Internet ha alterado profundamente nuestra manera de relacionarnos y de reconocernos dentro de una comunidad. Las pantallas han multiplicado las posibilidades de encuentro, pero también han generado escenarios de confrontación donde la identidad permanece sometida a una negociación constante. En ese territorio de emociones exacerbadas y conflictos culturales sitúa Adam Kozicki su investigación pictórica más reciente. Bajo el título ‘Guerra de todos contra todos’, el artista propone una lectura de las contradicciones de la experiencia digital mediante retratos e interiores domésticos habitados por personajes de identidad incierta.
La exposición, inaugurada el 12 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Varsovia (MSN), incluye una pintura de gran formato realizada específicamente para la ocasión. El proyecto examina las fricciones entre los deseos individuales y las convenciones sociales dentro de un ecosistema caracterizado por la circulación incesante de imágenes, opiniones y estímulos. Kozicki encuentra en esa convivencia inestable un campo de observación desde el que abordar las transformaciones de la sensibilidad colectiva.
Sus composiciones presentan espacios cerrados donde los cuerpos participan de una realidad difícil de descifrar. Los personajes carecen de perfiles psicológicos definidos y sus identidades se superponen, se transforman y se descomponen bajo el peso de las interpretaciones ajenas. La intimidad de las habitaciones contrasta con una atmósfera de exposición permanente, próxima a las dinámicas que organizan buena parte de la sociabilidad digital. El hogar, tradicionalmente asociado al refugio privado, adquiere una dimensión ambigua donde las fronteras entre lo personal y lo público pierden consistencia.
Esta indeterminación también caracteriza a los protagonistas de las pinturas. Algunos títulos evocan figuras marginales o individuos que se apartan de las conductas socialmente admitidas. Sin embargo, Kozicki evita reducirlos a categorías morales. En ellos reconoce una acumulación de impulsos contradictorios, desde el malestar y la sobreestimulación hasta el placer y la necesidad de proximidad. Sus retratos incorporan experiencias vinculadas a su memoria y a la de personas cercanas, de modo que la dimensión social de su trabajo conserva una raíz personal.
Natalia Sielewicz interpreta estas imágenes como testimonios de una época marcada por la fragilidad emocional y las nuevas formas de exclusión. La comisaria identifica en ellas una atención particular hacia las jerarquías y la violencia que condicionan las relaciones contemporáneas. La excitación provocada por los estímulos digitales convive con el duelo, mientras que la búsqueda de afecto puede desembocar en experiencias de aislamiento cada vez más profundas.
Uno de los referentes fundamentales de esta serie es Fishtank LIVE, un formato de entretenimiento digital que mantiene a varios participantes encerrados en un espacio vigilado por cámaras durante las veinticuatro horas del día. Quienes intervienen buscan obtener ingresos mediante la exposición constante de su comportamiento y recurren a la transgresión de las convenciones sociales para atraer espectadores. El público, a su vez, puede modificar el desarrollo del programa mediante mensajes de pago, participando directamente en las relaciones de influencia que determinan lo que sucede ante las cámaras.
La audiencia abandona así su condición de observadora pasiva para intervenir en las circunstancias que afectan a otras personas, mientras la intimidad adquiere valor comercial. El entretenimiento, la representación escénica y la experimentación social confluyen en un dispositivo donde la participación depende del dinero. Esta estructura permite comprender el interés de Kozicki por las formas de poder que surgen cuando la exposición individual queda sometida a las exigencias de una comunidad conectada.
El título incorpora una referencia explícita al pensamiento de Thomas Hobbes y a su formulación del estado de naturaleza como una guerra de todos contra todos. Para el filósofo inglés, el contrato social permitía superar aquella confrontación permanente. Kozicki recupera esta idea desde una posición deliberadamente irónica, distante de una interpretación rígida de las relaciones humanas. Sus pinturas sugieren una realidad más compleja, donde el antagonismo convive con la vulnerabilidad, el deseo de reconocimiento y la necesidad de establecer vínculos incluso en circunstancias dominadas por la hostilidad.
Frente a la naturaleza tecnológica de sus referentes, Kozicki desarrolla un procedimiento vinculado a la tradición pictórica. Trabaja con óleo y tinta acrílica aplicada mediante un aerógrafo, una herramienta que pulveriza el pigmento en partículas diminutas. La superposición de texturas produce superficies densas donde los cuerpos terminan integrándose visualmente en los interiores que los contienen.
El artista prescinde de la inteligencia artificial para elaborar sus composiciones. Aunque su investigación aborda una cultura saturada de representaciones digitales, las imágenes proceden de su imaginación y de un repertorio personal de recuerdos y experiencias. La pintura establece así una distancia material respecto al universo que examina, otorgando presencia física a aquello que habitualmente consumimos mediante pantallas.
Esta relación entre materialidad y experiencia digital se prolonga en el dispositivo expositivo. La Galería A ocupa la planta baja del Museo de Arte Moderno de Varsovia y cuenta con una amplia superficie acristalada orientada hacia la calle Marszałkowska. Su arquitectura permite contemplar las obras desde el exterior, incorporando la exposición al recorrido cotidiano de los transeúntes. Sielewicz concibe esta disposición como una invitación a ingresar en el universo emocional propuesto por el artista, estableciendo una transición entre la vida urbana y los paisajes psicológicos representados.
Durante 2026, la Galería A dedica su programación a artistas polacos de generaciones recientes vinculados a prácticas experimentales. Tras las exposiciones de Nadia Markiewicz y Przemysław Piniak, incorpora la propuesta de Kozicki a una línea de trabajo que busca ampliar el encuentro entre el arte contemporáneo y públicos diversos. El acceso gratuito a este espacio y al conjunto de la planta baja, gracias a la colaboración con Audi, refuerza esa voluntad de apertura.
‘Guerra de todos contra todos’ plantea una cuestión que excede la representación de internet como territorio de confrontación. Sus pinturas examinan qué sucede con la experiencia humana cuando las emociones circulan sometidas a mecanismos de exposición, aprobación y recompensa. Los personajes buscan pertenecer a estructuras que, paradójicamente, pueden intensificar su aislamiento. Frente a la velocidad con la que consumimos imágenes y emitimos juicios, Kozicki reivindica una contemplación más detenida, capaz de reconocer las contradicciones del otro sin reducirlo a una identidad definitiva. La pintura recupera así un espacio para la incertidumbre en una sociedad que parece exigir posicionamientos inmediatos.
La exposición ‘Guerra de todos contra todos’ permanecerá abierta hasta el 10 de enero de 2027 en la Galería A del Museo de Arte Moderno de Varsovia.









