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La Neue Nationalgalerie explora el Berlín de 1910 a 1930 en la exposición “Ruin und Rausch”

En el corazón del Berlín contemporáneo, la Neue Nationalgalerie vuelve la mirada hacia uno de los períodos más convulsos y fascinantes de la historia europea. La exposición “Ruin und Rausch” —traducible como “Ruina y éxtasis”— propone un recorrido por el Berlín de las décadas de 1910 y 1920, un tiempo atravesado por tensiones históricas, transformaciones sociales y una efervescencia cultural que todavía resuena en la memoria artística del siglo XX. La muestra podrá apreciarse del 25 de abril de 2026 al 3 de enero de 2027.
Otto Dix, Retrato de la bailarina Anita Berber, 1925, Colección del Landesbank Baden-Württemberg en el Kunstmuseum Stuttgart, © VG Bild-Kunst, Bonn 2026 / Foto: Frank Kleinbach, Stuttgart

El proyecto expositivo se apoya en una selección de aproximadamente treinta y cinco obras procedentes en su mayoría de la propia colección de la Nationalgalerie. A través de pinturas, esculturas y materiales audiovisuales, la muestra reconstruye una ciudad que vivía permanentemente suspendida entre polos opuestos: exuberancia y miseria, libertad y radicalización política, modernidad y colapso social. El Berlín de aquel tiempo no era solo una capital europea; era un laboratorio donde se ensayaban los límites de la modernidad.

Las décadas que abarca la exposición estuvieron marcadas por acontecimientos que redefinieron el mapa político del continente. La experiencia traumática de la Primera Guerra Mundial y el posterior nacimiento de la República de Weimar crearon un contexto histórico en el que la sociedad alemana se debatía entre la promesa democrática y el avance de fuerzas políticas extremistas. En ese escenario, Berlín emergió como una metrópoli en transformación acelerada.

Ernst Ludwig Kirchner, Potsdamer Platz, 1914, Neue Nationalgalerie. Foto: Jörg P. Anders, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

A comienzos del siglo XX, el proceso de industrialización convirtió la ciudad en un poderoso centro económico, pero también en un foco cultural y político de alcance internacional. La creación del Gran Berlín en 1920 multiplicó su dimensión urbana y llevó la población a cerca de cuatro millones de habitantes, situándola, tras Nueva York y Londres, como la tercera ciudad más poblada del mundo. La expansión urbana trajo consigo avances técnicos, nuevas infraestructuras de transporte y una intensa vida cultural que redefinió el paisaje de la capital alemana.

Sin embargo, ese impulso modernizador convivía con profundas fracturas sociales. Mientras los cafés, teatros y cabarets simbolizaban una nueva cultura urbana marcada por la libertad y el consumo, amplios sectores de la población sufrían precariedad económica, desempleo y privaciones. Las tensiones políticas y los traumas colectivos derivados de la guerra proyectaban además una sombra inquietante sobre los llamados “felices años veinte”, un periodo que algunos contemporáneos describieron con la metáfora bíblica de “Babilonia” para referirse a su clima de exceso y decadencia.

Hannah Höch, Cortado con un cuchillo de cocina: Dada a través de la última época cultural de Weimar en Alemania, 1919, Neue Nationalgalerie. Foto: Jörg P. Anders, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

La exposición articula este complejo panorama histórico a través de tres secciones temáticas que exploran distintos aspectos de la experiencia urbana berlinesa entre 1910 y 1930.

George Grosz, Día gris, 1921 , Neue Nationalgalerie. Foto: Andrés Kilger, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

El recorrido comienza con el célebre lienzo “Potsdamer Platz” (1914) de Ernst Ludwig Kirchner, una obra que captura la energía nerviosa de la metrópoli en vísperas de la guerra. La pintura funciona como punto de partida para observar la vitalidad de una ciudad que se expandía a un ritmo vertiginoso, donde arquitectura, tráfico y vida nocturna configuraban una escena urbana radicalmente moderna.

A partir de ahí, la segunda parte de la muestra se adentra en el reverso de ese dinamismo: la pobreza estructural y las condiciones de vida precarias que marcaban la existencia cotidiana de una parte considerable de la población. Frente al brillo de los neones y la agitación cultural, el Berlín de entreguerras también estaba atravesado por el hambre, la inestabilidad laboral y el desarraigo social.

El tercer capítulo se centra en una figura que simboliza algunas de las transformaciones más profundas de la época: la mujer urbana. Las obras reunidas en esta sección muestran cómo el Berlín de la República de Weimar se convirtió en un espacio donde emergían nuevas formas de autonomía femenina, así como identidades y sociabilidades que desafiaban las normas tradicionales de género. La emancipación, la autodeterminación y la visibilidad de la vida queer aparecen aquí como elementos centrales del imaginario cultural de la metrópoli.

Karl Hofer, Cabeza de niña, c. 1919 , Nueva Galería Nacional. Foto: Volker-H. Schneider, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

El recorrido culmina con “Abend über Potsdam” (Atardecer sobre Potsdam), pintado en 1930 por Lotte Laserstein. La obra introduce un tono de melancolía y anticipación histórica: el paisaje crepuscular sugiere el final de una época y la inminente irrupción del nacionalsocialismo en la vida política alemana.

Lotte Laserstein, Tarde sobre Potsdam, 1930, Neue Nationalgalerie. Foto: Roman März © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

Además de las piezas procedentes de la colección de la Nationalgalerie, la exposición incluye una destacada obra cedida por el Kunstmuseum Stuttgart: el retrato de la bailarina Anita Berber, realizado en 1925 por Otto Dix. La figura de Berber —icono de la cultura nocturna berlinesa— encarna de manera paradigmática el clima de provocación estética y transgresión social que caracterizó a la ciudad durante los años de la República de Weimar.

La pluralidad artística de aquel periodo se refleja en la coexistencia de movimientos como el expresionismo, el dadaísmo, el constructivismo y la Nueva Objetividad, corrientes que, pese a sus diferencias formales, compartían una voluntad común de interpretar la compleja realidad de la modernidad urbana.

Renée Sintenis, Autorretrato, 1926 , Neue Nationalgalerie. Foto: Bernd Sinterhauf, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

La exposición incorpora además materiales cinematográficos que dialogan con las obras visuales. Entre ellos se incluyen fragmentos de Metropolis, el célebre filme de Fritz Lang, así como del documental experimental Berlin: Symphony of a Great City de Walther Ruttmann, dos obras fundamentales para comprender la representación cinematográfica de la metrópoli moderna.

El itinerario expositivo se completa con estaciones de escucha dedicadas a la poesía de Mascha Kaléko, Erich Kästner y la propia Anita Berber, cuyas voces literarias dialogan con las imágenes y contribuyen a reconstruir la atmósfera cultural de aquel Berlín vibrante y contradictorio.

Más que una exposición histórica, “Ruina y éxtasis” funciona como una exploración de las tensiones que acompañaron el nacimiento de la modernidad urbana. En el Berlín de entreguerras, la promesa de libertad convivía con la amenaza del colapso político. Ese equilibrio inestable —entre brillo y decadencia, emancipación y catástrofe— constituye precisamente el núcleo dramático de una ciudad que, durante unas décadas decisivas, encarnó las contradicciones de toda una época.

Otto Nagel, Wedding Boys, 1928 , Neue Nationalgalerie. Foto: Andrés Kilger, © VG Bild-Kunst Bonn, 2026

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