejor actriz para Myriem Akheddiou y el galardón al mejor guion.

‘La noche de la iguana’: cuando Hollywood convirtió Puerto Vallarta en leyenda

Hay películas que cuentan una historia y otras que, casi sin proponérselo, terminan escribiendo la historia de un lugar. ‘La noche de la iguana’ pertenece a esa segunda categoría. Cuando John Huston desembarcó en Puerto Vallarta en 1963 para adaptar la obra de Tennessee Williams, el pequeño puerto jalisciense apenas era un pueblo de pescadores conocido por unos cuantos viajeros intrépidos y por los habitantes de la costa del Pacífico. Un año después del estreno, el mundo entero sabía pronunciar su nombre. No fue una campaña turística ni un plan gubernamental. Fue el poder del cine cuando coincide con un paisaje irrepetible y con un director capaz de entender que, a veces, el escenario también interpreta un papel.

También te puede interesar

‘Iconos’ reorganiza cuatro siglos de arte en el Kunsthaus Zürich

Un museo no determina únicamente qué obras deben conservarse. También decide dónde situarlas, con cuáles deben compartir el espacio y desde qué relato serán contempladas. El Kunsthaus Zürich someterá ese poder institucional a una revisión mediante ‘Iconos. Obras seleccionadas de la colección’, una exposición que reorganiza algunos de sus fondos más relevantes para demostrar que el significado de una obra puede modificarse cuando cambia aquello que la rodea. Del 11 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027, obras de Monet, Hodler, Picasso, Taeuber-Arp, Tinguely y Warhol abandonan sus relaciones habituales para dialogar con otras épocas y con la memoria afectiva de los habitantes de Zúrich.

El Ballet Español de la Comunidad de Madrid lleva a Escena Escorial ‘Nascencia’, una danza sobre la herida y el renacimiento

El Ballet Español de la Comunidad de Madrid llegará el próximo 3 de septiembre al Festival Internacional de Artes Escénicas Escena Escorial con ‘Nascencia’, una suite de danza española contemporánea que sitúa el cuerpo frente a uno de sus conflictos más antiguos: la necesidad de reconstruirse después de la caída. La producción continúa así el itinerario iniciado el pasado mes de junio en Clásicos en Alcalá y prepara su desembarco en los Teatros del Canal, donde permanecerá del 24 de septiembre al 4 de octubre de 2026.

Nike escucha al cuerpo femenino para construir Studio Fleece

Nike presenta Studio Fleece, una colección de ropa deportiva femenina concebida para combinar comodidad, rendimiento y versatilidad durante el día. Su desarrollo incorpora las opiniones de más de 300 mujeres de todo el mundo. El lanzamiento se completa con Solo Fleece, una propuesta masculina que comparte la atención de la compañía por los materiales, las proporciones y los acabados. Las observaciones recogidas permitieron perfeccionar la suavidad, el ajuste, la estructura, la resistencia y la funcionalidad de cada modelo, además de abordar uno de los problemas más persistentes de las prendas negras: la pérdida progresiva de intensidad después de los lavados. La experiencia de las mujeres deja así de operar como una referencia abstracta y participa directamente en las decisiones del producto.

La Maison Européenne de la Photographie celebra su 30.º aniversario de la mano de Irving Penn

Irving Penn comprendió muy pronto que la fotografía de moda podía prescindir de buena parte de su aparato escenográfico para hacerse inolvidable. Mientras la industria perfeccionaba decorados, relatos y ficciones de deseo, él redujo numerosas imágenes de estudio a una superficie desnuda donde la ropa, la luz y el cuerpo debían asumir toda la responsabilidad de la representación. Esa renuncia selectiva al artificio, lejos de empobrecer la imagen, la dotó de una tensión que todavía conserva intacta: cada prenda aparece como una arquitectura y cada modelo adquiere la gravedad de un personaje. La Maison Européenne de la Photographie de París sitúa esa disciplina en el centro de ‘PENN & FASHION’, exposición organizada con The Irving Penn Foundation y la Nicola Erni Collection que podrá visitarse del 30 de septiembre de 2026 al 17 de enero de 2027. Concebida como apertura de la temporada conmemorativa del 30.º aniversario de la institución, la muestra reconstruye cronológicamente la carrera de Penn entre 1947 y 2008 mediante fotografías, copias excepcionales y facsímiles de Vogue que restituyen el contexto editorial en el que muchas imágenes fueron concebidas.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias